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Una madre y su hijo muestran su relación maternofilial / PIXABAY

Madres tóxicas: cuando falla la relación maternofilial

La falta de recursos emocionales o económicos y la frustración pueden llevar a una progenitora a provocar miedo, problemas de autoestima y daños neurobiológicos en sus hijos

6 min

La relación de un hijo con su madre es una de las más importantes en la vida de cualquier persona, probablemente la que más determinante sea para su futuro. Sin embargo, aunque parezca una perogrullada, no todas las madres son buenas madres. Y muchas ni siquiera son conscientes. Y es que no ser buena madre poco tiene que ver con lo que la mayoría imagina y, sin embargo, puede tener consecuencias muy dañinas para la personalidad del pequeño futuro adulto.

"Una madre, como cualquier ser humano, es una persona que tiene sus limitaciones, sus miedos, sus esperanzas, etc. Consideramos que una madre es tóxica cuando provoca miedo o malestar en los hijos. Es decir, que sus intenciones pueden ser muy buenas, pero los resultados, desastrosos”, explica Manuel Hernández, psicólogo especialista en apego, neurobiología y emociones.

Falta de recursos emocionales

Aunque hay diferentes tipos de madres tóxicas, todas tienen un nexo común: “no son capaces de entender, o no quieren ver, las necesidades de sus hijos. Bien porque ponen sus prioridades por delante, bien porque los educan desde el miedo haciéndoles sentir que el mundo es peligroso, o con reglas constantes y exigencias que sobrepasan la capacidad del niño”, señala Hernández, autor de varios libros sobre el apego.

Pero ¿qué lleva a una madre a convertirse en tóxica? ¿Son madres que no quieren a sus hijos? “Yo parto de la base que la inmensa mayoría de las madres quieren a sus hijos y quieren lo mejor para ellos. Pero a menudo este tipo de madres tienen una capacidad muy limitada para soportar la frustración o no son capaces de adaptar su comportamiento a las circunstancias. El origen del problema es que carecen de recursos emocionales para regularse afectivamente con los demás, incluidos sus propios hijos”, lamenta Manuel Hernández. Además, este psicólogo cree que puede haber también un problema de falta de recursos más prácticos, como por ejemplo “económicos, laborales y de tiempo para poder estar bien con ellas mismas y sus pequeños. Sí que es cierto que algunas personas son narcisistas desde muy pequeñas y ser madre es para ellas algo circunstancial, por lo que la relación con sus hijos la viven desde el egoísmo”. “Aunque --insiste Hernández-- la mayoría de las madres tóxicas lo son porque carecen de recursos para manejar la frustración o el miedo, o el cansancio”.

Graves daños en la autoestima del niño

Crecer teniendo un deficiente vínculo materno no es, en absoluto, inocuo. Al contrario, “provoca daño en múltiples niveles del niño, desde la neurobiología hasta problemas médicos, aunque esto obviamente dependerá de la gravedad del daño en esa relación. No obstante, en todos los casos provocará daños en la autoestima y en la forma de ese niño de relacionarse con los demás, en una forma extrema u otra. Por ejemplo, siendo demasiado introvertido o extrovertido, cuidador o narcisista etc.

Los hijos de madres tóxicas deben hacer un sobresfuerzo para relacionarse con el mundo. Gran parte de la energía que deberían gastar en jugar, relacionarse, etc., la deben gastar en protegerse”, considera este psicólogo, que atiende de forma presencial en Málaga.

El perdón

Para Manuel Hernández, superar esta falta de (buen) amor materno es imposible: “Soy de la opinión de que eso no se supera nunca, creo que se aprende a vivir con eso. Pero si hay otras personas que puedan dar un vínculo sano, la persona puede sobrevivir a esas carencias de un modo mucho más adecuado. Estas personas pueden ser un padre, abuelos, hermanos, profesores y, en la adolescencia, amigos o parejas”.

¿Se puede perdonar? “El perdón desde la comprensión de que la otra persona hizo lo que pudo es sano, desde la imposición no”, sostiene este psicólogo, experto en apego y trauma. “Hay que entender que las personas con traumas de apego viven en una ambivalencia constante. Necesitan el cariño de esa madre --no importa la edad que tengan-- y tienen miedo de ser absorbidos o rechazados por su progenitora. La solución es reflexionar y tratar de estar lo suficientemente cerca para no sentir culpa y lo suficientemente lejos para no tener miedo. Las soluciones extremas en estos casos suelen dar resultados peores que el sufrimiento que se quiere evitar”, concluye.