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Estudiantes universitarios.

Los universitarios extranjeros pasan de largo de España

Unos 40.000 alumnos vienen cada año al jolgorio del Erasmus, pero apenas 15.000 acaban una carrera en nuestros campus

Antonio M. Yagüe
22.01.2016 22:47 h.
6 min

Un informe-lamento de los rectores españoles ha refrescado la debacle de la universidad española, cada vez con menos alumnos, medios y un profesorado más endogámico y envejecido. La presencia del alumnado extranjero es, como en el anuncio, la mejor prueba del algodón de la calidad de un sistema universitario. Los foráneos que cursan estudios no llegan al 5% de todo el alumnado. Según datos del Ministerio de Educación, casi 40.000 figuran matriculados dentro del programa de intercambio Erasmus, y de los 35.631 restantes solo 15.291 se van con algún título firmado por el Rey de España.

Este pobre resultado contrasta con el hecho de que España se ha convertido en uno de los destinos favoritos del famoso programa europeo, rebautizado en ambientes estudiantiles como 'Orgasmus'. Los propios participantes reconocen que más que las carreras y las oportunidades de formación (grado, posgrado o doctorado) les atrae el ambiente, el carácter, el clima y la cultura. En otras palabras: fiesta, paella, buen clima, jolgorio, copas y fin de noche con compañía.

Más hispanoamericanos a Francia

Pero lo cierto es que, a la hora de la plantearse unos estudios con porvenir, Italia les atrae el doble; Alemania, el triple; Suiza, cuatro veces más, e Inglaterra, cinco. Se entiende la hegemonía del modelo anglosajón, pero los estudios demuestran que hasta los estudiantes hispanoamericanos, los más numerosos, prefieren Francia.

La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue) con su presidente a la cabeza, Segundo Piriz, apunta varias causas que lastran el proceso de internacionalización que el presidente Zapatero impulsó con medios y campañas hasta que se topó con la crisis: las trabas burocráticas, los precios de las matrículas y la escasa oferta de estudios en inglés o al menos bilingües. Esquivan el bajo prestigio, con la excepción de las escuelas de negocios (IESE, ESADE, Instituto de Empresa), del que gozan los campus españoles en los rankings internacionales. Solo la Universidad de Barcelona figura entre las posiciones 150 y 200 y otras cuatro, las Autónomas de Barcelona y Madrid, la Complutense y la Pompeu Fabra, entre los puestos 200 y 300.

Burocracia eterna

Si en el campo de la calidad se salvan algunas facultades y escuelas técnicas, la tradicional burocracia española que dejaba pasmados a los viajeros ingleses del siglo XVIII es lo primero con que se topan los aspirantes: notas de Bachillerato armonizadas, homologaciones de títulos y traducciones juradas, equivalencias de programas, visados de residencia, certificados sanitarios… Y por si fuera poco, hasta el curso que viene, cuando quedará eliminada, se les exige superar la selectividad, con unas pruebas en las que se les preguntaba qué es una catáfora, comentarios de textos de escritores tan 'universales' como Jesús Moncada y Arturo Pérez Reverte, o formular en química la obtención del alcohol a partir de la patata.

Matrículas por las nubes

Otro gran obstáculo, sobre todo para los estudiantes de países no comunitarios, es el elevado precio de las matrículas. Han de pagar el precio total, sin subvención o ayuda alguna, que oscila entre los 5.000 y los 6000 euros.

Además, España es el sexto país de toda Europa con tasas de matrícula más caras. A modo de ejemplo, para los propios comunitarios cuestan varios miles de euros, mientras que en cualquiera de la universidades públicas francesas se cobran 250 euros, o 900 en Lovaina (Bélgica). Un estudio del banco británico HSBC resalta que la suma de tasas y manutención en el primer ciclo de la enseñanza universitaria suponen 5.273 euros en España frente a los 5.029 en Alemania.

Inglés muy deficiente

Si la elección tras examinar los costes todavía dudosa, hay otros dos obstáculos que dificultan la internacionalización: el caos de grados de tres o cuatro años (en casi todo el mundo son de tres) y la falta de titulaciones en inglés. Francisco Michavila, director de la cátedra Unesco y responsable del estudio de la Crue, atribuye a esta carencia que países como Dinamarca o Suecia atraigan a más alumnos extranjeros.

Cierto que algunas universidades, sobre todo en los másteres, están haciendo grandes esfuerzos por incorporar profesores que dominen la lengua de Shakespeare, el idioma del trabajo y el que se va a exigir en mercado laboral. Los datos más fiables aseguran que ya hay unos 20 másteres que se imparten totalmente en inglés, fundamentalmente en universidades privadas, y que una treintena de titulaciones de grado cuentan con entre el 50% y el 100% de inglés en su currículo. Pero eso, de momento, no sirve para salir del pozo.

Ventajas y malos detalles

La ignorancia ha llevado incluso a algún mandatario a dudar de las ventajas de que vengan alumnos extranjeros. Los responsables de internacionalización de la Complutense de Madrid lo tienen muy claro: "Muchos de estos estudiantes acaban siendo mandatarios o empresarios en sus países de origen y suelen generar un vínculo muy importante con el país en el que han estudiado".

El Gobierno debería favorecerlo. Hasta en aspectos o detalles menores. "Tras siete años de licenciatura y doctorado en Filología, conocer la historia y haberme leído hasta el Amadís de Gaula, lo que ni la mitad de los académicos han hecho, a la hora de nacionalizarme me exigen un examen de 300 preguntas para acreditar mi integración como ciudadana", lamenta Inna Narodiskaya, rusa residente en Madrid.

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