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La Clínica Barraquer de Barcelona fue pionera en turismo sanitario para cirugía ocular.

Las terapias de fertilidad y estética son los tratamientos estrella del turismo sanitario

La legislación más permisiva que la de otros países y la calidad de las clínicas atraen a España a miles de pacientes europeos

Antonio M. Yagüe
13.02.2016 23:48 h.
4 min

Desde la promulgación de la puntera ley de reproducción asistida en el 2006, obra de la ministra Elena Salgado, España se ha convertido en un polo de atracción para parejas femeninas y madres solteras que quieren tener hijos. También para las parejas en general que tienen problemas de fertilidad, algo cada vez más frecuente dado el retraso en la edad de la maternidad de las sociedades occidentales.

En comparación con países de nuestro entorno, la legislación española permite una donación totalmente anónima de semen a cualquier mujer que lo pida, independientemente de si tiene pareja o proyecto de ella, como exigen en algunos países. También es anónima y flexible la donación de óvulos, y sujeta a contraprestación económica.

Precios competitivos

Los tratamientos no son baratos pero sí muy competitivos respecto a otros países. Una simple inseminación artificial viene a costar unos 1.000 euros. En España, se realizan cada año unas 60.000. Si hay que repetir ciclos o recurrir a la fecundación in vitro y, además se necesitan óvulos donados por otra mujer, cada nuevo intento se dispara hasta los 7.000 euros. Entonces, la factura se puede elevar a varias decenas de miles de euros. Pero cada ciclo ronda los 10.000 euros en otros países.

Como resultado, según datos del V Simposio Internacional de Reproducción Asistida, al menos un 20% de los pacientes de las clínicas españolas es extranjero, principalmente de Italia, Alemania y Francia, y en menor medida, de Portugal, Gran Bretaña y Suecia.

Siempre en clínicas privadas, a las que también recurren el otro 80% de mujeres españolas, por la lista de espera de hasta años en la sanidad pública.

Locos por los ‘arreglos’

Los arreglos de belleza o la cirugía estética, además de la cirugía ocular sobre todo en Barcelona, son otro de los productos más demandados por quienes practican el turismo sanitario.

No en vano, España es el cuarto país del mundo con mayor número de operaciones de cirugía plástica y estética tras Estados Unidos, Brasil y Venezuela.

Los principales clientes foráneos son alemanes e ingleses. En esta especialidad hay dos perfiles. El primero, jóvenes que se quieren hace aumentos de mama o liposucciones y buscan países de sanidad más barata. El segundo, menos jóvenes que, aunque paguen lo mismo o más que en su país, buscan la clínica o el médico de renombre para tratamientos más delicados, desde rejuvenecimiento facial a cirugía reparadora o corregir operaciones defectuosas.

Gran aumento de la demanda

Según Med&Beauty, la demanda del turismo de belleza y salud ha aumentado un 40% en los últimos cinco años. Además, estos pacientes, que también aman los tratamientos termales y antiestrés, manejan más dinero.

Ricardo Pagán, director de la cátedra de Turismo, Salud y Bienestar de la Universidad de Málaga, ha certificado en general que los turistas movidos por mejorar su salud “gastan de 8 a 10 euros más que el turista medio, que dejó 110 euros diarios en 2015”.