Una muerte por sobredosis enturbia aún más el crimen de la Guardia Urbana

Muere en Wad-Ras la reclusa que se prestó a ayudar a la agente Rosa Peral para desentrañar las maniobras de otras internas contra ella

Rosa Peral con una de sus mascotas / CG
18.03.2018 00:00 h.
5 min

Fuentes de la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Rehabilitación han confirmado a este medio que el pasado domingo, 11 de marzo, apareció muerta en su celda de la cárcel de Wad-Ras la interna Claudia Rodríguez Zúñiga, de 22 años. Según los informes preliminares, esa mujer habría fallecido por sobredosis de heroína.

Claudia no era una presa cualquiera. Coincidió en el mismo módulo con Rosa Peral, la agente de la Guardia Urbana encarcelada por la muerte de su novio, el también guardia Pedro Rodríguez, en un sumario en el que está también preso el examante de Rosa Albert López, principal implicado en el homicidio.

Denunció presiones

Durante los meses que Rosa Peral estuvo en la cárcel de Wad-Ras sufrió todo tipo de presiones por parte de un determinado grupo de internas, liderado por una reclusa llamada Jennifer. Según las denuncias de Peral, el acoso que padeció en aquella cárcel se inició cuando ella se negó a mantener relaciones sexuales con Jennifer.

Pocos días después, esa reclusa y otra interna amiga suya trataron de chantajearla y llegaron a declarar que Rosa buscaba un sicario desde la cárcel para matar a su exmarido Rubén Carbó. Llegaron, incluso, a especificar que Rosa habría puesto sobre la mesa 30.000 euros a tal efecto. La guardia urbana detenida niega esa acusación de forma radical por falsa y estentórea.

Traslado urgente

La situación en la cárcel de Wad-Ras de Rosa Peral se tornó insostenible y la dirección general creyó oportuno su traslado al centro de Brians 1 en cuyo módulo de mujeres ocupa, en la actualidad, una celda desde finales del año pasado.

Por lo tanto, Rosa y Claudia desde hace más de tres meses que no tenían contacto. Sin embargo, el 1 de marzo, desde Wad-Ras, Claudia le envió una carta a Peral en la que se ponía a su disposición para denunciar con nombre y apellidos a las personas que se habían conjurado para perjudicar a la guardia urbana.

La carta de la verdad

Según esta misiva, a la que ha tenido acceso Crónica Global, la reclusa de Wad-Ras le dice a Rosa Peral: “Sobre todo quiero que sepas que estoy dispuesta a ser testigo (y hace referencia a otras dos reclusas más dispuestas a declarar), no dejaré que te hundan y que te juzguen injustamente. Cuenta conmigo, estoy aquí para todo”.

Claudia identifica a la reclusa Jennifer como la que ha urdido “todas las mentiras” contra Peral. Especifica en esa carta: “Quiero que sepas que escuché, con dos compañeras más, mientras estábamos en las escaleras del patio-gym medio escondidas, que todo lo que había dicho era mentira, sólo querían hacerte daño”.

Denuncia por despecho

En esa carta, Claudia también apunta al despecho sexual de Jennifer para justificar su conducta: “Es una injusticia, nada de lo que dicen es verdad. Sé que fue por celos de Jennifer y por las que le siguieron el juego. Me pareció una putada. No comprendo que no quieran entender que no te gustan las mujeres y simplemente por ello putearte”.

El 11 de marzo, diez días después de haber enviado esta carta, Claudia Rodríguez aparecía muerta a causa de una sobredosis de heroína en su celda número 13 de la cárcel de Wad-Ras, la misma que en mayo pasado, casualmente, ocupó Rosa Peral después de ser detenida por el crimen de Foix. Fuentes próximas a la finada han confirmado a este medio que Claudia no era consumidora de heroína.

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