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El Ayuntamiento de Madrid pide opinión a sus ciudadanos sobre los belenes públicos para Navidad.

La 'nueva política' cuestiona las tradiciones de Navidad

El poder público trata de transformar algunas convenciones con el fin de representar su modelo ideal de sociedad

Laura Fàbregas
5 min

La llamada 'nueva política' ha llegado en muchas ciudades y municipios de España tras las elecciones de mayo. Con la formación de nuevos Ejecutivos como ha sucedido en Valencia, Barcelona, Madrid o Santiago de Compostela, estos nuevos actores políticos pretenden transformar algunos de los hábitos y costumbres de nuestras tradiciones.

La llegada de la Navidad ha evidenciado algunas de estos inéditos replantamientos que la nueva política quiere aplicar. Estas medidas, explican sus promotores, van destinadas a hacer pedagogía de la pluralidad que impera en nuestras sociedades abiertas y tratan de avanzar en algunos aspectos como la igualdad de género.

La cuestión, sin embargo, ha abierto un debate sobre los límites de estos cambios en la tradiciones y si se puede llegar a extremos carentes de toda lógica.

Prohibido nombrar la Navidad

El alcalde de Valencia por Compromís, Joan Ribó, ha decidido felicitar este periodo navideño sin utilizar la palabra Navidad. En la postal enviada desde el Ayuntamiento que preside se desea “alegría en estas fiestas y que el año nuevo sea siempre mejor”.

La edil de Barcelona, Ada Colau, también se mostró reticente a utilizar la palabra Navidad y sustituyó el término por “solsticio de invierno”. Una de las argumentaciones dadas por su equipo fue tratar de conscienciar sobre la pluralidad religiosa que existe en una de las ciudades con más inmigración de España.

Perseguir el Belén tradicional

El gobierno municipal de Rincón de la Victoria, en Málaga, formado por PSOE, IU, Ahora Rincón --formación que incluye a Podemos-- y el PA ha decidido prescindir del belén municipal que había engalanado en años anteriores el Ayuntamiento.

La concejal de Cultura, Alina Caravaca, alegó que "el edificio administrativo central del municipio” debía “respetar la visión aconfesional del Estado”.

Forzar la igualdad de género

Algunas de las medidas tienen más sentido que otras. Y es que una cosa es respetar la neutralidad institucional, y otra querer cambiar el sexo de los personajes míticos de la Navidad. Este cambio de género se ha producido en Madrid, en los distritos de Puente de Vallecas y San Blas, donde el rey Melchor y Gaspar serán interpretados por una mujer durante la cabalgata tradicional de los reyes mágicos.

El psiquiatra Francisco Traver valora en Crónica Global de “ridículas” estas medidas. Según el psiquiatra, estas iniciativas “forman parte del plan de erosión” para cambiar patrones y hábitos consolidados. Traver, que tiene un blog de neurociencia llamado Neurociencia Neurocultura, discrepa de que muchas de las medidas públicas sean efectivas o tengan un aspecto constructivo.

Dinámica integral de Wilber

Traver introduce el tema de "la dinámica integral" del filósofo Ken Wilber cuando considera que está detrás de muchas de las ideas sostenidas por la llamada nueva política. Esta dinámica se basa en modelos diseñados para la transformación cultural, donde la nueva élite política abraza valores que considera mejores. A través de disciplinas como la psicología o la sociología se trata de crear otro marco valorial y conductual.

Otro que se ha añadido a las críticas a esta suerte de revisionismo de nuestras tradiciones es el periodista Rubén Amón. En un artículo en El País trata de arrojar un poco de luz sobre el asunto cuando denuncia que la nueva política confunde la cultura y la tradición, con su connotación religiosa: “Algunos exponentes de la nueva política amalgaman la cultura y la tradición con su prolongación religiosa y eclesiástica, naturalmente en una sociedad, la nuestra, que ha degradado la Educación hasta el extremo de desproveer a los estudiantes de referencias filosóficas, mitológicas y religiosas”.

¿Mantener o transformar?

Las formaciones políticas tienen distintas opiniones al respecto. Los partidarios de estas medidas consideran, por un lado, que contribuye a avanzar socialmente. Otros sostienen que desde las instancias públicas no se debe entrar en ninguna creencia específica y tratan de situar el asunto solo en el ámbito privado.

La cuestión, sin embargo, permanece abierta y el dilema se presenta cuándo se trata de estipular, por un lado, hasta qué grado hay que transformar o mantener nuestras tradiciones y, por el otro, cuánto hay de razonable o de delirante en los cambios.