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Una persona rebusca en un contenedor al lado de un coche de alta gama en Barcelona / EB

Radiografía de los vulnerables en Barcelona: jóvenes sin hogar y trabajadores pobres

El precio de los alquileres y la precariedad laboral agravan la situación de muchas personas en riesgo de pobreza

10.02.2019 00:00 h.
9 min

Esta semana el Ayuntamiento de Barcelona daba a conocer que el número de jóvenes sin hogar en la capital catalana se ha multiplicado en los últimos años. Según estas cifras, el 17% de personas atendidas en los centros de primera acogida tienen entre 18 y 25 años. Una de las explicaciones detrás de estos datos se encuentra en que algunos de ellos eran menores tutelados por la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) que, al cumplir la mayoría de edad, se han quedado fuera del paraguas de la Administración.  

No todos eran menas --como se denomina a los menores extranjeros--, algunos provienen de otras provincias de España y al llegar a la capital catalana para buscar trabajo no pueden costearse un alojamiento. “Se tienen que presentar de un día para otro y al llegar se dan cuenta de que no es nada fácil encontrar una habitación”, cuenta a Crónica Global Ferran Moreno, técnico del programa Sense Llar i Habitatge de Càritas.

Trabajadores pobres

Moreno explica el caso de un chico de Burgos que llegó a Barcelona​ en busca de un empleo y al llegar no tenía donde dormir. “Son jóvenes que han venido a trabajar y acaban en un albergue”, relata.

Desde Càritas constatan que “la edad de las personas que se encuentran en la calle ha bajado”. Pero, ¿cuál es el motivo? Además de los jóvenes extutelados --“muchos han salido de centros de acogida de la Administración y ahora se encuentran con el problema de la vivienda”, sostiene Moreno-- también hay personas que tienen una ocupación y no pueden “ni pagar el alquiler de una habitación”, en estos casos se trata trabajadores pobres. “Nos encontramos a un hombre que cobraba cinco euros por trabajar todo el día y por la noche dormía en una furgoneta”, explica Moreno.

Dar Cha Bab, centro de día para jóvenes migrantes en Barcelona / CG

Dar Cha Bab, centro de día para jóvenes migrantes en Barcelona / CG

Jóvenes extutelados

Desde la Fundación Pere Claver realizan una labor de acompañamiento de jóvenes extutelados. Un programa que tiene tres años de duración y que vela por que estos chicos puedan diseñar “un plan de vida”, cuenta el gerente de esta organización, Carles Descalzi, quién señala que “han estado en centros durante su infancia y al salir no saben que hacer”. Un proceso de acompañamiento que llevan a cabo educadores, pero también otros profesionales que les ayudan a buscar una vivienda.

Desde esta entidad acompañan en la gestión, por ejemplo, del papeleo necesario para poder acceder a un empleo, pero es un trabajador social, apuntan, el que tiene que encargarse de los jóvenes. Descalzi explica que “en todos los proyectos se habla mucho de inquietudes, de escucha y de empatía” y destaca la fragilidad de los chicos. “Es difícil crear un vínculo con ellos, pero poniéndolos en el centro, con corresponsabilidad, y sin paternalismo, es posible”, señala.

Soluciones temporales

En las calles de Barcelona también duermen personas que rechazan acudir a albergues. ¿Por qué? Por dos razones, primero, están lejos, y segundo, porque es una “solución temporal”, explica el director de Arrels Fundació, Ferran Busquets. El problema de la localización afecta a los sin techo porque tienen que desplazarse, abandonar los lugares en que están instalados con sus pocas pertenencias, y puede que al llegar al centro no encuentren plazas. “Partimos de que las soluciones temporales no valen para nada, son para marear la perdiz”, denuncia el máximo responsable de esta entidad.

Busquets cuenta que los propios afectados prefieren no ir “para luego tener que volver a empezar en la calle”. “Son soluciones a corto plazo”, critica. Además de la temporalidad, los albergues no ofrecen buenas condiciones para las personas sin hogar. El director de Arrels cuenta que acogen a todo tipo de gente, que acarrea diversas problemáticas --en ocasiones algunos tienen conductas agresivas-- y la “atención no es correcta”.

Una persona sin hogar en el centro de Barcelona / CG

Una persona sin hogar en el centro de Barcelona / CG

Recursos permanentes

¿Qué proponen desde esta organización? “Que se abran recursos por la ciudad de manera permanente”. También que estos centros no estén masificados --que tengan entre 10 y 15 plazas--. Arrels centra su labor en personas que llevan años en situación de vulnerabilidad, es decir, de pobreza cronificada, y que además sufren un deterioro físico a consecuencia de vivir en la calle.

Para ello cuenta con unos 100 pisos, algunos de uso compartido y otros individuales, y también con una residencia de 34 plazas para personas que necesitan atención especial. Además, también regentan un centro de día en el barrio del Raval --para que las personas sin hogar que quieran puedan asearse, pasar la tarde a cubierto, así como contar con una consigna para dejar aquellos objetos que quieran—y organizan un taller ocupacional.

Plan de invierno, no de frío

Tanto desde Càritas como desde Arrels proponen que se implemente un plan que vaya más allá del que contempla que se abran plazas extras en albergues para acoger a las personas sin hogar durante los meses de frío. El Ayuntamiento de Barcelona habilita 75 plazas durante el invierno, y publicita 325 más en caso de que las temperaturas caigan a 0ºC. Para Busquets esta es “una manera de decir que hay muchas plazas cuando no es así”.

Aunque parece que durante el invierno existe una mayor concienciación acerca del drama de las personas que no tienen un techo bajo el que cobijarse, Busquets explica que hay un fenómeno peor que las bajas temperaturas: la lluvia. “Si se mojan y no pueden secarse, la sensación es peor que el frío intenso”, lamenta.

Una persona sin hogar en Barcelona / CG

Una persona sin hogar cerca de Arc de Triomf / CG

Viviendas vacías

“Es una vergüenza que con el número de pisos vacíos que hay en Barcelona haya gente durmiendo en la calle. De hecho, podrían acceder a más de una vivienda”, critica Moreno.  Este trabajador de Càritas cuenta el caso de una anciana de 94 años, enferma, que se quedará sin hogar el próximo mes. “Una renta antigua, ahora no se la renuevan y en marzo se va a la calle”, denuncia. La mujer ha pagado el alquiler toda su vida y “los servicios sociales hacen lo que pueden". Aunque se le conceda un piso de emergencia, el proceso se puede demorar hasta un año. “¿Qué hará una persona de esa edad?”, se pregunta.

También critica que no se haya regulado el precio de los alquileres para evitar situaciones como ésta por la falta de alternativa “habitacional” y pide, sobretodo, que no se culpabilice a los que duermen en la calle: “Son personas con dignidad”, reivindica. “Detrás de una cara sucia hay una persona que ha pasado por un mal momento. Le puede suceder a cualquiera, y hay que tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros si estuviéramos en esa situación”, concluye Moreno.

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