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Niños con sus padres / PIXABAY

Los niños muestran una gran capacidad de adaptación a la nueva realidad

Los especialistas coinciden en que los más pequeños se han acomodado con relativa facilidad a las circunstancias generadas por el coronavirus, incluido el tener que afrontar la muerte

Jaume Cladera
8 min

Los cambios en la rutina afectan a todas las personas. Los seres humanos son animales de costumbres, de procesos fijos y difícilmente alterables. Pero estos patrones de conducta se han visto modificados. Desde el pasado 14 de marzo todo lo aceptado como habitual se transformó, e irrumpieron en el día a día de la gente nuevas normas, nuevas formas de interactuar, y nuevas maneras de comportarse.

¿Cómo ha afectado este terremoto vital a los más pequeños? Los niños son plásticos, pero también sufren el duelo por el cambio, igual que los adultos.

 

 

¿Cómo ayudar a los niños y niñas a enfrentar el estrés durante la pandemia por COVID-19? / PAHO TV

Los niños se adaptan bien

La llegada del confinamiento sorprendió a todo el mundo. De un día para otro, encerrados en casa. Esta situación fue bien recibida, en general, por los niños “porque estaban en su hogar, y con sus padres, sus protectores” afirma Anna Claret, psicóloga infantil y juvenil. En circunstancias normales muchos de ellos realizan actividades extraescolares, y tienen buena parte de la jornada ocupada.

Esta situación desemboca en que el tiempo que  pasan con sus progenitores es muy limitado. “Algunos chicos han ganado absolutamente en tranquilidad” apunta Maria Núria Pi Sopeña, pediatra en Sant Adrià del Besós, y añade que “la mayoría se han adaptado bien al cambio, solo a algunos los he tenido que derivar al psicólogo​ por temas relacionados con la ansiedad”.

"Ansiedad por separación"

Sin embargo, con la vuelta a la normalidad surge “la ansiedad por separación”. Los niños han estado mucho tiempo junto a sus padres. Ahora se han separado y surgen pensamientos catastrofistas sobre la seguridad de sus seres queridos “por ejemplo, pensar que puede que se contagien de coronavirus, y mueran”.

En el primer día de colegio del curso escolar 2020 2021, niños guardan la distancia de seguridad / EUROPA PRESS

 

En el primer día de colegio del curso escolar 2020 2021, niños guardan la distancia de seguridad / EUROPA PRESS

La experiencia que han vivido los más pequeños ha hecho pensar que han sufrido un proceso de maduración acelerado. En cualquier caso “más que madurar los niños han pasado por una experiencia traumática” apunta Claret y lo que han hecho “es desarrollar estrategias para adaptase y combatir una situación grave, en un contexto muy complicado para todos”.

La evolución física

Los meses de reclusión total supusieron una paralización de todas las actividades, que perdura en estos momentos. En consecuencia los niños han dejado de hacer toda una larga lista de actividades extraescolares físicas e intelectuales que rellenaban sus horarios hasta la noche. La parte positiva es que pasan mucho más tiempo en casa con sus padres, y que su ritmo vital se ha ralentizado.

Sin embargo “muchos niños han engordado a consecuencia del freno de la actividad”, señala Pi Sopeña, y añade que “normalmente llevan una vida muy estresante, salen a las cuatro del colegio, meriendan rápido, para estar a las cinco en inglés, y luego a las siete en artes marciales”. El parón actual “lo agradece su nivel de tranquilidad y sosiego”.

Niños en el primer día del curso escolar 2020 2021 / EUROPA PRESS

 

Niños en el primer día del curso escolar 2020 2021 / EP

Cómo afrontar la muerte

“Cuesta un poco respirar, pero no pasa nada. Es mejor que morirse”. Esta frase la pronunció una niña valenciana al ser preguntada sobre la obligatoriedad de llevar mascarilla en el aula. Las reacciones en Twitter no se hicieron esperar, desde gente que alababa la sensatez de la pequeña, a aquellos que directamente proponían incluirla en el comité de expertos. Lo que seguramente no se preguntaron los internautas es si es normal que una niña pequeña pronuncie una frase con tal grado de reflexión.

“A partir de los ocho o nueve años los niños empiezan a plantearse los temas relacionados con la vida y la muerte”, apunta Claret, y añade que “a partir de esta edad empiezan a tener conciencia de la finitud de las cosas y de que la vida de las personas se acaba”.

Pánico al virus

La reacción ante el fallecimiento depende de la edad. A partir de los ocho años toman consciencia de la efimeridad, y por tanto, de que las personas no somos eternas. La reacción ante este proceso natural “no tendría por qué ser diferente al de un adulto, siempre y cuando al niño se le explique bien todo lo que sucede”. Pero las circunstancias actuales no son naturales. Hay gente que ha perdido a familiares que tras salir un día de casa, ingresaron en el hospital, y no los han vuelto a ver, ni vivos, ni muertos. Esta situación “claro que afecta mucho a los niños, porque es una desaparición traumática, y no tienen los mismos mecanismos que un adulto para afrontarla”.

Niños subiendo escaleras en su colegio en el primer día del curso escolar 2020 2021 / EUROPA PRESS

 

Niños subiendo escaleras en su colegio en el primer día del curso escolar 2020 2021 / EP

Ante esta tipo de situaciones la diferencia esencial reside en cómo se trate el tema de la muerte. “Si tú a un niño le dices, por ejemplo, que si no se pone mascarilla, podría matar al abuelo, se genera un daño” porque ante situaciones como esta el niño puede desarrollar pánico al virus, por la posibilidad de ser el culpable de matar a un ser querido. Lo que está claro es que la situación actual “ha puesto a los niños en contacto directo y frecuente con el tema de la muerte”.  Porque “vivimos en Barcelona, en el siglo XXI, y tenemos cubiertas nuestras necesidades. Y hasta hace poco la muerte no estaba en la agenda de nadie, y menos en la de los más pequeños”.

1. Fijar unas normas
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1. Fijar unas normas

El primer paso recomendado por Armayones es establecer unas normas claras. Para ello es necesario mantener una conversación para que los pequeños entiendan las razones por las que no pueden estar "enganchados" a las pantallas. Una manera para que comprendan las reglas impuestas.

En la charla con los niños se les debe explicar qué se puede y qué no se puede hacer con el móvil, tablet u ordenador, asíc omo cuánto tiempo se le puede dedicar y cuándo.

2. Negociar
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2. Negociar

El profesor de la UOC pone matices a todas las recomendaciones de los expertos, incluidas las suyas. "Como cada niño es diferente, las condiciones se pueden pactar", subraya. En este sentido, si el menor está de exámenes​ o ha demostrado un buen comportamiento se puede ajustar el uso de las pantallas. Aun así, recuerda que se debe abordar la conversación "como padres; ni como amigos, ni como colegas. 

3. Alternativas antes que prohibiciones
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3. Alternativas antes que prohibiciones

Para evitar que los niños se tomen mal las limitaciones y lo vean como una prohibición es mejor ofrecerles alternativas para las horas que no están frente a las pantallas. Eso incluye todo tipo de actividades recreativas, desde salidas al aire libre a manualidades, pasando por la lectura, pintura, juegos de mesa, entre otros. Los niños no piden el móvil cuando se lo pasan bien, señalan los expertos.

4. Dar ejemplo
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4. Dar ejemplo

De poco sirve explicarle a los hijos los efectos perniciosos del uso y abuso de las pantallas cuando los adultos no dan ejemplo. "Enseñamos muchas más cosas a los niños cuando no les intentamos enseñar nada que cuando sí intentamos hacerlo", asevera Armayones.

5. seguridad y menos contraseñas
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5. seguridad y menos contraseñas

En la misma línea de que parezca que la limitación del móvil parezca un prohibición es aconsejable evitar las contraseñas y apostar por acompañar y vigilar al menor cuando hace uso de la tecnología. Otra opción es apostar por las aplicaciones con control parental. 

6 (y extra). Paciencia en confinamiento
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6 (y extra). Paciencia en confinamiento

Por último, Armayones hace referencia a la actualidad. Ante la posibilidad de una nueva reclusión, es importante tener paciencia y no "culpabilizar ni a los padres ni a los niños. Ambos lo han pasado mal y ambos lo han llevado lo mejor que han podido", sentencia.