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Detención de un miembro de los Dominican Don't Play en Zaragoza. Bandas latinas / EUROPA PRESS

La pandemia, el caldo de cultivo perfecto para las bandas latinas

El Centro de Ayuda Cristiana alerta de una reorganización de las pandillas en Madrid y otras de las principales ciudades españolas

8 min

El Observatorio de Bandas Latinas en la Comunidad de Madrid, dirigido por el Centro de Ayuda Cristiana, advierte de un fuerte repunte de estas pandillas en la capital.

Alberto Díaz, pastor en la iglesia evangélica que ha elaborado este informe, y que trabaja en la ayuda y reinserción de jóvenes expandilleros, asegura que la pandemia y, en concreto, el estado de alarma, ha sido el caldo de cultivo perfecto para la reorganización de estas bandas. “Nunca se han disuelto. Han aprovechado el confinamiento para trasladar su actividad a las redes sociales”, explica el eclesiástico.

Cada vez más jóvenes

El uso de las redes sociales ha permitido a estas organizaciones acercarse a un público cada vez más joven. “Con los colegios cerrados y sin poder salir a la calle ni relacionarse con otros jóvenes, los niños han pasado muchas horas en las redes sociales”, relata Díaz. Es precisamente en el espacio virtual donde han entrado en contacto con los grupos de captación de las bandas latinas.

La edad de ingreso en las pandillas ha descendido hasta los 11 años. Se trata, según el párroco, de niños muy manipulables debido a su edad y que, además, proceden en su mayoría de familias desestructuradas, con grandes carencias afectivas y económicas y en las que las figuras paternas suelen estar ausentes porque se pasan gran parte del día fuera de casa. La banda se presenta para estos chavales como una nueva familia que los dota de una identidad, que les proporciona un sentimiento de pertenencia y que les ofrece protección.

Buscan la inimputabilidad

Las bandas latinas, por su parte, buscan integrantes cada vez más jóvenes, mostrando especial interés en los menores de 14 años por ser inimputables, explica Díaz. La captación de los nativos tecnológicos se ha intensificado durante el estado de alarma a través de la web, donde se ha desplegado toda una maquinaria propagandística que ha calado en los niños, que han consumido la cultura, la música, la moda, la estética y la mística de las bandas.

Algunos videojuegos sugeridos por los propios líderes refuerzan también esta épica con la que se presentan las pandillas. “Cuando pudieron salir, tras el estado de alarma, muchos ya tenían la semilla de la banda en su interior”.

Un fenómeno presente en todas las ciudades

Aunque el Observatorio se ciñe a los datos de la Comunidad de Madrid, el pastor explica que la actividad de estas bandas en las grandes ciudades españolas funciona como vasos comunicantes. No se pueden analizar como un fenómeno aislado, sino que deben ser estudiadas como organizaciones internacionales perfectamente jerarquizadas.

Por ejemplo, aunque el informe asegura que los Latin Kings se han reorganizado en Madrid en los últimos meses, Alberto Díaz precisa que los líderes supremos se encuentran principalmente en Barcelona. En este sentido, el estudio alerta también de la presencia, por primera vez, de miembros de la Mara Salvatrucha, la más violenta de todas y originaria de Los Ángeles, en asociación con La 18, en Madrid.

Bandas latinas femeninas

Otro de los datos inéditos hasta ahora es que en Madrid ya existen bandas formadas exclusivamente por mujeres: las Latin Queens, la versión femenina de los Latin Kings, y otras afines a los Dominican Don’t Play y a los Trinitarios.

Aunque las mujeres tienen cada vez más peso y más autonomía, dirigiendo bandas propias, dentro de las organizaciones históricas, en la que ingresan como novias, familiares o amigas de los pandilleros, suelen adoptar un perfil más bajo. Las chicas suelen dedicarse al transporte de estupefacientes o a flirtear y drogar a miembros de pandillas enemigas con el objetivo de obtener información de interés o de robar en beneficio de la banda.

9,6 millones de euros

Según los datos facilitados por el Centro de Ayuda Cristiana, las bandas latinas mueven unos 9,6 millones de euros anualmente solo en la Comunidad de Madrid. De este análisis inédito en España se extrae que el grueso de los ingresos procede de las cuotas por pertenencia, es decir, cada uno de los miembros está obligado a abonar una cuota fija semanal dependiendo de la edad y del rango que ocupe dentro de la organización.

Las donaciones realizadas por los miembros se destinan principalmente al pago de fianzas, a la compraventa de armas y al consumo de estupefacientes. Asimismo, el informe refleja que las pandillas han profesionalizado su actividad delictiva para aumentar estos ingresos principalmente mediante la venta de estupefacientes y la perpetración de robos y hurtos. Este abono, independientemente de que el origen sea ilícito, es obligatorio. En caso de que no se efectúe, se somete a los miembros a castigos y palizas de intensidad variable dependiendo de su rango dentro de la organización.

Los Mossos lo desmienten

La pugna territorial de estas bandas, que en los últimos meses se han fortalecido y se han enfrentado entre sí en espacios públicos utilizando machetes y armas de fuego, pone en riesgo a la ciudadanía y representa un reto de seguridad para los cuerpos policiales de las principales ciudades españolas.   

No obstante, desde Mossos d’Esquadra restan importancia a este fenómeno y aseguran que “la situación está estabilizada”. Si bien es cierto que reconocen que antes de la pandemia suponían una amenaza para la seguridad pública, hoy por hoy la policía autonómica no tiene constancia de que se haya producido un repunte de estos grupos y desvincula la violencia callejera registrada en diferentes puntos del territorio en los últimos meses de las bandas latinas. “No se puede relacionar la nacionalidad de los autores con su pertenencia a determinadas organizaciones”, dicen.

Sin salida

Esta información aportada desde Mossos choca frontalmente con los datos recogidos por la iglesia evangélica, que cuenta con tres centros en Cataluña: dos en Barcelona y uno en L’Hospitalet.

Aunque estos jóvenes entran sin apenas darse cuenta, el manejo de información muy sensible sobre hechos delictivos hace que sea prácticamente imposible abandonar la espiral de violencia en la que se ven atrapados cuando todavía son unos niños.