Menú Buscar
El torero Víctor Barrio en el momento de la cogida que le costó la vida.

Los escarnios al torero Barrio muestran la frecuente impunidad en las redes sociales

Interior detecta cada año 1.200 delitos de odio, pero pocos acaban con condena

Antonio M. Yagüe
2 min

Es verdad que muchas asociaciones antitaurinas las han rechazado. Pero taurinos y ciudadanos de muchos sectores de la sociedad han mostrado su indignación ante las barbaridades difundidas a través de las redes sociales alegrándose de la muerte del torero Víctor Barrio. Algunos lo calificaron de "asesino de toros" y celebraron de forma macabra que el toro Lorenzo hubiera acabado con su vida.

Las críticas duelen sobre todo, porque los agraviados consideran que estos cerdónimos de las redes se mueven de forma anónima y prácticamente impune. Y la impunidad, según varios estudios, favorece el acoso.

Querellas y delitos de odio

La Fundación del Toro de Lidia, una plataforma social formada por ganaderos y aficionados, ha llevado ante los tribunales al menos a seis de ellos con querellas por ataques al derecho al honor, a la intimidad y a la dignidad de las personas, e incitación al odio.

Los delitos de odio están tipificados, castigados y son investigados por la Guardia Civil y otros cuerpos policiales, pero su persecución legal es complicada y pocos acaban en sanciones o penas.

En 2014, según los últimos datos disponibles del Ministerio del Interior, hubo 1.200 delitos motivados por odio y discriminación. Pero no se precisan los que tuvieron como vehículo las redes sociales.

Compañías 'comprensivas"

Los especialistas policiales en la materia aseguran que la mayoría de los insultados o acosados no lo denuncian. También advierten de que muchos de los mensajes se envían desde fuera de España y las compañías de redes sociales "se muestran muy comprensivas" y no ven tan claras las agresiones por aquello de que debe primar por encima de todo la libertad de expresión.

Resultado: solo se cierran las cuentas a partir del segundo aviso. O del tercero, preceptivo en los toros para devolverlos al corral. Las condenas firmes también vienen despacio y con una dificultad: es posible hacer desaparecer las pruebas. La mayoría de las víctimas lo tienen, en sentido figurado, bastante claro.