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Los turistas acogidos en casa de Joan / CG

Ocho turistas duermen en casa del dueño de un restaurante al no poder volver a su hotel

Barcelona se tiñe de luto tras el atentado, aunque historias como esta llenan de orgullo a la ciudad catalana

Marta Català
3 min

Un bebé de 11 meses junto a otros siete turistas han dormido esta noche en casa del dueño del restaurante Bosco situado en la calle Capellans, a poca distancia de Las Ramblas, donde sucedió el terrible atentado este jueves. Los turistas no pudieron regresar a sus hoteles ya que los Mossos d’Esquadra habían acordonado la zona e inhabilitado todos los accesos posibles.

Joan, el propietario del restaurante, se mostraba indignado tras conocer que sus comensales no tenían a dónde ir. “No podía creerlo, hay un bebé de 11 meses, pero ¿dónde van a dormir?”, contaba a Crónica Global.  

Hospitalidad

Tras los dispositivos policiales que se pusieron en marcha y las dificultades para encontrar una forma con la que regresar al hotel, el joven decidió llevárselos a casa. El hostelero cerró su local una vez las autoridades les permitieron la salida y se marchó junto a los ocho turistas: cinco franceses, una pareja de australianos y un italiano, tres de ellos niños. Los afectados durmieron este jueves en el salón de la familia de Joan y en las habitaciones de sus hijos, que no estaban en casa.

Joan explica que pese a las ayudas ofrecidas por las instituciones públicas, algunos turistas, sumidos en el pánico, no pudieron encontrar una alternativa adecuada para regresar a sus residencias temporales.

Desamparados

“¡Me parecía terrible dejar desamparada a estas familias en esta noche tan trágica, pero como no se han hecho cargo de ellas, no había más hoteles y los hoteles de estas personas están en la zona acordonada por los Mossos”, explicaba el joven.

En el momento del atropello, en el local había varios Mossos d’Esquadra tomando café cuando recibieron órdenes de salir corriendo a buscar al autor del atentado. A partir de entonces, cuenta Joan, no les dejaron salir del restauante, y asegura que las horas se hicieron angustiosas y eternas: “Más de 20 personas estuvieron horas en el restaurante sin saber qué pasaba exactamente”.

Exhaustos de cansancio, de miedo y de sueño, estos turistas habían encontrado a una persona solidaria que les daba cobijo y que, afortunadamanete, encontraron un lugar donde pasar la noche. El bebé durmió tranquilo en casa de un ciudadano anónimo, uno de los muchos que se han ofrecido, para ayudar a Barcelona y a sus visitantes en un día tan negro como este 17 de agosto.

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