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Patricia, la dibujante barcelonesa que usa su enfermedad rara como seña de identidad / MARIE TOOTH

Patricia, la dibujante barcelonesa que usa su enfermedad rara como seña de identidad

Marie Tooth despuntó en 2015 tras mostrar sus creaciones en Instagram, y ahora, tras dejar la publicidad, se dedica de lleno al arte

15 min

Considera que dárselas de autodidacta, en pleno siglo XXI, rodeados de más información de la que podemos procesar, es una sandez. El empujón que necesitaba para dedicarse de lleno a su pasión se lo dio la persona que la entrevistó para un puesto de trabajo en una agencia publicitaria, lo que estudió. Rechaza las cuotas, porque “eso no es feminismo”, sino más de lo mismo. Patricia Aibar (Barcelona, 1985) despuntó con sus dibujos en 2015, después de decidir mostrar un pedazo de su intimidad a través de la red social Instagram. Y desde aquella. Su pintura, descarnada, real, criticada por mostrar “hombres desnudos” —recomienda dar un paseo por el Museo del Prado, a ver que encuentran sus detractores—, la firma bajo el seudónimo de Marie Tooth, la enfermedad degenerativa contra la que lucha desde que tiene 17 años, y que le permite enterrar su timidez para expresar, en definitiva, sus vivencias. Sin adornos, con mucho trabajo —“eso de las musas” no tiene cabida si quieres llegar a fin de mes— y sobretodo, pasión. Pasión por un don que escondía desde que fingió tener 10 años para acudir a clases de acuarela, cuando un compañero la delató, y tuvo que seguir aprendiendo por su cuenta. Por su cuenta y riesgo, pues lo dejó todo para tirarse al vacío y vivir de sus cuadros. Hasta el momento, no le ha ido mal. Ella, como su arte, es directa, honesta, descarnada, real.

Patricia Aibar junto a uno de sus dibujos / MARIE TOOTH
Patricia Aibar junto a uno de sus dibujos / MARIE TOOTH

—PREGUNTA. ¿Cómo empiezas? 

—RESPUESTA. Empecé a pintar con seis años, pero nunca se lo enseñé a nadie hasta que cumplí los 30. Subí las pinturas a Instagram y entonces me ofrecieron hacer una exposición individual. Fue todo muy rápido. En 2015, tuve 11 shows entre exposiciones y presentaciones. Fue cuando todo el mundo se enteró. Pensé que sería un impás. Yo trabajaba en publicidad. Pero durante una entrevista para cambiar de agencia, me preguntaron cuándo podía empezar. Les expliqué que estaba preparando nuevas piezas para otra muestra y me dijeron ‘¿te has planteado cambiar de profesión?’. Fue la chicha de la entrevista la que me lo planteó.

—¿Qué te lleva a los 30 años a mostrar lo que pintas?

Lo subí tímidamente a redes sociales…Yo pinto lo que otra gente escribiría en un diario. Siempre he dicho que es mi intimidad, algo que jamás había enseñado. Pero cuando alguien me proponía ir a tomar algo, decía que no, que me quedaba en casa para pintar, y realmente no le daba importancia, pero le dedicaba horas, y mi día favorito de la semana era el viernes, porque terminaba de trabajar en una productora, y podía empalmar toda la noche hasta el sábado pintando y dibujando; lo que fuera. Aquello me hacía super feliz. O cada día, después del trabajo, salía tarde, cenaba y me ponía a pintar hasta las tres de la madrugada. Ese era mi límite, porque al día siguiente me tenía que levantar a las siete. Iba siempre como un zombie por la vida. Al final lo colgué tímidamente en Instagram, la gente no sabía si era mío o no, y cuando me lo preguntaban y decía que sí...así surgió todo. 

Dibujo de Marie Tooth / MARIE TOOTH
Dibujo de Marie Tooth / MARIE TOOTH

—¿Se lo habías enseñado a alguien antes o lo guardabas solo para ti?

Francisco Casas, un artista al que admiro, fue el primero que me dijo ‘¿esto es tuyo?’, le dije que sí, y dijo que era muy bueno. Me indicó por donde tirar y le hice caso. También me sirvió para quitarme un poco la vergüenza y subir las cosas a redes sociales. Fue ‘sota, caballo y rey’, no se lo cuento a nadie, lo subo, digo que es mío, y me ofrecen la primera exposición

—¿Sabías que tenías talento cuando pintabas o lo hacías porque te gustaba, sin pensar más allá?

Realmente no había ningún tipo de ambición. No es que dijera ‘qué buena soy’. 

—No buena, pero sabías que no se te daba mal…

Después de 20 tantos años, muy mal se te tiene que dar para no aprender —ríe—. Pero no había ningún tipo de ambición por mi parte, la forma de vivirlo fue muy inocente. No es como alguien que sale de la escuela de Bellas Artes, que ya compite con sus compañeros, o sabe que tiene que preparase para este mundo. Yo lo subí y la sensación fue como alguien que abre una caja y le explota en la cara. No me lo esperaba en absoluto. Sé lo que quiero contar por instinto. Gente que dibuje mejor que yo la hay a patadas, lo que nadie podrá hacer nunca es contar mi vida, porque solo la he vivido yo. Entonces, nadie me puede decir que lo estoy haciendo bien o mal, porque es mi propia vida lo que estoy contando. 

—Tras revelar a los demás tu pasión tras tantos años, ¿qué recibimiento encontraste?

No me afectan las críticas. Porque para bien o para mal, mi vida es mía. Con todos los errores, con todos los aciertos. Eso hace que esté bastante segura para enseñar lo que enseño y hacer lo que hago. 

—Enseñas no tu arte o tu obra, sino tu vida. ¿La crítica es difícil de asumir?

Sí. Como cuando dicen ‘por qué pinta tantos hombres desnudos’. Pues porque veo hombres desnudos, es algo natural. O lo que yo quiero enseñar, no pinto unicornios porque yo, en mi vida, no veo unicornios.

Uno de los dibujos de Marie Tooth / MARIE TOOTH
Uno de los dibujos de Marie Tooth / MARIE TOOTH

—En 2019, preguntar ‘por qué pinta hombres desnudos’, suena a otro tiempo...

He encontrado a gente que me ha dicho que era denigrante para los hombres. Tócate los huevos Manolete. ¿Y las mujeres, durante toda la vida qué? Que se den una vuelta por El Museo del Prado​ a ver qué encuentran.

—¿Por qué escoges la enfermedad como seudónimo?

Es de nacimiento, genética, pero no me la diagnosticaron hasta los 17 años, y estuve un tiempo dando tumbos. Cuando eres tan joven deberías tener que preocuparte por si te sale un grano, no de tener una enfermedad degenerativa que no tiene tratamiento. El plan es: ‘¿qué coño hago con esto?’. Y al final de todas las fases del duelo llegas a la negociación. Y dije: ‘mira guapa, si tu vas a vivir en mi cuerpo, te voy a poner a currar’. Yo como Patricia Aibar voy a vivir como una persona libre, y Marie Tooth va a firmar toda la obra y voy a aprovechar para sacar toda la mierda y a contar lo que no tengo huevos a contar como Patricia Aibar, porque no soy tan valiente.

—¿Es una catarsis?

 Es una forma de liberarme. Yo jamás cuento nada de mi intimidad a nadie. En mi vida nunca enseño una foto con una pareja, soy muy discreta y muy tímida y lo que pinto contrasta con todo ello. Supongo que Marie Tooth me aporta esa libertad y esa seguridad.

—¿Cómo funciona el proceso creativo: horario de oficina o esperar a las musas?

Al final es como un artesano, tienes que hacer tu jornada laboral, dedicarle muchas horas, y si te quieres tomar un día libre sabes que al final, el sábado o el domingo, tendrás que currar, porque tienes que entregar piezas.

—¿El tópico de esperar la inspiración?

Eso es muy de película. Si te dedicas al 100% a ello, es igual que cualquier artesano de la madera o el metal, y son 8 o 10 horas al día. La inspiración a veces es mi propia vida, y otras las de las demás, de los que rodean. También se te agudiza un poco la vista y te fijas en detalles que antes no veías.

'Collage' de dibujos de Marie Tooth / MARIE TOOTH
'Collage' de dibujos de Marie Tooth / MARIE TOOTH

—¿Autodictada pero, has tomado clases, o te has perfeccionado con la práctica?

Cuando era pequeña me apunté a una clase de manualidades, pero hasta los 10 años no dejaban pintar al óleo. Entonces yo moría por hacerlo, y mentí, pero uno de mi clase se chivó, y cuando ya tenía todo montado para pintar, no pude hacerlo. Me chafaron mi única oportunidad de aprender (ríe). Pero hoy en día decir que uno es autodidacta es una tontería porque internet está lleno de tutoriales. Si tú reproduces una pintura, también lo haces con la técnica. Para que alguien hoy en día pueda decir que es autodidacta tendría que haberse criado en una cueva.

—¿Es posible vivir 100% del arte? 

El esfuerzo está en que no te puedes acomodar. Las galerías preguntan cuántas obras eres capaz de producir en un día. No quieren a gente vaga y buscan personas que produzcan, produzcan, y produzcan. Por eso no vale eso de ‘hoy no me ha venido la musa’. Si no viene tienes que salir por la ventana a pegarle un grito: ‘nena, que hay que currar’.

—¿Cómo se entra en el mundillo?

Yo he tenido mucha suerte porque a mi me han contactado galerías. Si quieres acceder a otras lo haces con tu porfolio, enseñando tu trabajo. Si te contacta un marchante o curator también ayuda. Es como un manager. Si lo quieres hacer bien es lo ideal para que mueva tu trabajo y tú dedicarte a pintar al 100%.

—¿Qué proyecto tienes entre manos?

Ahora he empezado a trabajar con un art dealer, estoy con una galería de Barcelona y he empezado con una nueva exposición individual que, sí todo va bien, saldrá en febrero --todavía sin fecha cerrada--.

Una de las obras de Marie Tooth / MARIE TOOTH
Una de las obras de Marie Tooth / MARIE TOOTH

—¿Qué te inspira, que referentes tienes?

Me gustan los clásicos, Francis Bacon, Lucian Freud, o Jenny Saville. Y actual intento no fijarme mucho porque sino al final te intoxicas y acabas reproduciendo una idea que has visto en otra parte y ni te has enterado.

—¿En qué momento estás?

Antes centraba todo más en mi vida, y ahora estoy pintando historias que me rodean, de mis amigos. Estoy escuchando más sus experiencias. No me gustan los retratos porque sí, sino que haya algo detrás de ellos. 

—¿Qué hace falta para que la pintura llegue a más gente?

Hay varios frentes. El papel está más devaluado. No está tan reconocido como un lienzo. Y al final es una tontería porque se trabaja exactamente igual. La otra parte, más personal, sería eliminar esas exposiciones que se hacen 'de mujeres', como si fuéramos monetes. Menos exposiciones de mujeres y más variedad en las muestras. Me da un poco de rabia que haya este tipo de movimientos de una sola temática. En vez de hacer eso, ¿por qué no se normaliza y se convierte todo en algo más equilibrado y equitativo? Y, aunque me da rabia, si no te unes a esto, acabas apartado, pero me toca bastante la moral.