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Un hombre mayor en soledad sentado en un banco frente a un parque / CG

De mayor, la soledad

Siete de cada diez ancianos acompañados por las oenegé son mujeres de más de 85 años que presentan nivel socioeconómico bajo

7 min

La pirámide de población española se invierte de forma progresiva. Ya hay en nuestro país casi 9 millones de personas mayores de 65 años. De ellas, dos millones viven completamente solas. Se calcula que más de la mitad de estos ancianos que viven sin ningún tipo de compañía en España sufre de soledad no deseada. Asociaciones sensibilizadas con las dificultades de la tercera edad advierten de este creciente problema social que cada vez afecta a más personas y que, advierten, se agravará todavía más en un futuro cercano. Con 57 rupturas por cada cien matrimonios y con una tendencia creciente a quedarse únicamente con un hijo o a no tener ninguno, en 30 o 40 años estaremos ante una emergencia social. En la Ciudad Condal, según los datos que facilitó el Ayuntamiento de Barcelona a finales de enero, los bomberos tuvieron que destrozar, en 2019, las puertas de 141 domicilios para rescatar los cadáveres de otras tantas personas que habían fallecido sin que absolutamente nadie les echara de menos. Un anciano muriendo solo cada dos días. ¿Cómo afronta nuestro país este drama?

“La soledad en la vejez no es algo nuevo, pero sí es ahora cuando hay más personas que la padecen”. Lo sabe bien Albert Quiles, director gerente de Amigos de los Mayores, asociación que lleva 32 años ayudando a paliar la sensación de soledad no deseada de los mayores. Actualmente esta entidad cuenta con más de 1.900 voluntarios en toda España que ofrecen compañía a 2.800 mayores. “Desarrollamos programas de acompañamiento emocional en domicilios y en residencias, con el fin de facilitar una amistad y relación de intimidad (dimensión emocional de la soledad) y también hacemos acompañamiento grupal mediante actividades de socialización para facilitar el restablecimiento de relaciones sociales y la participación de las personas mayores (dimensión social de la soledad)”, explica.

Efectos sobre la salud

“De las personas a las que acompañamos, dos de cada tres viven físicamente solas, pero el resto no. Nos encontramos con muchas personas mayores que han sufrido pérdidas familiares y de su entorno. El hecho de vivir solo sí que es un factor de riesgo para sufrir soledad no deseada, aunque una persona se puede sentir sola conviviendo con otros. La soledad es un sentimiento subjetivo único en cada persona que puede sufrirse en situaciones distintas y dispares.  Hay una soledad distinta para cada persona”, aclara el director gerente de la oenegé.

Aunque es algo que se puede intuir, ya hay profesionales que alertan de cómo la soledad no deseada puede afectar de forma muy negativa a la salud. En su último libro, El cerebro que cura, Álvaro Pascual, catedrático de la Universidad de Harvard, afirma que la soledad puede ser una enfermedad mortal. Del mismo parecer es Albert Quiles. “Si no nos relacionamos y perdemos la ilusión para realizar actividades tendemos a abandonarnos como personas, y esto puede tener efectos sobre el cuerpo humano. Se trataría de un círculo vicioso. No nos relacionamos, nos abandonamos y como nos abandonamos, perdemos oportunidades de relación. Ello, a su vez, nos afecta negativamente. Hay varios estudios e investigaciones en los que se analiza más profundamente cómo la soledad tiene un impacto directo en la salud física y psicológica de las personas”, sostiene.  

El 70% son mujeres mayores de 85 años

En cuanto al perfil de las personas a las que Amigos de los Mayores asisten, “más del 70 % son mujeres, con una edad media de 85 años y con un nivel socioeconómico medio-bajo”, detalla la dirección. “Acompañamos a personas mayores de numerosos municipios en España, concretamente en 48. Y detectamos, sobre todo en núcleos urbanos de más de 100.000 habitantes, que la situación, por todos los factores relacionados, empeora más”, añade.

Con más de 381.000 personas en España viviendo en residencias, advierten desde esta entidad que trabaja en todo el territorio español que vivir en estos centros, rodeados de otras personas y con asistencia sanitaria profesional no evita que la persona pueda sufrir soledad no deseada, “porque no hace falta vivir físicamente sin compañía para sentirte muy solo. Vivir solo es un factor de riesgo, pero no un factor necesario. Nos encontramos con una tipología diversa de centros de personas mayores; también con sociosanitarios en las que hay profesionales que tratan de ofrecer una atención muy adecuada a las personas mayores residentes, pero también con algunas en las que vivir resulta una experiencia triste y difícil. Las residencias no deberían ser un aparcamiento de ancianos. Cuando esto ocurre, pone de manifiesto las carencias que tenemos como sociedad al no mirar la vejez como una oportunidad sino como un lastre”.

Sociedad sensibilizada, pero no lo suficiente

Si los pronósticos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se cumplen, en poco más de una década, en 2033, uno de cada cuatro españoles tendrá 65 años o más. Serán ya 12 millones de personas frente a los casi 9 millones que hay ahora. En 2068 serán 15 millones, de los que alrededor de 7 millones superarán los 80 años. En 2033, el número de personas que viven solas aumentará hasta alcanzar los 5,8 millones.

“Es verdad que la sociedad cada vez está más sensibilizada, pero no es suficiente, hacen falta muchas más campañas de sensibilización para explicar la soledad no deseada como problema social y, desde luego, hace falta poner este problema en el centro de las políticas públicas. En resumen, es necesario que, desde la sociedad civil, desde las administraciones públicas y desde los diferentes agentes sociales nos coordinemos para terminar con las consecuencias negativas que conlleva sufrir abandono”.