La 'pornoterrorista' Diana J. Torres en una de sus interpretaciones en Roma / CG

La 'pornoterrorista' Diana J. Torres en una de sus interpretaciones en Roma / CG

Vida

La protagonista de 'Ciutat Morta' vendía sus servicios como prostituta

La activista del 'posporno' muestra su apoyo a la familia de Rodrigo Lanza, detenido por ser el presunto homicida de Víctor Láinez en Zaragoza

17 diciembre, 2017 00:00

La otra protagonista del documental Ciutat Morta, Diana J. Torres, ha roto su silencio para apoyar a la familia de Rodrigo Lanza, detenido como presunto homicida de Víctor Laínez, el hombre de 55 años de Zaragoza.

La activista del posporno, también conocida como la Pornoterrorista, ha compartido a través de su cuenta de Twitter el comunicado de la familia del chico de origen chileno en el que se afirma que actuó “en legítima defensa”.

Torres, que ha explicado en Crónica Global que se encuentra en México, estuvo hace poco en España. En abril de este año logró finalizar una campaña de micromecenazgo en Verkami para publicar su último libro, Vomitorium.

Sexo sadomaso por 150 euros

La coprotagonista de Ciutat Morta también utilizaba un pseudónimo, Lubna Horizontal, para vender sus servicios como prostituta. Su tarifa era de 150 euros por sesiones de tres horas.

Este servicio está orientado a mujeres. En el caso de que algún hombre quisiera contratar sus servicios, el precio sube hasta los 400 euros por sesión y abarca un “dúo lésbico” de Torres con otra “perra”. Es la palabra con la que se refiere a sus compañeras laborales.

“Soy tan perra que puedes hacerme casi todo”

En su anuncio, la activista asegura que “disfruta muchísimo comiendo coño”. Una habilidad que combina “muy bien con penetración anal y/o vaginal”.

“También adoro la penetración, en la cual considero que no tengo límites. Me encanta el fisting (hacerlo y sobretodo recibirlo), los dildos y cualquier cosa que pueda meterse. Soy tan perra que puedes hacerme casi de todo”.

La técnica del fisting, del inglés fist, que significa puño, se trata de introducir la mano en forma de puño por alguno de los orificios del cuerpo.

Un viaje a su mundo alternativo

Torres también acepta, según su anuncio aún activo en su web, que le “zurren”, le pongan “pinzas” o la “aten”. Afirma tener “un umbral del dolor bastante alto”. Su único límite son los golpes en la cara o las marcas que le puedan durar más de una semana, la humillación verbal y la asfixia.

La pornoterrorista ofrece, además, un pack de “noche de desenfreno” para conocer los “antros” donde suele ir con “todas las perras”.

“Te drogaré, te haré bailar y luego nos iremos a la cama a follar”. El precio de esta noche no supera los 200 euros y varía en función de lo “caros” que sean los vicios de sus clientas.