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Jóvenes neonazis se manifiestan en Barcelona durante un 12-O / EUROPA PRESS

Pandillas urbanas y yihadistas: dos radicalismos antagónicos que guardan un paralelismo

Joan Caballero, coautor y coordinador del libro 'Redes de Odio', analiza los procesos de radicalización de los grupos violentos

10 min

La globalización ha tenido un impacto indiscutible en todas las sociedades del mundo. Desde los orígenes de la humanidad, los movimientos migratorios y la influencia de costumbres y valores foráneos han enriquecido y estimulado una evolución sociocultural. La española es hoy una sociedad compleja, pluralista y poliédrica. No obstante, en contra de lo que este influjo cultural debería despertar, en los últimos años los expertos advierten de una creciente polarización de la sociedad y de un auge del odio. En las principales ciudades, los grupos urbanos violentos en los que se engloban las bandas latinas, los hooligans, los skins (neonazis o de extrema izquierda) y los motards, han hecho de la violencia su bandera. 

Joan Caballero, experto en grupos urbanos violentos y delitos de odio, analista del Centro de Estudios e Iniciativas sobre Discriminación y Violencia y miembro del Grupo Universitario de Investigación SyDE de la UEMC, presenta Redes de Odio, de la editorial Delta Publicaciones, el libro del que es coordinador y coautor, que analiza desde una perspectiva transversal esta nueva realidad social. 

Portada del libro 'Redes de odio' / DELTA PUBLICACIONES
Portada del libro Redes de odio / DELTA PUBLICACIONES

La victimización de los violentos

Caballero distingue entre tribus urbanas y grupos urbanos violentos, que “copian el estilo, la estética, la música y la vestimenta de las primeras pero que, además, adaptan todo esto a un lenguaje y a un discurso que siempre va ligado a un trasfondo político muy extremo y que va acompañado de un discurso de odio”. La preocupación, afirma el experto, no debe ser si los adolescentes, en su proceso de maduración y de búsqueda de una identidad propia, se visten de punks, hippies o skins. No obstante, incide en la importancia de que los padres estén alerta a ciertos signos o símbolos que pueden avisar de que estos jóvenes están sufriendo un proceso de radicalización

Existen ciertos ambientes en los que los grupos urbanos violentos tienen una gran presencia, por ejemplo, en conciertos de estilos determinados de música como la RAC o la Ska-Oi!, manifestaciones, gimnasios o estadios de fútbol. Allí, estos grupos captan a menores y los adoctrinan para asimilar el discurso de odio sobre el que construyen su identidad de grupo. “El trasfondo de una radicalización siempre empieza por un discurso victimista”, analiza Caballero. “Cuando uno se considera la verdadera víctima es muy fácil justificar cualquier acto de violencia contra el otro, el culpable. Ese es el mejor puente para iniciar una radicalización”, añade. 

Un proceso de radicalización similar al yihadista

El proceso que sufren los jóvenes que abrazan el discurso de un grupo urbano violento no dista sustancialmente del que experimenta un terrorista de etiología yihadista. “Paralelismos hay muchos”, asegura el escritor. “En España existen casos de gente que ha intentado crear células terroristas, no de corte religioso sino de tipo neonazi, y también hemos tenido grupos terroristas anarquistas hasta no hace tanto”. 

No obstante, la sociedad no está sensibilizada con esta amenaza creciente, que se ha intensificado en los últimos años con la institucionalización del discurso de odio a través de determinados partidos políticos. “Solo tenemos que mirar a nuestros vecinos para darnos cuenta. En muchos países de Europa la segunda opción política, o incluso la primera, es ya la extrema derecha. En otros la extrema izquierda también está subiendo con fuerza. Es normal que en España en un contexto de dos crisis económicas seguidas se esté produciendo un auge de los populismos”. 

Populismo, el germen del odio

Los partidos populistas sirven, precisamente, de altavoz para expandir el odio sobre el que se construyen estos grupos. “Adoptan un discurso radical y lo hacen llegar a la sociedad en general. Este mensaje acaba llegando a tu madre o a la mía. Y es entonces cuando te dice: 'Oye hijo, dicen que los menas tienen un sueldo de 1.500 euros sin trabajar'. Y tú dices: 'A ver, mamá, ¿cómo le van a pagar 1.500 euros?'. Ahí está ese discurso, y va calando en el conjunto de la sociedad”, alerta Caballero. 

El populismo se basa precisamente en ofrecer soluciones sencillas a problemas sociales muy complejos. “Al final es abrazar una opción fácil que te ayuda a no pensar”. Por eso, según el experto, una masa muy amplia lo ha abrazado en un contexto de crisis económica. “Cuando eres proclive a un activismo político, llega alguien que te dice que todo se puede arreglar muy rápido y muy fácilmente”, explica el coautor de Redes de odio

La sociedad, de espaldas

Este discurso de odio va impregnando al conjunto de la sociedad, que no es capaz de detectar el peligro que entraña. “Cuando la prensa informó de los ataques de Oslo, en los que Anders Breivik asesinó a 77 personas, lo relacionaron automáticamente con un atentado de Al-Qaeda. En ningún momento pensaron que era un terrorista neonazi. ¿Por qué? Porque pensamos que un neonazi no puede llegar a hacer eso, que alguien de aquí no puede atentar. Pues lo hizo”. 

En España, recuerda Caballero, las fuerzas de seguridad desarticularon una pequeña célula de aceleracionistas, una vertiente del neonazismo, que estaba empezando a recoger dinero y a organizarse vía Telegram para cometer un ataque violento. “Los propios informes de Europol advierten de que cada vez hay más tendencia a las conductas extremistas hacia el terrorismo. Volviendo a la comparación con el yihadismo. ¿Hay paralelismos? Creemos que sí y muchos”. 

La reafirmación de la violencia

Los grupos urbanos violentos se caracterizan porque sus miembros adoptan una determinada estética que les dota de una identidad de grupo. Pero hay otros elementos fundamentales. La música tiene, en los grupos urbanos violentos, un papel crucial. No se trata simplemente de una preferencia por un estilo musical concreto, explica Caballero, las letras están cargadas de mensajes políticos que transgreden el discurso contracultural y sirven como elemento de captación, proselitismo y refuerzo intermitente en la radicalización de sus miembros. En los conciertos se señalan los objetivos y se deja muy claro que el mayor de los enemigos es el “ambiguo”. Este mensaje anima a los miembros a cometer actos violentos para mostrar al resto su compromiso con la causa. 

Otra de las herramientas utilizadas son los manuales, muy fáciles de encontrar en la web. “De la misma forma que un menor puede acceder a pornografía, puede acceder a manuales en los que se enseña a fabricar armas o a apuñalar de la manera más rápida”. Si un joven tiene una tendencia a sentir atracción por la violencia, este tipo de materiales pueden funcionar como catalizador hacia la ejecución de una acción violenta. Es curioso que, aunque de ideologías antagónicas, a veces los extremos acaban por tocarse. “Los grupos neonazis han recurrido a manuales de Al-Qaeda para instruirse”, confirma el experto. 

Cortar por lo sano

Para frenar la radicalización, que entreteje redes de odio entre grupos urbanos de motards, hooligans y skins violentos, los padres tienen un rol fundamental. “Es difícil asimilar que tu familiar se está radicalizando y, mucho más, acudir a una comisaría”. Pero reconocer que existe un problema es el primer paso para prevenirlo y revertirlo en estadios incipientes. “Hay que estar encima, cuando todavía te da tiempo. Preguntar: ‘¿Con quién vas al estadio? ¿Qué significa esa insignia que te has puesto en la chaqueta? ¿Con quién te relacionas?'. No hay que esperar a que agreda a una persona, puede empezar con un ataque a un cajero”. 

Ante estas señales, Caballero recomienda solicitar la ayuda de profesionales, principalmente, de psicólogos. Algunos consiguen desvincularse a medida que maduran, pero un porcentaje simplemente cambia de grupo a lo largo de su vida, de skin a hooligan y, después, a motard, por ejemplo. Necesitan una identidad, sentirse parte de algo, de un grupo. Son carne de cañón