Un 80% de los 'millennials' en paro no reciben ayudas por desempleo

La mayoría de jóvenes sin trabajo de entre 25 y 37 años tienen altos niveles de formación, no reciben prestaciones y acaban dependiendo económicamente de sus familias

'Millennials' en el trabajo / FREEPIK
11.02.2019 00:00 h.
11 min

Nacieron entre 1982 y 1994, son una de las generaciones mejores formadas de la historia y, sin embargo, su vida laboral oscila entre la precariedad y el desempleo. Son los denominados millennials. Uno de los colectivos menos protegidos por las administraciones cuando se quedan sin trabajo.

Esa es una de las conclusiones de una encuesta a 1.082 jóvenes de entre 25 y 37 años en paro realizada por Infoempleo. Según este estudio, la también llamada generación Y cuenta en un 65% de los casos con formación superior, lo cual suele suponer menores tasas de inactividad. Pero, entre las muchas trabas que encuentran para acceder a un trabajo, destacan la falta de experiencia profesional, la elevada competencia o la carencia de contactos.

Larga duración

A pesar de este elevado nivel de estudios, se trata de un colectivo muy castigado desde el punto de vista laboral. Así, prácticamente la mitad de estos jóvenes sin empleo (el 49,7%) aseguran llevar medio año o más en esta situación: un 19,2%, entre seis y 12 meses; el 12,3% entre uno y dos años; y el 18,2% más de dos años. En el resto de casos (el 50,3%), la tasa de inactividad es menor: el 31% llevan tres meses o menos; y el 19,3% entre tres y seis meses.

Y no es por falta de ganas, ya que siete de cada 10 millennials en paro preferiría trabajar a cobrar una prestación por desempleo los próximos seis meses, aunque ésta fuera del mismo importe que su salario.

Sin ayudas, recurren a la familia

Uno de los mayores problemas que sufre este grupo generacional es la falta de ayudas para paliar su situación. El 79,5% de estos jóvenes en paro asegura no recibir ningún tipo de prestación ni subsidio por desempleo. Por esta razón, la mayoría (el 59,3%) se apoya en su familia para salir adelante; el 24,3% recurre a sus propios ahorros; un 9,1% realiza trabajos sin declarar; el 2,7% recibe otras prestaciones o pensiones; el 2% tiene otras fuentes de ingresos; el 1,5% recurre a la beneficencia; mientras que el 1% tiene rentas patrimoniales.

Fuentes sindicales apuntan a la precariedad y el tipo de empleos y contrataciones que se generan como dos de los principales causas del problema. “Se encadenan contratos temporales que luego no sirven para cotizar ni recibir prestaciones. Las coberturas llegan a muy pocos”, explica Irene Ortiz, Coordinadora Nacional de Acció Jove de Comisiones Obreras (CCOO).

Falta de ofertas

Entrar en el mercado laboral no es, además, fácil para ellos. Un 63,2% de los encuestados asegura no haber recibido ninguna oferta por parte de las empresas. Y a esto se suma otro problema más: la existencia de empleos ilegales, es decir, en los que no se da de alta en la Seguridad Social. Un 36,5% asegura haber recibido ofertas para trabajar “en negro”: un 44% las aceptaron en su momento, mientras que el 56% restante las rechazó.

“Se está asumiendo que hay que pasar por entre cuatro y seis contratos hasta tener uno indefinido. Se ha acabado normalizando esto. Un contrato temporal debería serlo sólo si lo es en realidad, no puede ser que se use para luego despedir gratis”, apunta Eduardo Magaldi, responsable de la asociación juvenil de UGT RUGE (Revolución Ugetista).

Mercado laboral y emigración

Por estas razones, aunque según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2018 apunta a que la media de parados entre los 25 y los 34 años se sitúa en torno al 17%, la cifra resulta a su juicio engañosa, puesto que, según le consta, la inmensa mayoría de los contratos que se firman en esta franja de edad son temporales o a tiempo parcial “y casi la mitad de ellos, de menos de un mes”, asegura.

Un reciente estudio de CC.OO titulado #GeneraciónMóvil apuntaba que la tasa de temporalidad de los menores de 30 años afecta casi al 60% de los trabajadores, casi el triple que en el caso de los mayores de esa edad. Y la devaluación salarial durante la crisis impactó sobre todo en ellos: entre 2008 y 2016, el salario medio de los menores de 20 años cayó un 28%. A eso se suma el hecho de que el alto nivel de estudios no encuentra a menudo correspondencia en el mercado laboral español, donde se suelen ofrecer “otros puestos en hostelería, servicios, turismo o comercio de bajos salarios”, según Magaldi. Eso lleva a muchos de los jóvenes más preparados a emigrar a otros países. Y desplaza, además, a los menos cualificados, que se quedan sin oportunidades por tener currículums más modestos. “Hay jóvenes que no han tenido una buena orientación profesional y están fuera del mercado, a los que se debería dar acceso a esa formación, atendiendo a sus perfiles. No se está potenciando la FP lo suficiente”, valora.

Eduardo Magaldi, sindicalista de UGT

Eduardo Magaldi, sindicalista de UGT

Precariedad

Otra de las trabas es el tipo de trabajos a los cuales acceden, muchos de ellos de plataformas digitales, donde se ofrecen “empleos precarios y con malas condiciones que se camuflan como algo idílico gracias a la tecnología y se venden cosas como la flexibilidad horaria sin serlo. Por ejemplo, de un rider de bicis se dice que puede adaptar sus horarios, pero en realidad existen franjas calientes en las que tienes que estar sí o sí y acaba siendo peor. Son autónomos, trabajan en la calle, sufren accidentes laborales...”, denuncia.

Caso aparte es el caso del abuso de las prácticas, un fenómeno que, según Magaldi, se da incluso en grandes empresas con beneficios. “Se ha creado un sistema de precarización en torno a las becas y se dan responsabilidades a los jóvenes mayores de las que les corresponden. Se aprovechan de ellos. Debería haber sistemas de control sobre esas trampas”, expone.

Juventud y falta de experiencia

Por lo que respecta a las causas por las cuales muchos millennials se encuentran en paro en la actualidad, los afectados destacan las siguientes en la encuesta: la mayoría (el 32%), por haber acabado su relación laboral, el 13% está en busca de su primer empleo, un 9% por haber cambiado de residencia, otro 9% por despido, el 8,5% por sus estudios, un 7,5% puso fin a su contrato de forma voluntaria, el 6,1% se dedicó a un trabajo de temporada que finalizó, y el 4,8% se vio afectado por un cierre de empresa.

La falta de experiencia --algo lógico, por su edad-- supone otra barrera más. De hecho, es la principal para muchos de los millennials encuestados: nada menos que el 45,8%. A continuación se encuentran otras causas, como la elevada competencia para un puesto de trabajo (42,4%) o la falta de contactos (28,7%). Otros achacan su inactividad a la mala suerte (18,9%), a que sus estudios no tienen demanda en el mercado laboral (17,5%), a su edad (13,9%), o a la falta de estudios (11,9%).

Círculo vicioso

A pesar de todo ello, estos jóvenes de 25 a 37 años aspirantes a un empleo no pierden la esperanza ni el optimismo. Tres de cada cuatro ven probable o muy probable encontrar trabajo en los próximos meses, por un 25% que lo consideran muy poco factible. La formación es otro de los aspectos que siempre tienen muy presentes: un 86,9% cree que, ampliándola, sus perspectivas mejorarán. De hecho, muchos de estos desempleados aprovechan su situación para continuar estudiando (65,8%). Y, en la mayoría de casos (un 80%) no descartan dar un giro a su carrera profesional como alternativa.

La situación de precariedad laboral se acaba convirtiendo en buena parte de los casos en un círculo vicioso que se traslada a la vida personal. En Cataluña, la tasa de emancipación de los jóvenes de entre 16 y 29 años pasó del 32,6% previo a la crisis de 2007 a apenas un 23,8% en 2017, según datos de la Agencia Catalana de la Juventud, dependiente de la Consejería de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias. En toda España, la tasa de jóvenes emancipados menores de 29 años no llega ni al 20%, según los datos dados a conocer el pasado diciembre por el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, correspondientes al primer semestre de 2017. “Los pocos que logran acceder a una vivienda destinan gran parte de sus rentas a eso. Y, de los que consiguen irse de casa, muchos acaban viviendo en pisos compartidos. También han bajado las ayudas a la emancipación juvenil. Y sin trabajo ni vivienda es muy difícil que puedan formar una familia”, advierte Ortiz.

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