Menú Buscar
Javier O'Farrill, médico de familia y presidente del Sector Primaria ICS del sindicato Metges de Catalunya / METGES DE CATALUNYA

Javier O’Farrill, médico: “Necesitamos recursos, protección y 1.000 facultativos más en los CAP"

El coronavirus ha agravado la precariedad del sistema sanitario y desde Metges de Catalunya reclaman más medios y revertir los recortes para poder luchar contra la pandemia

14 min

Javier O’Farrill, presidente del Sector Primaria ICS del sindicato Metges de Catalunya y médico de familia del CAP Blanes, vive desde primera línea la pandemia de coronavirus y conoce bien los graves efectos que ésta está teniendo entre la población y los profesionales sanitarios. El pasado jueves fue uno de los miles de facultativos que, desde sus centros de trabajo, guardaron dos minutos de silencio en memoria de sus compañeros muertos por esta enfermedad.

Con cerca de medio centenar de sanitarios fallecidos en España según las cifras oficiales --76, según informó el sábado El Español-- y más de 50.000 contagiados --casi un 20% del total de la población--, O’Farrill alerta en conversación con Crónica Global sobre la gravedad de la situación, el peligro de un posible rebrote y reivindica “más medios, personal y protección” para un sector que, en los últimos años, ha sufrido como pocos las consecuencias de los recortes presupuestarios.

“Desde el sindicato ya avisábamos de que el sistema sanitario es endeble; si con una gripe ya teníamos a pacientes durmiendo en los pasillos de los hospitales, en la situación actual el sistema no ha podido soportarlo”, explica este médico y sindicalista.

Falta de test

Una sobrecarga que también afecta a los Centros de Atención Primaria (CAP), que en todo este tiempo han tenido que atender a decenas de miles de pacientes afectados por la pandemia. En especial, los leves o con síntomas de tener el Covid-19 a los que, si no requieren atención hospitalaria, se les prescribe una estricta reclusión domiciliaria y se controla su evolución por teléfono, con llamadas periódicas para controlar su temperatura y estado de salud. Sólo en Cataluña, la Generalitat reconoce la existencia de unas 200.000 personas con síntomas de la enfermedad a las que no se les ha hecho ningún test de detección para confirmarlo.

“Aquí sólo se han hecho test PCR a nivel hospitalario. A los pacientes leves, por protocolo, se les ha marcado el autoaislamiento, evitando el contacto con la familia y sin salir de casa para evitar contagios. A estas personas leves no se les ha hecho el test. A los casos moderados, más críticos o graves, se les ha derivado al hospital y allí se les hace un estudio. Por tanto, en estos casos leves o asintomáticos no sabemos si tienen el Covid-19 con exactitud, porque no se les ha hecho la prueba”, denuncia el facultativo.

Hace justo una semana, la consejera de Salud, Alba Vergés, anunció el inicio del reparto de pruebas PCR para los CAP de las zonas que ya se encuentran en la fase 1 de la desescalada del confinamiento --en la que aún no se encuentran Barcelona ni su área metropolitana, donde reside la mayoría de la población catalana--.

Según los datos del Ministerio de Sanidad, Cataluña es la Comunidad Autónoma que menos test rápidos de anticuerpos realiza a su población de toda España, y la novena en el ratio de PCR por cada 1.000 habitantes.

Urgen EPIs y más medios

La elaboración de estos test supone un trabajo añadido para los facultativos: “En Cataluña, en Atención Primaria estamos asumiendo ahora la detección de nuevos casos haciendo pruebas PCR, el rastreo de sus contactos y la atención a las residencias geriátricas, que han pasado al Departamento de Salud. Esto requiere dotación de personal, de medidas de protección como los EPI. Necesitamos más cantidad, porque el stock es endeble, no tenemos mascarillas FPP2/FPP3, que son las que deberían llevar los facultativos y profesionales sanitarios. En los centros no podemos mantener las distancias de seguridad. Para auscultar o examinar pacientes tenemos que aproximarnos a menos de los dos metros”, recuerda O’Farrill. “Necesitamos esas EPI, necesitamos ropa sanitaria, porque ya no podemos trabajar como antes, con ropa de calle y una bata médica. Ahora, para evitar los contagios, es imprescindible que en la Atención Primaria todo el personal vaya equipado como en los hospitales”, señala.

Trabajadores sanitarios en la entrada de Urgencias del Hospital Universitario Doctor Josep Trueta de Girona durante la epidemia de coronavirus / EUROPA PRESS
Trabajadores sanitarios en la entrada de Urgencias del Hospital Trueta de Girona durante la epidemia de coronavirus / EUROPA PRESS

En este sentido, Metges de Catalunya (MC) ha denunciado que un 65% de los facultativos de los CAP limpian por sus propios medios en casa esa ropa sanitaria, con el riesgo de contagio que eso supone para ellos y sus familias, debido a la falta de recambios y la frecuencia insuficiente de lavado de las lavanderías de los ambulatorios.

Recortes y necesidad de 1.000 facultativos

Una de las principales causas de la precaria situación de la Sanidad catalana han sido, en su opinión, los recortes presupuestarios aplicados en la última década. Recortes que también han afectado de lleno a los CAP: “La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que se debe destinar un 25% de un presupuesto de Salud a la Atención Primaria para hacer su labor. Aquí tenemos un presupuesto que llega sólo al 16,9%. Esto es mucho menos de lo que teníamos en el 2010”, apunta.

Eso ha conllevado graves consecuencias para el sistema sanitario. Entre ellos, la saturación y la falta de personal: "Hoy por hoy, en Cataluña necesitaríamos unos 1.000 o 1.500 profesionales facultativos más para poder enfrentar la nueva etapa" sólo en la Atención Primaria. “Por eso hay que recuperar al menos los 920 facultativos que se perdieron desde 2010, y más, porque la actividad es mucho mayor que en aquel momento”, apunta.

Pérdida de un 30% del poder adquisitivo

Los recortes sanitarios conllevaron, además, pérdidas salariales de un 5% para los profesionales sanitarios. Y algunos, incluso, están cobrando menos ahora que antes de la pandemia. Según denuncia Metges de Catalunya, las retribuciones de facultativos se han reducido en hasta 1.000 euros en la nómina de abril en algún hospital como el de Can Ruti (Badalona), debido a la alteración de la jornada laboral por el establecimiento de turnos de 12 horas y la supresión de las guardias que se han dejado de abonar.

Desde MC han acusado incluso a la Generalitat de “menospreciar" a los facultativos por haber excluido a este sindicato mayoritario en el sector de las negociaciones para abordar una compensación económica para los trabajadores en primera línea de la lucha contra el Covid-19.

“Está bien que nos compensen por eso, pero nos gustaría que nos devuelvan ese 5% de media que perdimos con los recortes. En los últimos años, hemos perdido entre un 28% y un 30% de poder adquisitivo. Eso significa, del 2010 hasta la fecha, 10 meses y 22 días menos de salario. Además, debería reconocerse el nivel de peligrosidad de nuestro trabajo, como a los bomberos, contemplar el coronavirus como enfermedad profesional, y otras cuestiones como la devolución de la paga del 2014, que aún no la han pagado, las extras pendientes...”, expone O’Farrill.

Imagen de una manifestación en Barcelona contra los recortes en sanidad, en febrero de 2013
Imagen de una manifestación en Barcelona contra los recortes en sanidad, en febrero de 2013

Prepararse ante los rebrotes

Dada la situación, la pregunta es obvia: ¿está la sanidad española, y la catalana en particular, preparada para hacer frente a un posible rebrote de la pandemia? La respuesta es obvia: si no se la dota de más personal y recursos, no.

“Ahora conocemos más al coronavirus, podemos diagnosticar con mayor facilidad. Pero para estar preparados, el sistema debe tener una dotación económica, de personal y de protección correcta, y nunca vista. Y no sólo eso. Este virus vino para quedarse. Por lo tanto, debemos espabilarnos para evitar la aparición del siguiente brote. Hay que concienciar a la población. La educación sanitaria es muy importante para prevenir que llegue esa segunda oleada”, indica O’Farrill.

Y a corto plazo, ¿qué futuro nos depara? ¿Cómo se está gestionando, por ejemplo, el día a día o la vuelta a la actividad de enfermos a los que no se les hace test? O'Farrill recuerda que las personas con síntomas pueden contagiar, así como las que son asintomáticas: "Hay diferentes estudios que estiman en entre un 10% y un 20% la población asintomática", apunta. Por ello, reclama poder disponer de más medios y test para hacer diagnósticos con plenas garantías. Considerando, además, que cada tipo de test –PCR o test rápidos-- tiene sus propias características, puede ser complementario, y es más o menos fiable en función de la fase en la que se encuentra la enfermedad.

“Los profesionales se van”

Con todas estas carencias, este martes, 19 de mayo, se celebra el Día del Médico de Familia. Como tal, y como sindicalista, ¿cuáles son sus principales reivindicaciones? “Exigimos justicia por el riesgo y la desprotección que hemos tenido, por los compañeros que se han contagiado o muerto. Respeto por nuestros derechos laborales, por el tiempo de trabajo. O tener material como los PCR y los diferentes test, y poder hacer un diagnóstico más acertado al paciente. Y respeto a los médicos residentes. El residente es un profesional en formación al que de la noche a la mañana le han pedido que se convierta en asistencial, y no se le retribuye igual, sino menos, haciendo la misma labor. Y reconocimiento por el trabajo realizado en la Atención Primaria. En retribución, en España, somos de los últimos de Europa, siendo la cuarta economía. Hay profesionales que se marchan. Los autóctonos, mira cuántos se quedan en los ambulatorios. Y se van a Irlanda, a Bélgica, Finlandia, Alemania… Allí se los rifan. Y no es sólo por el dinero, sino porque también tienen dignidad en el trabajo, porque trabajan de forma adecuada, porque tienen una visita cada 20 o 30 minutos y pueden atender a los pacientes sin correr”, afirma.

O'Farrill, asimismo, lamenta que, con la pandemia y la reclusión actual, la Atención Primaria haya perdido "la esencia del contacto con el paciente, la proximidad", y se vea obligada a trabajar con unos medios y unas vías que no son "las idóneas".