Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Equipo del doctor Pere Barri (Dexeus) realizando una operación reconstructiva tras una mutilación genital femenina / DEXEUS

La mutilación genital femenina: evitar llegar al quirófano

Pese al éxito de las cirugías reconstructivas del Clínic y la Dexeus, los expertos ponen el acento en la falta de prevención

7 min

La mutilación genital femenina es una práctica que todavía escapa al radar institucional en Cataluña. Según informa Neus Aliaga, coordinadora de proyectos de la Fundación Wassu, no existe un registro preciso de los casos ocurridos en el conjunto de España. Pese al intenso trabajo de prevención de esta asociación, se calcula que cada año se producen decenas e incluso centenares de ablaciones en el seno de las familias oriundas de los 32 países africanos donde se perpetúa esta tradición.

Una estimación que tiene su reflejo en las 35 cirugías realizadas hasta la fecha en el Hospital Clínic por el equipo formado por Mariona Rius Francesc Carmona. A las que hay que sumar las efectuadas en la Fundación Dexeus Mujer por el doctor Pere Barri, un total de 116 desde que se activó un programa gratuito de reconstrucción genital en 2007. Las operaciones extirpan el tejido cicatricial que recubre la zona seccionada para movilizar lo que queda de clítoris y devolverlo a su lugar original. No solo se recupera el aspecto de los labios menores, sino también su función sexual.

Operación sencilla

Así, se devuelve a las mujeres un aspecto fundamental de su vida íntima arrebatado por esta institución ancestral. "No es una cirugía compleja. Como máximo dura 45 minutos, aunque no existe una técnica establecida sobre lo que hay que hacer. En función del estado de la paciente, debes decidir cómo realizas la reconstrucción", explica la ginecóloga. El paso del tiempo, comenta Carmona, no influye en el resultado de la cirugía: "Pasan muchos años antes de que nos lleguen las pacientes". ¿Hay algún caso en que no se pueda dar marcha atrás? "Sí, pero es excepcional", sentencia Barri.

Los tres doctores precisan que las actuaciones tampoco necesitan un gran seguimiento posoperatorio. "La paciente precisa de curas diarias de la herida durante el primer mes y medio, hasta que la piel crezca para recubrir el clítoris. A partir de aquí la paciente podrá reanudar vida sexual", detalla el cirujano de la Dexeus. "El clítoris es un órgano bastante más grande de lo que se ve. El punto G​ famoso no es más que su parte posterior. La idea es reconstruir la normalidad del órgano para que estas mujeres recuperen en todo lo que sea posible su estado previo", concluye Carmona.

Francesc Carmona y Mariona Rius (Hospital Clínic) / HOSPITAL CLÍNIC

 

Francesc Carmona y Mariona Rius (Hospital Clínic) / HOSPITAL CLÍNIC

Creencias que dañan

Pese al éxito de las intervenciones --siempre en el caso de mutilaciones de tipo II, aquellas que no afectan a los labios mayores--, el reto colectivo pasa por prevenir en vez de curar. Pero la propia cosmovisión de las culturas autóctonas dificulta esta labor. Las circuncisiones se producen durante la infancia de las mujeres, y estas solo recurren a la medicina tras una paulatina toma de conciencia. Despertar que, en muchas ocasiones, no llega hasta que se producen infecciones periódicas, cuadros de dolor crónico o, en el peor de los casos, esterilidad.

Como cuenta Aliaga, el sistema de creencias cimienta una ceremonia que se da en entornos femeninos: "Los cortes son realizados en los países de origen por mujeres, normalmente la abuela materna. Las practicantes aluden erróneamente al Islam para justificar la práctica, o bien a la creencia de que la mujer será más pura o preservará su virginidad". La experta destaca algunos hitos --como la prohibición aprobada en Gambia en 2015 o la progresiva sensibilización de los hombres, hasta ahora ajenos a esta práctica--, pero señala que aún queda mucho camino por recorrer.

Mapa sobre mutilación genital femenina en África / EP

 

Mapa sobre mutilación genital femenina en África / EP

Protocolo incompleto

Además, las secuelas de la intervención rara vez se asocian con la tradición. "No se establecen vínculos entre la cistitis o los problemas en el parto y la mutilación. Existe un desconocimiento sobre las consecuencias", señalan los facultativos. 

Para revertir esta situación, la Consejería de Salud aprobó en 2002 un protocolo de prevención. Todas las fuentes consultadas aplauden la iniciativa del Govern, aunque añaden que las medidas llegan más tarde de lo que sería deseable.

Actuar antes

En este sentido, un completo informe de la fundación atestigua que, entre los propios sanitarios, aún no se ha extendido el conocimiento sobre esta realidad, como indica el hecho de que de algunas ablaciones hayan pasado desapercibidas por los pediatras.

"El documento actúa sobre la atención urgente, pero habría que poner el acento en el trabajo sosegado con las familias", demanda Aliaga. Según el Observatorio de la Violencia de Género de la Fundación Mujeres, más de 3.600 niñas que residen en España se encuentran en situación de riesgo. Una cifra suficientemente grande como para intentar llegar antes y no después.