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Imagen del interior del edificio Venus / CG

El olvidado edificio Venus

Un grupo de vecinos de La Mina retomará las negociaciones con la Generalitat el próximo 15 de febrero

Ignasi Jorro / Nuria Vázquez
25.01.2017 00:00 h.
7 min

Los días siguen pasando para los vecinos del edificio Venus del barrio barcelonés de La Mina, situado en Sant Adrià de Besòs. Se levantan cada día entre cuatro paredes, las de sus pisos, que más que en hogares se han convertido en su propias cárceles.

Los techos de dos de las porterías del bloque, la número 9 y la 11, se han derrumbado y ahora se encuentran apuntalados. Las paredes se caen a trozos; las tuberías están en mal estado; los ascensores, además de tener los cristales rotos, se estropean continuamente y provocan que los inquilinos se queden encerrados en ellos durante horas.

El agua se filtra en las viviendas cuando llueve; los buzones están reventados; las escaleras de emergencia, podridas; el patio interior que comunica con todos los pisos, descuidado y lleno de suciedad: botellas vacías, toallas, papeles, cartas, basura y ropa vieja que cierto día cayó desde algún tendedero y nunca fue recuperada.

Imagen de una entrada al edificio Venus

Imagen de una entrada al edificio Venus

Peligro de explosión

En pleno invierno, Endesa cortó la luz a casi un centenar de hogares durante toda una semana porque había un riesgo real de incendio y explosión. Las 300 familias que viven en estas condiciones infrahumanas llevan, nada más y nada menos, 17 años esperando a que alguien --en el fondo les da igual quién-- tome una decisión que desencalle una situación que se está alargando imperdonablemente demasiado.

Paqui, la vecina que arrinconó al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el programa de TV3 Jo pregunto resume a Crónica Global la controversia en torno al edificio Venus. Se remonta al año 2000, con el plan de transformación que preveía actuaciones urbanísticas, como el derribo del bloque y la reubicación de sus ocupantes en casas de nueva construcción.

“En la primera reunión con el alcalde, éste nos dijo que no dejaría a nadie en la calle pero que, quien quisiera el piso, tendría que pagar 34.800 euros”, recuerda la propietaria del bar San Mariño 2 a este medio. Es el actual consejero de Cultura, Santi Vila, quien les transmitió en 2014 que no habría derribo. Los bloques de nueva construcción se sortearon como vivienda de protección oficial y, además, se abrió un proceso de adjudicación de pisos para familias del barrio en situación de urgencia social. La mayoría, residentes en el propio Venus.

Detalle de un desperfecto en el edificio Venus

Detalle de un desperfecto en el edificio Venus

Reuniones sin acuerdos

En mayo de 2016, tras incansables batallas de los vecinos --“hemos perdido muchos años importantes de nuestras vidas”, dice Paqui--, se volvió a barajar la idea del derribo. En verano, los habitantes presentaron una demanda contra el Consorcio de La Mina, el propietario del edificio, y le pidieron 60.000 euros de indemnización.

“Nunca hemos encontrado el gris. La independencia me recuerda mucho a nuestro problema con los políticos: la respuesta siempre es ‘no’ y ‘no’. No hay un gris”, lamenta la vecina, quien en ocasiones se ha referido al bloque Venus como “las favelas del siglo XXI en Cataluña”.

Asegura que se encuentran en una situación de bloqueo entre las dos administraciones, Sant Adrià de Besòs les deriva a Barcelona y a la inversa. Una portavoz del consistorio barcelonés sostiene a este medio que se trata de un tema que se ha llevado siempre desde el ayuntamiento del Besòs. Añade que ni siquiera la Policía Local de la capital catalana ha actuado en la zona, ya que no es su territorio.

Sin política social

Basilio Perona, concejal de Sant Adrià de Comú-CUP-PA, hace un análisis negativo de la situación. “Es un problema que lleva en el cajón 17 años. Y nadie ha dado con la solución”, indica. “El plan de realojo —prosigue— debe hacerse con cara y ojos o naufragará. Hacerlo bien significa tener claro qué es el barrio de La Mina. Aquí hay un 40% de gitanos y un 60% de payos. Son datos culturales a tener en cuenta. Sin segregar, pero las políticas deben tener en cuenta esta diversidad”.

“La reconversión de La Mina ha dejado tres barrios distintos. La parte de las calles Venus y Saturno, las más degradadas; el área de la calle Levante, donde hay una mezcla de ciudadanos, y La Mina Vieja, que es más acomodada”.

“En mi opinión, la reforma se ha centrado demasiado en el tocho y poco en la política social. Han puesto el tranvía, sí, pero ¿cuántos vecinos lo usan? Lo mismo, han abierto una subsede universitaria, pero los estudiantes no comprarán aquí y, por lo tanto, no dinamizarán el comercio local”, apostilla el edil.

Paqui informa a Crónica Global de que el próximo día 15 de febrero retomarán las negociaciones con el Gobierno catalán. Es un paso más: “Pero ya me he reunido con muchos políticos muchas veces”.

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