Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Ángel Manuel Hernández, homenajeado el miércoles por sus compañeros en el cuartel de la Policía de Lonzas / SUP

Un policía herido de gravedad en Urquinaona: "Me he sentido abandonado"

Ángel Manuel Hernández, jubilado con 45 años por las lesiones sufridas en acto de servicio, está inmerso en una "batalla burocrática" para que le reconozcan su incapacidad

3 min

Un brazo destrozado por el impacto de un adoquín. El policía nacional Ángel Manuel Hernández formó parte del equipo que, desde Galicia, participó en la contención de los disturbios de octubre de 2019 en Barcelona, tras la condena del 1-O. Ahora, las lesiones del aquel golpe le han obligado a jubilarse con 45 años. Se encuentra inmerso en una "batalla burocrática" para que le reconozcan la incapacidad, y por ello lamenta: "Me he sentido abandonado".

En una entrevista con Europa Press, el agente, natural de San Cibrao, sí agradece el cariño y apoyo de sus compañeros, pero no ha notado el mismo calor por parte de autoridades y políticos. Su jubilación no deriva de una "enfermedad común" sino de las lesiones que sufrió en acto de servicio, tras recibir el golpe en plaza Urquionaona, donde decenas de violentos sembraron el caos el 18 de octubre de 2019, cuando se registraron los disturbios más violentos.

"Batalla burocrática" por la incapacidad

"Espero que [el proceso administrativo para lograr su incapacidad] sirva para que ningún compañero tenga que volver a pasar por esto", ha remarcado, tras recordar su paso por el cuerpo, en el que ingresó en 2006, para, cuatro años después, pasar a desempeñar su trabajo en la Unidad de Intervención Policial (UIP) --los antidisturbios--.

Hernández ha recordado como una pedrada le provocó una fractura abierta en un hueso del brazo, de la que fue intervenido ya en un hospital catalán. "Me pusieron una placa y seis tornillos, pero el hueso no soldó", ha rememorado, antes de explicar que en noviembre del año pasado volvió a ser intervenido en el Modelo de A Coruña.

Despedida del cuerpo

En esta coyuntura, en diciembre un tribunal médico le reconoció la incapacidad y ahora se ha ratificado la jubilación. "Me voy con una sensación más agria que dulce, porque nunca piensas que te vas a jubilar así", ha confesado, antes de concluir que es consciente de que la batalla burocrática que le espera ahora se puede prolongar "meses" y recuerda el caso de Iván, su compañero de Vigo, quien sufrió también una lesión grave den los disturbios, después de recibir un impacto en el casco y desplomarse inconsciente en el suelo.