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Vista panorámica de Gordes, en la Provenza / YOLANDA CARDO

La Provenza, mucho más que lavanda

Pintorescos pueblos y bucólicos enclaves, bienvenidos a la tierra cuya luz cautivó a los grandes genios del arte

Yolanda Cardo
24.11.2018 00:00 h.
10 min

Cuando pensamos en la Provenza, nos viene a la cabeza la imagen de infinitos campos de lavanda. Si nos abstraemos, podemos hasta olerla. Prueben, cierren los ojos y respiren profundamente...

Sin embargo, la Provenza es mucho más que lavanda. Este bello territorio de suave clima mediterráneo presume de tener alguno de los pueblos más bellos de todo el país y todos ellos tienen mucho que ofrecer al visitante. El corazón de la región es el lugar perfecto para iniciar una ruta que nos llevará a Oppède le Vieux, al Museo de la Lavanda, a Gordes, a Le Village des Bories, a Fontaine-de-Vaucluse, L’Isle-sur-la-Sorgue y finalmente Aix-en-Provence. ¿Nos acompañan?

Oppède le Vieux, suspendido en el tiempo

Oppède le Vieux / YOLANDA CARDO

Oppède le Vieux / YOLANDA CARDO

Encaramado sobre la roca, este antiguo pueblo amurallado erigido sobre un promontorio rocoso, fue abandonado a principios del siglo XX debido a sus duras condiciones climáticas. Mientras ascendemos por sus calles empedradas, podemos contemplar los restos de bellas construcciones: casonas, arcos, patios... testigos de otra época más propicia.

Su atmósfera tiene algo irreal. Como suspendida en el tiempo, esta villa conserva toda su belleza. En lo alto la magnífica colegiata Nuestra Señora de Dalidon y las ruinas del castillo, símbolo de esta antigua fortaleza del siglo XIII.

Gordes, el más bello

Nos encontramos ante uno de los 100 pueblos más bellos de toda Francia y, sin duda, es digno de esta distinción. Artistas como Marc Chagall, Pol Mara o André Lhote cayeron rendidos a su magia, no es para menos. Esculpido sobre una colina, Gordes custodia desde su enclave el hermoso valle que lo rodea. Casi hipnótica, su silueta, cincelada en piedra blanca, les atrapará. Ya en su interior, sus sinuosas y laberínticas calles nos hablan de historia y sus casas, bistrós y pequeños comercios hacen gala del famoso charme francés.

El castillo, otrora fortaleza inexpugnable, se ha reconvertido en centro de exposiciones y sede del ayuntamiento. La iglesia de San Fermín, un sencillo y bello templo de origen románico, completa este rotundo conjunto arquitectónico. Pero lo mejor de Gordes es recorrerlo, callejear entre sus muros y sus empinadas calades, envidiar sus casas dispuestas en terrazas sobre la montaña. Y si tienen suerte, algún simpático y afable vecino les abrirá las puertas de su morada, excavada en parte en la roca y desearán que este viaje no acabe nunca.

Alambiques museo de La Lavanda / YOLANDA CARDO

Alambiques museo de La Lavanda / YOLANDA CARDO

Muy cerca de allí, es de visita obligada el museo de la Lavanda Le Château du Bois que cuenta con una magnífica colección de alambiques y donde podrán conocer todo sobre el aromático emblema de la región: la lavanda fina.

Cuando cae la noche, la mejor manera de acabar la jornada es disfrutar de la cocina francesa en el encantador hotel Auberge de Carcarille. Un merecido descanso para asimilar tanta belleza.

Le Village des Bories, un pasado recuperado

Muy cerca del bello pueblo de Gordes se encuentra la aldea de Bories, un conjunto de cabañas construidas con piedra seca sin argamasa, durante el siglo XVIII, utilizando un método austero y perfecto que recuerda construcciones ancestrales. Estas singulares chozas de forma acampanada fueron refugio de pastores, granero, almacén de aperos y también vivienda.

Le Village de Bories fue recuperado tras casi un siglo de abandono y su restauración duró diez años. Declarado Monumento Histórico en el año 1977, actualmente es un centro de interpretación al aire libre. Fiel testigo de una época en la que el hombre vivía a merced de un entorno no siempre amable. Una parada sorprendente que no deben dejar escapar.

Cabañas de piedra seca en Le Village des Bories / YOLANDA CARDO

Cabañas de piedra seca en Le Village des Bories / YOLANDA CARDO

Fontaine de Vaucluse, el nacimiento de un río

El incesante murmullo del agua será su fiel compañero de camino. Este enclave privilegiado y bucólico, bañado por el exuberante río Sorgue, cautivó e inspiró al poeta italiano Francesco Petrarca. Seguramente sus aguas fueron también testigo del amor y la locura que sintió por la virtuosa Laura de Noves a la que consagró su célebre Cancionero. Aquí vivió durante más de una década cuando estas tierras estaban bajo soberanía papal.  

El río Sorgue a su paso por Fontaine-de-Vaucluse / YOLANDA CARDO

El río Sorgue a su paso por Fontaine-de-Vaucluse / YOLANDA CARDO

Será por eso que hay que peregrinar siguiendo su cauce hasta llegar a un formidable muro pétreo que tutela el nacimiento del Sorgue. Una imponente surgencia de agua, la más grande de Francia, que en épocas de lluvias surge poderosa, y regala un espectáculo único e impresionante.

L’Isle-sur-la-Sorgue, la Venecia provenzal

La llaman la Petite Venise Comtadine, la pequeña Venecia del condado y es que esta bella ciudad provenzal está hilvanada por los canales del Sorgue. Las ruedas de molino que aún giran en sus calles recuerdan su pasado textil​. De esta vetusta industria y de la hilandería más antigua de Europa nos habla el museo Brun de Vian-Tiran, un flamante centro de interpretación interactivo y muy didáctico, ideal para conocer en profundidad la historia de la manufactura de los tejidos.  

L'Isle sur la Sorgue / YOLANDA CARDO

L'Isle sur la Sorgue / YOLANDA CARDO

Este rincón de la Provenza es desde hace años refugio de celebridades y uno de los principales centros de anticuarios a nivel mundial. 300 brocanters que en época estival pueden alcanzar los 500, nada que envidiar a Londres o París. Buscadores de tesoros de todo el mundo llegan aquí en busca de reliquias. Una quimera deliciosa si tenemos en cuenta que transitarán entre los canales de esta singular isla del tesoro buscando preciadas joyas.

Aix-en-Provence, la ciudad de las fuentes

Elegante, vibrante, refinada, culta... Todos estos adjetivos irán surgiendo a medida que la recorramos. Aix-en-Provence es la ciudad de las aguas y de las fuentes, omnipresentes en su urbanismo. Cuna y tumba de Paul Cézanne, es precisamente aquí donde se encuentra el único taller que tuvo el artista en toda su vida. Desde 1902 hasta su muerte en 1906, sus muros fueron privilegiados testigos del nacimiento de decenas de sus obras. El Atellier Cézanne es una visita ineludible. Sumergirse aunque solo sea por unos minutos en el universo del pintor es una experiencia única e inolvidable.

Interior del Atelier Cézanne / YOLANDA CARDO

Interior del Atelier Cézanne / YOLANDA CARDO

Un gran mercado toma sus calles y plazas todos los martes, jueves y sábados. Frutas, hortalizas, flores, artesanía, productos de la tierra, ropa, jabones... todo lo que puedan imaginar, una verdadera delicia y un auténtico festival para los sentidos. Una ciudad vibrante en la que Le cours Mirabeau es su eje central. Este espléndido bulevar está envuelto de refinados palacetes y concurridos cafés, en los que hacer una reparadora pausa, mientras respiramos el dinamismo de sus calles.

Aix-en-Provence es además un enclave cultural de primer orden. El Centro de Arte Caumont, situado en el encantador barrio de Mazarin, es un antiguo palacio reconvertido desde 2010 en espacio cultural, museo y restaurante. Un bello ejemplo de construcción del siglo XVIII que conserva intacta toda su decoración y encanto. Al recorrer sus salones y jardines, uno se traslada de pleno a una época ilustrada y hedonista habitada por refinados personajes. Por si esto fuera poco, desde el 1 de noviembre y hasta el 24 de marzo de 2019, podrán visitar la exposición dedicada al gran pintor Marc Chagall: Del blanco y negro al color. Una exposición que, como todas las que exhibe el centro, está especialmente creada para ser admiradas en este espacio.

Mercado en Aix-en-Provence / YOLANDA CARDO

Mercado en Aix-en-Provence / YOLANDA CARDO

Picasso, Bonard, Braque, Degas, Monet, Giacometti y Rubens, entre otros, tienen su espacio en el museo Granet. 4000 m2 en un bello edificio consagrado al arte desde 1838.

La magia de esta ciudad es tal que nos acompaña incluso en la hora del descanso. El hotel Le Pigonnet es una antigua casa de campo del XVIII transformada en silente edén. Olvidarse en sus jardines de lo cotidiano aunque solo sea por unos instantes, es casi una obligación que no les costará cumplir.

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