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Periodistas ante un furgón de los Mossos d'Esquadra durante las protestas por Hasél en Barcelona, para ilustrar la denominada pornografía de los disturbios / ELENA BURÉS

La pornografía de los disturbios

Un fotoperiodista, un sociólogo, un politólogo y un experto en comunicación de conflicto analizan el impacto mediático de las protestas tras el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél

18 min

Cara A: un encapuchado sostiene una botella en posición de lanzamiento. Su objetivo, según se aprecia en la imagen, son los agentes que blindan la jefatura de la Policía Nacional en Via Laietana. ¿Representa esta imagen las protestas por la detención y encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, que se han sucedido durante ocho días consecutivos en Barcelona? Abramos el plano. Cara B: un aluvión de cámaras, arremolinadas, capta la hazaña del mismo individuo. Se encuentra solo; la multitud no es de manifestantes, es de informadores.

Gráficos captan a un hombre que lanza una botella contra la Policía en Via Laietana / EMILIO MORENATTI (TWITTER)
Gráficos captan a un hombre que lanza una botella contra la Policía en Via Laietana / EMILIO MORENATTI (TWITTER)

Tras la óptica de esta última estampa: Emilio Morenatti, fotógrafo jefe de The Associated Press en España y Portugal, bregado en cobertura de conflictos bélicos, y con 30 años de profesión a sus espaldas. “Hay que cambiar de perspectiva, y esa es la otra perspectiva. Mi ejercicio como fotoperiodista es dar un paso para atrás y, sobre todo, mostrar la imagen general, no solo el detalle”, explica a Crónica Global. ¿Barcelona ha ardido? No. Las protestas por la entrada en prisión del cantante, y que derivaron en altercados, también en localidades como Vic, Lleida —de donde Hasél es oriundo— o Vilanova i la Geltrú, han contado con una asistencia limitada —el máximo se registró en la plaza Universitat de la capital catalana con unos 6.000 asistentes, según la Guardia Urbana—, y más escasos aún han sido aquellos que han quemado contenedores o saqueado comercios. Sí han ardido barricadas y se han reventado escaparates en Paseo de Gràcia, pero “han sido incidentes aislados que han durado minutos; una hora máximo”, subraya el jerezano.

Del hecho al contexto

Han sido “situaciones muy puntuales, que se traducen en breves enfrentamientos”, puntualiza, “y eso hay que ponerlo en el pie de foto: cuánto dura y quiénes son los que los protagonizan”. Tampoco “dulcificarlo, porque ha pasado”. Eso sí, condena la descontextualización de algunos titulares que encabezan las fotografías, aunque es tajante: “Eso ya no es mi asunto, yo retrato lo que veo”.  Sabe bien de lo que habla, porque alguna de sus instantáneas le ha reportado “grandes problemas”. ¿Un ejemplo? Cuando él mismo optó por la “cara A” en la huelga general de 2012, también en Barcelona. Una captura de Morenatti abrió The New York Times y el Washington Post, entre otros. En esta se veía a una mujer en el interior de un comercio, tras un escaparate destrozado, implorar a un grupo de manifestantes.

Una periodista ante un despliegue policial por los altercados por Hasél en Barcelona / ELENA BURÉS
Una periodista ante un despliegue policial por los altercados por Hasél en Barcelona / ELENA BURÉS

Por aquella imagen, el autor entona el mea culpa por centrarse en los disturbios de la huelga.  “Se popularizó un incidente que habían protagonizado pocos cientos en comparación con los miles y miles que se había manifestado ese día. Lo único que pude hacer es aprender”, sostiene. La reflexión es evidente: “Al final los altercados son los que llaman la atención del informador”. Y en estas seguimos. Pero, ¿por qué?

¿Qué se narra de las protestas?

“La cuestión fundamental es la responsabilidad que tenemos los periodistas de dar una buena representación del conjunto del conflicto. Una parte es la que tiene fuego, y esta es la que más se desarrolla. ¿Por qué? Primero, por motivos técnicos, que son: bajo la presión de dar noticias, novedades, vemos lo singular y lo más fácil: lo llamativo. Es más fácil centrarse en el contenedor en llamas que en el fondo del conflicto”, señala Xavier Giró, experto en este tipo de comunicación y docente en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB).

Una barricada ardiendo tras una protesta en Barcelona por Pablo Hasél / EFE
Una barricada ardiendo tras una protesta en Barcelona por Pablo Hasél / EFE

El segundo factor es de percepción. “Cuando el periodista percibe que resaltando esos actos no va a ser estigmatizado como mal profesional. Es decir, que mostrar esa imagen es socialmente aceptable. En este caso ‘esto es peligroso’ o ‘no está bien’ —la quema de contenedores, por ejemplo-. Si tu público va a rechazar que tú enfatices esa violencia, no la vas a publicar”, explica Giró.

¿Cuándo se debe poner el énfasis en la violencia?

El tercer filtro es el del propio medio, que se une a un cuarto vector, el económico. “Sabes que [la cabecera] se decanta por dar énfasis a según qué cosas, y la violencia puede ser una de ellas”, indica, y recuerda la influencia del clickbait a la hora de decantarse por el enfoque de las informaciones. Por último, apunta al factor ideológico del medio que puede, a su vez, alinearse (o no) con la del propio periodista.

Gritando bajo la lluvia
Un manifestante durante las protestas contra el encarcelamiento de Pablo Hasél / PABLO MIRANZO (CG)

Como contrapunto, Giró recuerda las protestas de astilleros en Cádiz o Gijón en el 2000, donde también se produjeron incidentes violentos, a pesar de que no se le dio el mismo enfoque que a los altercados por Hasél. “Están ahí, pero contextualizados con las reivindicaciones”, constata. El veterano periodista y maestro censura la manida frase de “ve allí y cuenta lo que ves, que la historia ya se encargará de explicar lo que pasó”. La sustituye por otra de cosecha propia: “Ve allí y averigua lo que tienes que contar. Lo que ves es la superficie del conflicto, y eso es solo una parte. Hay que profundizar y ver qué hay detrás de las acciones de cada actor y entender su lógica”.

¿Cómo abordar los altercados?

“No es sencillo”, prosigue. “El primer paso es ser consciente de los mecanismos que influyen en poner el foco en la violencia, y el segundo planificarse”, apunta Giró. “¿Verdad que sabemos que cuando haya conflictos y alborotos nos van a pedir la foto? Debemos buscar un aspecto noticioso más relevante que releve el incidente a un esqueje. Eso se podrá hacer hasta un cierto punto: siempre que el enfoque sea relevante para poder imponerse a los demás factores, siendo consciente de que nadas a contracorriente”, apunta.

La pancarta que utilizó Fèlix Colomer como experimento sociológico / ALEJANDRO GARCIA (EFE)
La pancarta que utilizó Fèlix Colomer como experimento sociológico / ALEJANDRO GARCIA (EFE)

En la mayoría de movilizaciones, se recurre a interlocutores, y estos suelen ser los organizadores de la protesta. Léase, partidos, sindicatos o entidades, pero en el caso de las manifestaciones por el rapero, han carecido de convocante definido. Se han difundido por redes sociales —Telegram o Whatsapp—, lo que facilita aún más la falta de contexto. “Una convocatoria anónima es un riesgo, porque puede deslegitimar una reivindicación legítima. No por los desórdenes posteriores, sino al desconocer por qué están allí los que acuden y quién los ha llevado”, señala Jesús Palomar, politólogo de la Universitat de Barcelona (UB).

¿Quién acudió a la protesta?

Eso se ha notado en la afluencia a las manifestaciones. “Cuando Hasél se encerró en el rectorado de la Universitat de Lleida, en otras facultades se produjeron encierros en solidaridad con él, y quienes los protagonizaron sí sabían lo que ocurría. A partir de ahí, cuando la protesta se traduce en convocatorias en puntos concretos en las calles, es cuando hay quien se suma por otros motivos”, apunta Palomar. “Entre ellos, los más jóvenes, que tras un año en que las libertades se han visto limitadas [por la pandemia], las clases han sido virtuales, muchos se han quedado sin su trabajo temporal y/o precario, están en ERTE o en paro, y sin perspectivas”.

Manifestantes en defensa de Pablo Hasél en Barcelona / EUROPA PRESS
Manifestantes en defensa de Pablo Hasél en Barcelona / EUROPA PRESS

Todo ello, sostiene el politólogo, puede haber “provocado que algunos hayan aprovechado la ocasión para salir y protestar”. Pero, ¿qué perfiles se han visto en la calle? “Los primeros días eran raperos, y luego se han ido incorporando una serie de maleantes. Oportunistas que también están en ferias y conciertos, y en las manifestaciones pueden hacer de las suyas”, apunta Morenatti, a quien intentaron atracar y tirar de la moto para quitarle la cámara. Recuerda que “el resto de perfiles que han marchado por Barcelona no ha participado en este tipo de incidentes”. Jóvenes, en su mayoría, que han “intentado parar estas situaciones”, que tacha de “grupos satélite” que se aprovechan de las circunstancias.

¿Dónde poner el foco?

Manifestaciones que arrancan con una concentración estática, como en la plaza Universitat el pasado 20 de febrero, con varios miles de personas, y que acabó con grupos reducidos prendiendo fuego a contenedores, y saqueando comercios en la milla de oro de la capital catalana. “Es algo minoritario. En Barcelona no nos estamos matando por la calles, y la ciudad no está ardiendo. Hay puntos concretos donde se concentran pequeños colectivos y algunos otros han aprovechado la ocasión. La única novedad es que [los incidentes] se han alargado durante unos cuantos días”, constata Palomar.

Un comercio vandalizado en paseo de Gràcia el pasado sábado en los disturbios por Hasél / ELENA BURÉS
Un comercio vandalizado en paseo de Gràcia el pasado sábado en los disturbios por Hasél / ELENA BURÉS

La perspectiva que se puede dar al centrarse, por ejemplo, solo en contenedores en llamas, puede causar sensación de alarma, sobre todo para quienes no pueden constatar, de primera mano, lo que realmente ocurre. “Ese es el gran dilema. Sucede, claro que sí. Mi familia cree que esto es una guerra constante. Me dicen, ‘¿pero podéis salir a la calle?’”, cuenta el fotógrafo de AP, con dilatada experiencia en zonas de conflicto, como Afganistán. "Hay que contarlo sí, pero dentro de un contexto", apostilla.

¿Por qué?

Sobre el interés mediático que lleva a captar imágenes de violencia aislada y colocarlas en un lugar preponderante para informar sobre una protesta, Ferran Giménez, sociólogo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que “supone una simplificación enorme, que protagoniza una parte de la concentración que no representa al resto”. Y va un paso más allá: “en ocasiones se intenta introducir el debate sobre el modelo de orden público para esconder o distorsionar el malestar social o las causas que lo generan y además, estigmatizar al colectivo que lo reivindica”.

Daños en la comisaría de Mossos de Vic tras las protestas en apoyo a Hasél en Cataluña / MOSSOS
Daños en la comisaría de Mossos de Vic tras las protestas en apoyo a Hasél en Cataluña / MOSSOS

Algo que también ha sucedido durante estos días en Cataluña, cuando la actuación de los Mossos d’Esquadra la cuestionó incluso su jefe político, el conseller Miquel Sàmper, en plenas negociaciones para formar Govern. Pese a que los altercados han sido aislados, no hay que olvidar el ataque contra la comisaría de Vic, que el propio titular de Interior tildó de “violencia gratuita”, después de que un grupo de encapuchados asaltase las dependencias policiales, donde destrozaron cámaras de seguridad, y buscasen el “cuerpo a cuerpo” con los agentes, como sucedió también en las calles de varios municipios durante las ocho jornadas consecutivas de protestas.

El perfil de los violentos

Según los datos facilitados por los propios Mossos, el 30% de los detenidos durante los altercados eran menores de edad. El más pequeño de ellos tenía solo 13 años. Además, uno de cada tres arrestados —fueron 75 en las seis primeras jornadas de las protestas— acumula antecedentes por desórdenes públicos, hurto y robo.

Uno de los detenidos en Barcelona, tendido en el suelo, durante la tercera noche de disturbios por Hasél / ELENA BURÉS
Uno de los detenidos en Barcelona, tendido en el suelo, durante la tercera noche de disturbios por Hasél / ELENA BURÉS

Los propios agentes han denunciado haber sido víctimas de ataques directos —lanzamiento de pirotecnia contra los furgones; botellazos contra la línea policial, o incluso material inflamable—, y el alto grado de violencia de algunos grupúsculos. También sufren la aglomeración de informadores que, en ocasiones, “obstaculizan la actuación policial”, señala Toni Castejón, portavoz del sindicato FEPOL. “Vaya por delante que lo primero es respetar al máximo la libertad de prensa, pero algunos se ponen delante de los policías y pueden recibir impactos, tanto de los lanzamientos [contra los efectivos] o un golpe por una carga”, señala. Una queja de los mossos que están a pie de calle, que se produce desde hace tiempo, y que se ha visto “acentuada” durante estos días.

Simplificación e inmediatez

¿Por qué sucede? Morenatti recurre a una cita clásica del oficio: “Porque son imágenes inusuales. Es noticia que un hombre muerda a un perro y no que un perro muerda a un hombre. Los altercados son situaciones anómalas, que traen consecuencias a corto plazo: hay heridos y detenidos. Detrás hay una razón antropológica que lleva a la gente a decantarse por la violencia”.

Giménez señala que determinadas lógicas comunicativas persiguen lo visual, por una cuestión de simplificación e inmediatez. “Esto condiciona mucho la práctica de los periodistas, y es una deformación del oficio en sí, en cuanto a cómo se debe construir una historia para que el lector/espectador pueda formarse una opinión sobre lo ocurrido”. Es el fenómeno denominado como porn riotpornografía de los disturbios—, que hace referencia a la producción y consumo masivo de material audiovisual de carácter violento en manifestaciones y protestas de todo tipo.