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Cartel de la campaña del Black Friday de 2021

Me gusta / No me gusta: el Black Friday

A dos semanas de la popular campaña de descuentos comerciales, vuelve la polémica: ¿Son reales las rebajas? ¿Qué ganan los consumidores? ¿Qué consecuencias tiene la iniciativa?

Aleix Mercader / Víctor Recacha
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El Black Friday, por Aleix Mercader
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El Black Friday, por Aleix Mercader

El Black Friday se ha convertido en el azote de los apóstoles del consumo responsable. Aunque todavía no nos han explicado en qué consiste esta tendencia más allá de vaguedades sobre el imperialismo yanki y llamamientos al activismo climático. ¿Qué hay de malo en que los comercios liberen su stock para renovar su oferta? ¿Y en que los consumidores encuentren gangas y ahorren algo de dinero adelantándose a las compras navideñas?

 

Por supuesto que hay timos. Pero en una sociedad cada vez más digitalizada, donde los ciudadanos amanecen a diario con decenas de mails promocionales en su buzón, no cuelan las amenazas sobre los riesgos del e-commerce. Los beneficios del Black Friday para los clientes y para las empresas, sean multinacionales o tiendas de barrio, no son distintos a los de las rebajas de enero y las de mitad de temporada. Las grandes marcas sacarán mayor tajada, obviamente, pero eso ocurre ahora y en otras épocas del año. Tras el impacto económico del Covid conviene reactivar la economía. Así que consumamos, con cabeza y sin moralina.

El Black Friday, por Víctor Recacha
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El Black Friday, por Víctor Recacha

La fiesta del consumismo tiene la particularidad de que quienes participan en ella con el objetivo de ahorrar de algún modo siempre terminan gastando más. Este es el principal objetivo del Black Friday, estimular las ventas de las grandes cadenas comerciales. Cada vez merece menos la pena navegar entre las aglomeraciones que se forman en las tiendas para hacerse con algún producto rebajado --si es que la estampida deja alguno de interés--, pero quienes se atrevan a intentarlo harán bien de no fiarse de las promociones y comprobar precios en la competencia para evitar estafas.

 

Más allá de los dudosos beneficios que pueda tener esta campaña de origen estadounidense en el bolsillo de los compradores, donde su impacto es verdaderamente devastador es en el pequeño comercio, las tiendas de barrio que, o no pueden competir con las agresivas rebajas de las multinacionales, o sencillamente, se añaden a la iniciativa a costa de sus ya pírricos márgenes. Por otro lado, el consumo desmedido es cada vez más contrario al signo de los tiempos en una sociedad que debería reaccionar ante retos globales como la emergencia climática.