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La iglesia de Barcelona que ofrece abrigo a los sintecho

La parroquia de Santa Ana, junto a la plaza de Cataluña, abre las 24 horas para cobijar a las personas sin hogar durante la ola de frío

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"A partir de los 60 años nadie te quiere". Esta es la lapidaria frase con la que se presenta Rafael, un sintecho de Barcelona que estos días duerme en la parroquia de Santa Ana. Este hombre encarna sólo una de las 130 historias de personas que diariamente pasan por la parroquia, vinculada a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén desde el siglo XII. El templo es el primero de la historia de la ciudad que abre las 24 horas para abrigar a la gente sin hogar. La actividad solidaria, que arrancó esta semana, la mantiene un ejército de voluntarios coordinado por la monja teresiana Vicky Molins.

"Nos organizamos en turnos de tres horas. Hoy me toca de las siete hasta las diez. Ayer, hasta las cinco de la madrugada. Otra gente viene cuando puede. Otros traen comida o ropa", explia Chunky, su apodo. El vecino de Barcelona (73 años) y su mujer cantan en el coro de gospel de Santa Ana. Cuando vieron que la iglesia abriría las 24 horas durante la ola de frío, se sumaron a la iniciativa sin dudarlo.

"No soy muy religioso. Vengo a aquí a cantar y enseñar gospel. Cuando empezó esta campaña, he descubierto otra realidad diferente: fuerte, dura e inesperada. Esta gente necesita ayuda", agrega.

La monja Vicky Molins y varios colaboradoras ordenando la comida / CG

"Pueden venir con mascotas"

El despliegue solidario de Santa Ana ha tenido un éxito arrollador. Monseñor Peio Sánchez, el rector, permite a las personas sin hogar abrigarse y dormir en su parroquia con la compañía de sus perros.

"Ello distingue esta iniciativa de las de las administraciones y del trabajo social. Aquí abrigamos y acompañamos a la gente venga de donde venga. Y con sus mascotas. Tenemos a un trabajador social, pero el resto ya es tarea de la administración", explican fuentes de las teresianas, que comandan la operación.

Hay más diferencias. Las personas sin recursos, como Alfredo, valoran que a Santa Ana se "pueda acudir a cualquier hora. Hay más libertad que en un albergue, donde te echan a las ocho de la mañana nieve o llueva".

Un lugar histórico

En la parroquia de Santa Ana, además, están de fiesta. Esta semana se ha celebrado una jornada ecuménica en la que jóvenes de todo el espectro cristianos han intercambiado visiones de su fe. El Hosanna se ensaya entre un tránsito de trotamundos que buscan el baño.

Imágenes del interior de la Iglesia de Santa Ana por la noche / CG

El oratorio es, de hecho, un hervidero de gente. Los turistas la visitan "porque es la segunda iglesia más antigua de Barcelona", se jactan las teresianas. El ábside es románico y su construcción se puede rastrear hasta el siglo XII. La nave es gótica y se levantó en el siglo XI.

El claustro, una de las partes más conocidas del templo, fue completado en el siglo XVI.

La iglesia se transforma

El monumental edificio, que pasa desapercibido en un rincón de la Barcelona antigua, entre las tiendas flagship de Hard Rock Café o Zara, ha tenido que transformarse para una acción que ha sido espontánea. No estaba planificada. "Allí había una estatua de la virgen. Aquí, el sagrario. Todo ha tenido que moverse cuando el rector vio el frío que venía", indica Montse, otra voluntaria.

Las figuras y objetos de culto han sido esplazados para dejar paso a artículos más mundanos. Una gran montaña de abrigos, pantalones, guantes y calcetines ha tomado uno de los altares de la capilla del Santísimo.

A su vez, la sala capitular está amueblada ahora con 20 camas. El aspecto de hospital de campaña no ha bastado para proteger a los barceloneses sin recursos del frío.

"Ayer tuvimos que mover los bancos tras la última misa. Pusimos colchones sobre ellos, y los refugiados dormían encima".

Tarea de la Administración

Voluntarios, monjas teresianas y personas acogidas lo tienen claro. La tarea del equipo de Santa Ana es necesaria. "No soy muy religioso, pero esto me ha sorprendido. Vivo en la calle y se están portando fantásticamente", admite Alfredo.

La iglesia ya trabajaba con personas desfavorecidas. Cáritas, Arrels, la Fundación Vincles o las Hermanitas del Cordero ya prestaban apoyo a los vecinos con menos recursos.

"Esto es diferente. Abrimos el martes. Cuando vimos que el frío se quedaría hasta el fin de semana, decidimos continuar acogiendo. Ahora probablemente seremos un refugio para lo que queda de invierno", concluyen las hermanas.