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Imagen de una muestra de saliva en una prueba de paternidad / EFE

La fiebre de los test de paternidad

Precios populares, imitación de los famosos, herencias y pensiones tras un divorcio han disparado el mercado de las pruebas de ADN

5 min

El motivo principal suele ser confirmar si el padre legal es también el biológico. Y las estadísticas más fiables dan negativo en un 15% de los casos. Pero infidelidades u otras razones aparte, las pruebas de paternidad se han duplicado en España en los últimos cinco años.

Ya superan las 5.000 anuales. Solo en 2015 se tramitaron 1.485 peticiones judiciales de análisis de ADN para determinar la filiación en los laboratorios del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Cuando se empezaron a registrar estas pruebas, en 2007, sumaban 401.

Sólo en el último año, la demanda ha aumentado más de un 20%, según las decenas de laboratorios que han hecho de la genética un boyante y competitivo negocio. Reconocen el tirón de famosos que las han popularizado, como el histórico Manuel Benítez o el actual presentador Pepe Navarro. Pero, sobre todo, consideran decisiva la imparable reducción de precios.

Baratos y rápidos

“Investigar el ADN ya es algo normal. La gente no tiene tanto miedo a las murmuraciones ni a enfrentarse a los resultados”, aseguran en la compañía biotecnológica Genómica, que realiza test desde 1990. Hoy ofrece las pruebas “a partir de 205 euros” y los resultados “en cinco días”. Incluso por correo electrónico. Hace solo tres años, el precio rondaba los 500 euros.

Internet se ha llenado de ofertas. Simplemente “para salir de dudas” y para uso legal. Teclear en Google “prueba de paternidad” reporta 400.000 resultados en un segundo. Test “fiables, asequibles, precisos, rápidos”. Basta con pedir, por teléfono o Internet, un kit que haría las delicias de Gil Grissom, de CSI: con sus bastoncillos incluidos para recoger las muestras del interior de la boca.

Algunos centros especializados en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao rebajan hasta 150 euros el test para uso privado y completamente anónimo, sin incluir al solicitante en ninguna base de datos. Las pruebas suelen tener un plus si son para uso legal, ya que no basta con una simple muestra de saliva y cabello, un chupete o un cepillo de dientes. Son necesarios documentos y la presencia del menor con un representante y otros requisitos legales.

Dinero y sospechas

Desde 1981, cuando un juez admitió por primera vez en España la prueba de paternidad en un proceso, las páginas rosas y los archivos judiciales se han llenado de nombres de famosos que han tenido que pasar por el aro del ADN. Como trasfondo mediático bulle el poder, el dinero, una gran herencia y un sinfín de acusaciones y sospechas de arribismo e interés.

Presidentes como Evo Morales, acaudaladas familias como los March, Koplowitz o Ruiz-Mateos se han visto envueltos en demandas de reconocimiento de paternidades. Y hasta el Rey emérito Juan Carlos y su difunto abuelo Alfonso XIII, presunto padre del recién fallecido hijo bastardo Leandro Borbón Ruiz.

La negativa a las pruebas en España, donde la Constitución ampara explícitamente el derecho a conocer la paternidad, suele llevar a la imposición judicial. Es el caso de Manuel Benítez el Cordobés con su hija María Ángeles; de Diego Armando Maradona con su hijo Dieguito; de Joaquín Cortés y Alberto de Mónaco, entre otros.

Más recientemente, a Pepe Navarro se le adjudicó por esta vía un hijo de Ivonne Reyes. Pero un test low cost  con resultados negativos realizado por una hija del presentador y divulgado en la prensa ha encendido la polémica. Sin embargo, Julio Iglesias y otros famosos se han salvado de las pruebas y del reconocimiento.

Divorciados y recelosos

Al margen del famoseo, los laboratorios aseguran que el grueso de los demandantes son ciudadanos de a pie. Antes eran mayoritariamente las mujeres quienes reclamaban estas pruebas, en muchos casos para confirmar la responsabilidad filial de un famoso. Hoy son hombres divorciados quienes las solicitan para evitar pagar la pensión de manutención tras un divorcio o un desliz amoroso.

“Hay bastantes casos de mujeres extranjeras que se quedan embarazadas de un español y éste, receloso, quiere saber si el hijo es efectivamente suyo”, asegura Cristina, portavoz de un importante centro malagueño.