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Un grupo de 'manteros' venden pareos en la playa de Barcelona / CG

La Semana Santa precipita la presencia de ‘manteros’

La venta ambulante prolifera con la llegada de turistas a la ciudad en puntos que antes no eran habituales

6 min

El top manta se ha convertido en un problema cíclico que aparece cada año coincidiendo con el destape ciudadano propio del buen tiempo. El clima veraniego que invita a los paseos callejeros y la llegada masiva de turistas han arrastrado consigo una afluencia de vendedores ambulantes en distintos puntos de Barcelona.

Hasta ahora, la imagen de las mantas en el suelo ofreciendo productos de reconocidas marcas a precios escandalosamente baratos podía verse tímidamente durante los últimos meses de la primavera y cogía fuerza, sobre todo, a partir del mes de junio.

Vendedores ambulantes frente a la Sagrada Familia / CG

Vendedores ambulantes frente a la Sagrada Familia / CG

Este año, el fenómeno se ha precipitado y el aluvión de manteros ocupando las calles de la Ciudad Condal se ha preparado, desde el primer día, para recibir a los que la visitan en Semana Santa.

Comercios afectados

“Estamos aún peor que el año pasado” explica a Crónica Global Pili, propietaria del quiosco situado en el paseo Joan de Borbó, en el barrio de la Barceloneta. Cuenta que este año, por estas fechas, todavía no había presencia de los vendedores ambulantes alrededor de su negocio.

Un 'mantero' situado frente al quiosco de la Barceloneta / CG

Un 'mantero' situado frente al quiosco de la Barceloneta / CG 

Ahora, en cambio, tiene que cerrar el quiosco cada día a las 14.00 horas, cuando normalmente lo hacía a las 20.00 horas. Con la bajada de ventas de los periódicos, se vio obligada a vender también toallas, sandalias, cubos de plástico y demás derivados playeros, pero los manteros venden lo mismo que ellas y colocan sus mantas, además, justo enfrente de su quiosco.

“Nos hacen invisibles, nadie se acerca porque les bloquean el paso”, sostiene, e informa de que un policía le preguntó recientemente si los vendedores ambulantes la provocaban. “Si le parece poca provocación que se pongan a vender justo delante de mí…” contestó ella.

Chiringuitos ‘salpicados’

La propietaria del quiosco ha perdido 15.000 euros en los últimos años por el descenso de ventas: “Los he cogido de mis ahorros para destinarlos al negocio y no tener que cerrar. Tengo 60 años y soy demasiado mayor para buscarme ahora otro trabajo”. Pero no es el único comercio de la zona que ha registrado pérdidas por el mismo motivo.

Trozos de celo colocados por los 'manteros' para enganchar los pareos al suelo / CG

Trozos de celo colocados por los 'manteros' para enganchar los pareos al suelo / CG

Los chiringuitos situados a pie de playa también se han visto afectados por la venta ambulante, en este caso, de mojitos. Cuestan cinco euros --precio negociable si a uno no le acaba de convencer de entrada--, tienen un color verde más cercano al fluorescente que a la menta y están calientes. Para el vendedor, sin embargo, no es problema, invitan al consumidor a acudir al chiringuito más cercano a pedir hielo y cañitas.

Frente a las terrazas, una hilera de pareos perfectamente ordenada permanece enganchada al suelo por las esquinas con trozos de celo, ocupando toda la zona de peatones. Hasta que llega la policía. Entonces se producen las carreras que emulan el juego del ratón y el gato: recogen sus mantas, se avisan entre ellos, corren unos metros y se paran en seco. Los agentes ni siquiera se bajan de los coches patrulla, aceleran y frenan también en seco. Se producen unos segundos de enfrentamiento lejano y cruces de miradas en los que unos y otros parecen dejarse claro que ése es su territorio. Luego, todo vuelve a la situación anterior.

Una turista sostiene un pareo que pretendía comprar mientras ocurre la persecución policial. Sin entender nada, persigue al mantero que lo vende alargando el brazo para devolverle el pañuelo. “¡No! ¡No! ¡Policía!” dice él. Ella lo acompaña hasta su escondite, tras el chiringuito, y continúa buscando variedades.

Intervenciones policiales

Situaciones como esta ocurren, además, en otras zonas como la plaza de la Sagrada Familia, donde los vendedores ambulantes extienden sus mantas al grito de “llaveros a un euro” o el repiqueteo de una castañuelas. Pero también se dan en otros puntos donde hasta ahora no se les había visto, como el Arc de Triomf o incluso los búnkeres del Carmel.

Un vendedor ambulante en el mirador de los búnkeres del Carmelo / CG

Un vendedor ambulante en el mirador de los búnkeres del Carmelo / CG

El Ayuntamiento de Barcelona, por su parte, mantiene que “no se permitirá un uso abusivo del espacio público” a través de una presencia policial que prioriza la seguridad de los ciudadanos, de los agentes y de los vendedores, maximizando las garantías de seguridad de toda intervención.

“Las premisas de intervención se basan en los principios de oportunidad, proporcionalidad y congruencia para garantizar el uso del espacio público y la convivencia”, dice a este medio una portavoz municipal. Y recuerda que la Guardia Urbana de Barcelona colabora con el resto de cuerpos policiales que tienen competencia en la materia.

Una patrulla de Mossos d'Esquadra, frente a un grupo de 'manteros' en la playa de Barcelona / CG