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Javier Barroso y su mujer, Rosi / CG

La mujer que falleció en el hospital de Vigo se habría salvado con una atención rápida

Su marido recibe la autopsia nueve meses después y denuncia datos incongruentes

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A quince días de cumplirse los diez meses de la muerte de su mujer, Javier Barros acaba de recibir la autopsia. La reclama desde el momento en el que ocurrió todo, el 14 de enero de 2016, cuando Rosi se desplomó en la recepción del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y permaneció 45 minutos allí sin que nadie se diera cuenta. Cuando detectaron el cuerpo, inerte, ya estaba muerta. La necropsia fija la hora del fallecimiento entre las 06:00 y las 07:00 horas. Algo no cuadra.

Javier organizó, hace dos semanas, una rueda de prensa para denunciar la situación. En ella, pidió que se esclarecieran los hechos y ahora acaba de recibir la autopsia. “Nada pasa por casualidad”, explica a Crónica Global, sin esconder la mezcla de rabia, impotencia y tristeza que le asoma a partes iguales, incontrolable.

Autopsia incongruente

“La autopsia revela lo que me temía, que una atención rápida le habría salvado la vida a Rosi”, relata. Por eso, ha decidido no rendirse y continuar con la lucha para conocer todos y cada uno de los detalles que rodearon la muerte de su mujer, sin dejar ni un interrogante.

De momento, está consultando con cardiólogos los resultados de la autopsia, porque hay algunos datos inconcretos y otros, que directamente no están recogidos en el texto “como, por ejemplo, si tenía alguna parte del corazón infartada y si había algún coágulo en las arterias”.

Explicaciones a la juez

La juez, por su parte, ha solicitado una aclaración al Instituto de Medicina Legal de Galicia (IMELGA) en referencia a la hora de la muerte: “Consta que murió entre las 06:00 y las 07:00 horas, pero ella entró en el hospital a las 06:25 horas y las cámaras lo grabaron”, dice su marido.

Javier critica que nadie de la consejería de Sanidad se haya puesto en contacto con él y a su vez agradece todas las muestras de apoyo y solidaridad, tanto de amigos como de desconocidos, que ha recibido desde que hizo público el caso. La campaña de firmas que inició hace una semana lleva más 17.300 rúbricas recogidas. “Es algo que no me esperaba. Fue una decisión muy dura explicar la historia a los medios de comunicación, pero ahora sé que valió la pena”.