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Interior del teatro del Liceu / EP

El Liceu se prepara para hacer frente al coronaviurs

Los asistentes deberán escalonar la entrada, mantener las distancias de seguridad y nunca superarán el 70% del aforo total

6 min

El Liceu levantará de nuevo el telón tras la crisis del coronavirus. La pandemia sigue presente, pero el teatro de la ópera de Barcelona recupera la programación de la temporada con ganas de normalidad. Como mínimo, la que permite el Covid-19. Por este motivo desde la dirección de la institución han preparado un protocolo que incluye garantizar la distancia de seguridad dentro de las instalaciones en todo momento.

El aforo máximo permitido se ha incrementado hasta el 70% en los equipamientos culturales del área metropolitana de Barcelona, según anunció la Generalitat este lunes por la mañana. La nueva normativa entrará en vigor cuando se publiquen en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, previsiblemente el martes. Aun así, el Procicat ha pedido al sector cultural "extremar" los controles y la afluencia en las zonas comunes de sus equipamientos para evitar aglomeraciones. Fuentes sindicales del Liceu señalan que se cumplirá en todo momento. 

Medidas estrictas

Mantener la distancia de entre 1,5 y 2 metros en las filas de butacas no será la única medida aplicada por el gran teatro de la ópera en Cataluña. Para evitar las colas en la entrada de la función, todos aquellos que hayan comprado una entrada obtendrán una citación para una hora concreta. Deberán personarse en alguna de las puertas de las instalaciones de las Ramblas en ese momento. Por dónde entren dependerá de la ubicación exacta de su localidad. Además, se entrará y se saldrá por puertas diferentes para evitar cruces cara a cara con otras personas del público. 

La mascarilla será obligatoria durante toda la función, así como durante el descanso y los momentos previos y posteriores a la representación. También lo será para los cantantes del coro, que deberán llevarla durante su interpretación hasta nuevo aviso. Por último, se tomará la temperatura tanto a los trabajadores como al público a través de una serie de cámaras térmicas colocadas estratégicamente. 

Polémica en el Teatro Real

El teatro de la ópera de Barcelona levantará el telón días después de la polémica en el Teatro Real de Madrid. La institución cultural ha sido acusada de clasista por, presuntamente, tomar medidas de seguridad diferentes según la situación de la butaca de los asistentes, tal y como se afirma en redes sociales. La representación de este domingo tuvo que ser suspendida por las quejas de los asistentes, ya que el paraíso (el gallinero) de la instalción estaba más lleno que el patio de butacas. Fuentes de la organización niegan de frente las censuras que les llegan y reconocen un error en organizar al público que aseguran que subsanarán en el corto plazo. 

Para mejorar la medidas de protección frente al coronavirus, el Teatro Real decidió rebajar el límite total de entradas que se podían vender al 65% del aforo en lugar del 75% permitido en Madrid. Pero en lugar de delimitar las butacas por zonas y realizar un proceso de venta que garantizase la misma densidad de público en todas las ubicaciones de las instalaciones, se frenó la comercialización de entradas cuando se llegó al límite establecido. Como suele ser habitual, las que tuvieron más salida fueron las más baratas, de ahí la diferencia entre la ocupación en el paraíso y la platea. Los mismos interlocutores señalan que en la jornada anterior, el día de la estrena, la imagen que se dió fue la inversa.

Menos entradas a precio popular

Como suele ser la función que concentra mayor número de abonados, en el gallinero se respetó entonces más la distancia de seguridad que en el resto del edificio. Con todo, se recalca que el uso de mascarilla y las dimensiones del edificio, que llega a los 70 metros de altura con la consiguiente renovación de aire, garantiza la seguridad de los asistentes. 

Los cambios que se esperan para los próximos días sí que generarán un perjuicio social en el Teatro Real. En este supuesto, se limitará el número de entradas a precios populares disponibles. Se calcula que se dejarán de comercializar el 35% de las localidades que hacen accesible la ópera a todos los bolsillos.