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Entrada del Espai Quera, que aúna restaurante y libros de viajes y excursiones / CG

Pan con libros, comida de listos

La librería Quera, desde 1916 en la calle Petritxol, resiste la embestida de la crisis con un pequeño espacio gastronómico

6 min

“Gracias a todos los vecinos de las calles Carolines y Aulèstia i Pijoan, y a Àngels, Ángeles, Anna, Alberto (…) Ramón, Roser, y otra clientela de cuyo nombre no puedo acordarme. Por haber venido, por habernos conocido. Os digo adiós y quiero volver a veros. Lurdes”. Este es el cartel de despedida que cuelga del escaparate de Lletres, una librería a pocos metros de la Casa Vicens de Gaudí que acaba de bajar la persiana.

Cartel de despedida de Lurdes en la Llibreria Lletres, en la calle Carolines de Barcelona / CG
Cartel de despedida de Lurdes en la Llibreria Lletres, en la calle Carolines de Barcelona / CG

Un dragón latente (Altaïr, 2014), del periodista británico Norman Lewis, corona en cambio una de las estanterías de la librería Quera. Viajes a través de Camboya, Laos y Vietnam en la calle Petritxol, que atesora cinco siglos de historia. El establecimiento no se queda atrás, cuatro generaciones de la familia que le da nombre han atendido a lectores ávidos de aventuras desde 1916. Su viabilidad estaba en peligro antes de la pandemia, por eso en noviembre del pasado año transformaron la trastienda en un pequeño restaurante.

Cena entre libros

Entre mapas y guías, Cristina Martínez gestiona el espacio en el que sirven vinos y platillos, en un establecimiento que abrió enfocado al teatro y que con la Guerra Civil se reconvirtió en una librería especializada en viajes y excursiones. El comedor también recupera el espíritu original del local, ya que en sus inicios, lo que los últimos años se había convertido en un almacén, alojó la cocina de la familia Quera.

La Librería Quera en 1922 / ESPAI QUERA
La Librería Quera en 1922 / ESPAI QUERA

De la saga solo uno de ellos permanece en el comercio; Raimon, bisnieto del fundador. “Se ha producido una inversión externa y ha pasado de manos para reinventarse y no tener que cerrar la librería”, detalla Martínez. Tras tres meses de obras, Quera reabrió en un intento de evitar el cierre definitivo. El nuevo parón llegó con el estado de alarma, y hasta el pasado 19 de junio no volvieron a levantar la persiana. 

David contra Goliat

Para animar a sus clientes, regaron el Sant Jordi de verano con una copa de vino gratis para todo aquel que comprase un libro. Su principal apoyo estas semanas han sido los residentes en el Gòtic. “Lo bueno es que el restaurante cierra a las diez de la noche y eso nos permite ampliar el horario de venta de libros”, apunta Cristina. Tras eliminar tres mesas para garantizar la distancia de seguridad, las nuevas restricciones por los rebrotes han reducido su aforo de 20 a 10 comensales, lo que merma una capacidad ya de por sí limitada. “Nos está costando mucho mantenernos, más adelante tendremos que ver si el esfuerzo que estamos haciendo vale la pena”, advierte.

Una de las ensaladas en el comedor de Espai Quera / ESPAI QUERA
Una de las ensaladas en el comedor de Espai Quera / ESPAI QUERA

Si antes de la reconversión fue Raimon Quera quien se planteó bajar la persiana de forma definitiva, la viabilidad de este comercio centenario vuelve a pender de un hilo. “Hay clientes que entran, miran el local, y se quedan a tomar algo. Nos ha ayudado mucho a que entren ingresos. Otros vienen a cenar y se animan a comprar un libro para regalar. Pero a veces atendemos cinco mesas y otros días ninguno, y los libros no se estropean, pero la comida sí”, lamenta la responsable del restaurante.  El ‘David contra Goliat’ que supone competir en la venta de libros y mapas con grandes superficies tampoco ayuda. “Además, mucha gente organiza los viajes o excursiones a través de internet y ya no compra guías en papel”, explica.

Viaje a Petritxol

Pese a las perspectivas nada halagüeñas para los comercios del centro de Barcelona, Martínez apunta que nunca han dependido del turismo. “Tuvimos un final de año muy bueno, con cenas de grupos y familias, y también de ventas de libros por Navidad. Ahora, irónicamente, al no poder hacer viajes largos, mucha gente de aquí viene a por volúmenes sobre excursiones de montaña”, confiesa, algo que les da "fuerzas" y les "reconforta" para intentar seguir adelante con el negocio.

La entrada de Espai Quera en la calle Petritxol de Barcelona / CG
La entrada de Espai Quera en la calle Petritxol de Barcelona / CG

La alternativa no es otra que renovarse, aunque manteniendo la esencia de la centenaria Quera “sin encasillarnos en el libro de montaña”, apunta Martínez. La narrativa viajera comenzó a formar parte de sus estanterías con la inauguración del espacio gastronómico. El virus no solo ha reducido el aforo de comensales. Para hojear libros hay que esperar turno y usar gel hidroalcohólico. El consuelo, apuntan desde la librería, es que muchos de sus clientes van en busca de un volumen concreto. Recorrer el mundo, copa de Montsant en mano, es posible sin necesidad de hacer las maletas, desde la calle Petritxol, a través de las páginas de cualquiera de sus libros.