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Basura de los okupas que atemorizan a vecinos del centro de Barcelona / CG

Okupas atemorizan a vecinos del centro de Barcelona

Residentes en la calle Comtal, 12, denuncian amenazas, insultos e incivismo de un grupo de allanadores

6 min

Imagínense la situación. Alquilan un piso en el centro de Barcelona, pagan la correspondiente cuota a la agencia, la fianza, dos meses de adelanto y allí se mudan con su pareja. Hasta ahí sería una escena cotidiana. Lo que no esperarían, como le ha sucedido a un vecino de la calle Comtal,12, es que en una de las viviendas del mismo edificio residiese un grupo de okupas que le hacen la vida imposible. Amenazas, insultos homófobos, suciedad, golpes y gritos a altas horas de la madrugada, sin que nadie haga nada para remediarlo.

Portal de acceso a Comptal, 12, donde residen okupas / CG
Portal de acceso a Comtal, 12, donde residen okupas / CG

Esa es la situación en la que se encuentran dos residentes en el distrito de Ciutat Vella, que prefieren no revelar su nombre “por miedo a represalias”. Tras desembolsar 4.600 euros relatan “estar viviendo una pesadilla” apenas tres semanas después de acceder a su nueva vivienda. La anterior inquilina era una amiga de la pareja, y poco antes de que se mudaran, les advirtió de que habían ocupado el piso superior. Ya era tarde, porque el pago estaba hecho --tras pedir un crédito-- y no tenían plan B. En un principio, no tuvieron problemas con los allanadores, pero no tardaron en llegar.

3.000 euros por okupar

“La escalera se convirtió en un trajín de gente subiendo y bajando. Al menos dos mujeres y un hombre sí están en el piso de forma permanente. También menores mal atendidos”, explica uno de los afectados. Un trabajador de la agencia que alquila los inmuebles se presentó en el bloque la pasada semana acompañado de efectivos de la Guardia Urbana. Los okupas relataron que habían pagado 3.000 euros por el piso, y que solo se irían se les devolvían dicha cantidad. Hasta ahí la intervención policial, que tiene las manos atadas para expulsar a los allanadores.

Los nuevos vecinos comenzaron a mirar con recelo al resto de residentes, ya que no sabían si vivían en el edificio de forma legal o también eran okupas. Lo mismo les sucedió al resto con ellos, hasta que un día decidieron poner en común sus quejas con otra inquilina. Esta les relató que ya había interpuesto una denuncia, tras llamar varias veces a la policía, pero que no había servido para nada. Del incivismo, la acumulación de basura, los gritos, peleas, y personas que acuden al bloque reclamando a uno de los okupas --“abre la puerta o te reviento”; sospechan que podría trapichear con drogas y de ahí tanto trajín--, pasaron a ser víctimas de amenazas.

Amenazas e insultos

El motivo, cerrar el portal con doble vuelta de llave. “Empezaron a llamar de madrugada a los telefonillos para que les abriésemos. Uno de ellos bajó y nos espetó ‘si no nos dais la puta llave esto va a acabar muy mal’”, relata un vecino. Al día siguiente, el okupa, --“muy violento”, apunta-- increpó a su pareja cuando se dirigía al gimnasio para reclamarle lo mismo. Cuando se negó, una de las mujeres le chilló: “puto maricón de mierda”. “Ahí fue cuando no aguanté más y llamé a los Mossos d’Esquadra”, apunta.

Uno de los pisos de Comptal,12, en el centro de Barcelona, donde residen okupas / CG
Uno de los pisos de Comtal,12, en el centro de Barcelona, donde residen okupas / CG

La policía catalana tiene constancia de las amenazas que han sufrido los residentes en Comtal,12. Trabajadores de servicios sociales están en contacto con los okupas por la presencia de menores. Los vecinos están preocupados, al ser testigos, aseguran, de cómo los pequeños corretean sin supervisión, en ocasiones sin ropa, y temen por su bienestar, al estar al cuidado de personas que no están “en las mejores condiciones” --apuntan sobre un posible consumo de drogas--.

Denuncia

“¿Hemos pagado casi 4.600 euros para aguantar esto? Llevábamos meses ahorrando y hasta hemos pedido un crédito”, lamenta un afectado, quien asegura que los okupas, “no son gente normal, parecen una mafia, y aún encima con menores”. Ha intentado interponer una denuncia en dos ocasiones. La primera en la comisaría de Ciutat Vella, donde le aconsejaron, asegura, volver otro día, por la gran acumulación de gente. La segunda en plaza de Espanya, donde tras relatar lo sucedido, le emplaron a volver a la anterior y le indicaron que de poco serviría, relata.

El consejo, señala este vecino, fue que debía llamar en caso de ser víctimas de amenazas, para que se personase allí una patrulla y pudiese identificar a los autores. La intención ahora es unirse el mayor número de afectados e interponer, de una vez por todas, la queja formal. “¿Qué tiene qué pasar, que nos agredan, ahí ya pueden actuar?”, lamenta con desesperación.