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"Los okupas de mi piso van a las reuniones de la comunidad"

M., un barcelonés que se hipotecó para comprar su casa, pasa aprietos económicos después de que radicales asaltaran su vivienda

4 min

"Los okupas de mi piso van hasta a las reuniones de vecinos". Este es el mensaje que envía M., un barcelonés cuya vivienda ha sido tomada por varios jóvenes antisistema de la Ciudad Condal. El vecino alerta de que sufre problemas económicos tras el asalto de su piso en la calle Riera de Tena del barrio de Sants, ya que la okupación le impide venderlo o alquilarlo. Por su parte, los inquilinos ofrecen mediación, pero amenazan con violencia si se les echa del apartamento.

"Como otras tantas otras familias nos hipotecamos a mediados de los 2000. En 2006/2007 firmamos una hipoteca-puente para irnos a otro apartamento mayor, pues ya teníamos dos críos. Con la venta del piso anterior teníamos que pagar el nuevo. No obstante, en aquel momento todo se hundió", lamenta el ciudadano.

El hundimiento fue la caída en picado del precio de la vivienda. El primer piso de M. había perdido valor. El banco rechazó la venta. Por si fuera poco, el vecino, con esposa y dos hijos, se encontraba con dos hipotecas que no podía pagar, pues también perdió su empleo.

Okupado

La situación se tornó dramática en 2014. Aquel año, una de las caras visibles de la icónica casa okupada Can Vies de Barcelona tomó su casa. "Rubén Molina, alias Pau Guerra, se metió en mi piso, que se había quedado vacío después de que los últimos inquilinos impagaran la renta durante seis meses", explica el denunciante.

"Vinieron ocho furgonetas de Mossos d'Esquadra --continúa-- a desalojarlo. Lo hizo sin presentar batalla. Pocos meses después, se coló otro grupo de jóvenes, aunque habíamos asegurado la puerta".

"Es de un banco"

Los anticapitalistas se atrincheraron en el interior de la vivienda. Rehusaron hacerse cargo de los problemas de M. y se quedaron en el interior. Argumentaron que el piso era de un banco.

"No es de ninguna entidad bancaria. Lo sigo pagando yo, aunque ya ha empezado la ejecución hipotecaria. De hecho, voy pagando poco a poco las cuotas de la comunidad que debo", matiza el barcelonés.

Al tiempo, los ocupantes se empezaron a sentir como en casa y acudían a las reuniones de la escalera. "Defendían que no hacían barullo, que eran pacíficos. Los vecinos les reprobaron que hubieran tomado un piso que era de otra persona, no de una gran empresa o banco", agrega.

"No me echaréis"

Uno de los ocupantes sorprende a este diario ante el apartamento cuando M. está explicando su situación. Acude desafiante. "No me echaréis. La ley está de mi parte. Ofrezco diálogo, mediación. Vayamos a la PAH [Plataforma de Afectados por la Hipoteca]", argumenta.

"Pero si venís de malas, la tendremos. Duermo con un palo al lado de la cama. No os temo. No voy a poner la otra mejilla. Me dedico a esto: cojo pisos de bancos. Que no vengan armarios a echarnos, porque me defenderé. Sólo tengo que avisar por Telegram y tendré a todo Can Vies aquí. A las buenas, todo. A las malas, habrá problemas", zanja antes de volver a su nueva casa y cerrar la puerta.