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Un nuevo estudio señala que los germenes propiciaron la monogamia.

Los gérmenes nos hicieron monógamos

Un nuevo estudio conjunto entre Canadá y Alemania señala que el emparejamiento de por vida no sería fruto ni de la religión ni del romanticismo

4 min
¿Por qué los humanos se hicieron monógamos y recharazon la promiscuidad aparente de sus ancestros más directos? Esta es una pregunta que la religión, el romanticismo y la ciencia ha intentado contestar de manera muy diversa.

Hasta hace bien poco no se sabían identificar los motivos por los que el ser humano, de naturaleza promiscua, se había pasado de forma tan mayoritaria a la monogamia, formando parejas estables que, en muchos casos, han durado toda la vida.

¿Y el amor verdadero?

Un nuevo estudio científico elaborado de forma conjunta entre dos universidades de Canadá y Alemania y publicado en la revista Nature Communication demuestra que fueron los gérmenes, y no el amor verdadero, quienes propició el paso a la monogamia.

El caos producido por la eclosión de enfermedades de transmisión sexual convenció a nuestros antepasados de que era mejor emparejarse de por vida y, por esta razón, esa práctica se ha mantenido hasta hoy.

El autor principal del estudio y profesor de la Universidad de Waterloo en Canadá, Chris Bauch, explica a Crónica Global que, hasta ahora, se había estudiado desde distintas disciplinas “los beneficios” que conlleva la monogamia por lo que respecta a la "mejora de los lazos emocionales" o “la reducción de la violencia”, entre los más destacado. 

Su equipo, sin embargo, se centró en las causas de la misma y estudiaron la incidencia de los gérmenes para la emergencia de la monogamia. Bauch y su compañero Richard McElreath, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania, decidieron probar dicha hipotésis a través de una simulación por ordenador. 

Etapa agrícola

El estudio observó que las enfermedades de transmisión sexual florecieron justo cuando los “cazadores-recolectores prehistóricos” se establecieron en aldeas, pueblos y ciudades para vivir de la agricultura y la ramadería.

Los investigadores desarrollaron un modelo matemático de los datos demográficos del grupo de cazadores-recolectores y se cree que, muy probablemente, las enfermedades sexuales se extiendieron entre ellos.

“Muchas sociedades humanas hicieron una transición de la poligamia a una monogamia impuesta socialmente a partir de la aparición de la agricultura y de los grupos residenciales más grandes", relata el estudio.

La fertilidad, en juego

La propagación de enfermedades podría haber afectado de forma muy notable a la fertilidad individual y a la tasa de reproducción general de un grupo.

La caída de las cifras de población que se experimentó en aquella época obligó a llevar a cabo un replanteamiento de la conducta sexual, que a su vez dio lugar a nuevas costumbres sociales que la religión, la educación o la moral se han encargado de preservar.

Asimismo, en pequeños grupos de no más de 30 personas, con ninguna posibilidad de propagación de la epidemia, los brotes de infecciones de transmisión sexual fueron generalmente de corta duración, explica el equipo en su estudio. Es decir, que las enfermedades solo tendrían incidencia en los grupos grandes.

De la pareja estable, al matrimonio

Para que el matrimonio se haya mantenido de forma tan prolongada en el tiempo es que ha significado una evolución para las comunidades humanas. Si fuera algo artificial o muy alejado a la naturaleza humana, habría caído por su propio peso. Sin embargo, los beneficios que ha conllevado tanto a nivel reproductivo, como de salubridad, de cohesión social y disminución de la violencia son factores de peso para que esta institución se haya mantenido en el tiempo.

Bauch también cree que, a día de hoy, y en el ídilico escenario de que se erradicaran las enfermedades sexuales, no significaría una eventual supresión de la monogamia. “Muchas especies tienen más éxito y tienen más descendencia adoptando una estrategia monógama”, concluye.