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Las minicasas, una moda que se resiste en España

Minicasas, una moda que se resiste en España

Los hábitos culturales, la falta de legislación y los precios son los factores que dificultan el éxito de las viviendas pequeñas

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Desprenderse de posesiones innecesarias y vivir en 20 metros cuadrados. No todo el mundo está dispuesto a hacerlo, aunque en Estados Unidos se ha popularizado y se ha convertido en un estilo de vida. Las minicasas están de moda en algunos países. Aunque en España aterrizaron hace un tiempo, la idea, de momento, no ha cuajado.

La cultura del cuanto más grande, mejor, unos precios más elevados de lo que uno podría esperar por el tamaño y la falta de regulación de este tipo de construcciones, ya sean móviles o no, son los principales impedimentos que encuentran las minicasas para alcanzar el éxito en el país. En el sector coinciden en que el concepto llama mucho la atención, pero las ventas no se ajustan a las expectativas.

Se trata de viviendas pequeñas, de unos 20 metros cuadrados o 30 metros cuadrados, aunque no hay una superficie establecida para ser consideradas minicasas. Las comodidades que incluyen son todas las que ofrece cualquier otro hogar, con baño completo, lavadora, microondas, nevera o calefacción. El espacio marca la diferencia, aunque el diseño también ha evolucionado desde el típico bungaló.

Vivienda complementaria

Aunque no se ha establecido como una tendencia real, el fenómeno empieza a tener su sitio en el mercado de viviendas vacacionales y complementarias. Así lo consideran varios profesionales que se dedican a la construcción y la venta de este tipo de residencia. Francisco Pacheco es el dueño de Mi casa móvil, compañía que comenzó en el negocio de las minicasas hace 18 años.

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El interior de una minicasa, con el salón-comedor, el baño al fondo y la habitación en el altillo, diseñada y fabricada por el Grupo Ladislao / CG

“Vi el modelo en Inglaterra y lo trajimos aquí. Antes, solo se usaba en campings; ahora, hay gente que vive en ellas”, explica. Otro caso es el de Microcasas, una empresa que complementa un despacho de arquitectos de Madrid. Su gerente, Daniel Corbí, explica en qué punto está el negocio en España: “Es un país cerrado de mente a las tiny houses; hay una inercia cultural que empuja a tener una casa lo más grande que se pueda”.

Vacío legal

Como no se ha convertido en un fenómeno, no existe una legislación concreta en torno a las minicasas. “Es una construcción, de obra mayor o menor, por lo que necesita una licencia, pero la ley no está adaptada al concepto”, considera Corbí. El gerente del Grupo Ladislao, Alberto García, cree que las administraciones locales tienen parte de culpa.

En su caso, solo fabrican casas transportables, igual que en Mi casa móvil. “Si los ayuntamientos no pusieran pegas, tendría más éxito; en verano podrían ir a la playa, y, en invierno, a esquiar”, dice García. El precio es otro de los hándicaps de los clientes a la hora de comprar una vivienda pequeña.

Más caro que una vivienda convencional

El coste de una minicasa con todos los acabados y las instalaciones hechas ronda los 30.000 euros, en función del tamaño y los materiales usados. En Microcasas, por ejemplo, insisten mucho en la idea del aislamiento para llegar a un consumo bajo: “Si uno se mete en una casa de 30 metros cuadrados en pleno verano y las paredes no aíslan del calor, es necesario usar aire acondicionado; y en invierno sucede al revés”, indica Corbí.

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El exterior de una minicasa diseñada y fabricada por Mi casa móvil / CG

Es por esta razón que el precio por metro cuadrado sube. “Cuando viene por primera vez, el cliente cree que una minicasa es barata, pero, en proporción, acaba superando el coste de las viviendas convencionales”, explica el arquitecto gerente de Microcasas. El precio puede llegar a los 1.500 euros por metro cuadrado con las instalación hecha.  

Libertad de movimiento

El público que busca vivir en este tipo de vivienda suele ser joven. Los profesionales del sector consultados creen que uno de los principales atractivos es que, en muchas ocasiones, se trata de casas móviles, que permiten el traslado de forma más o menos sencilla.

Según Pacheco, “éstas se consideran bienes muebles, no inmuebles”. A efectos prácticos, significa que están exentas de según qué impuestos. Otra de las ventajas económicas se da en los casos en los que el cliente o sus allegados tienen en propiedad un terreno.