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Imagen de 'la rotonda del conejo', situada en la ronda de Dalt a su paso por el Hospital Sant Joan de Déu / CG

Invasión de conejos en Esplugues de Llobregat

El ayuntamiento asegura que existen colonias de estos animales, pero no actuará contra ellas

24.12.2016 21:00 h.
3 min

Quienes suelen transitar por las calles, vías y carreteras de las cercanías de Esplugues de Llobregat, en Barcelona, están acostumbrados a ello. Al menos, quizá hayan dejado de preguntarse por qué esa localidad está llena de colonias de conejos que viven y se procrean en la zona.

“Esta es la rotonda del conejo”, dice un taxista a este medio a su paso por la Ronda de Dalt, a la altura del Hospital Sant Joan de Déu. Efectivamente, una treintena de conejos brincan entre los árboles del microespacio verde, situado junto a una carretera por la que habitualmente la circulación de vehículos es bastante elevada.

Sin intervención municipal

Pese a que conoce la existencia de los animales, el hombre no sabe el motivo de su presencia y explica que “llevan ya un tiempo ahí”. El Ayuntamiento de Barcelona asegura a Crónica Global que se trata de un asunto de la localidad llobregatense, por lo que se remite al consistorio del municipio vecino.

Tras varias interlocuciones con diferentes personas de esta última administración, tales como “me suena que había algo de conejos” o “lo pregunto por ahí a ver si saben algo”, se constata que más que una problemática, se entiende como una curiosidad. “Sí, tenemos conocimiento de que hay varias colonias de conejos por aquí, pero el ayuntamiento no va a hacer nada en especial. Somos conscientes de que estamos al lado de la montaña de Collserola”, informa a este medio una portavoz del equipo de gobierno municipal.

Situación con precedentes

Tarragona fue el escenario de un asunto parecido en 2013. Un grupo de conejos y cobayas se adueñó de la rotonda del barrio de Sant Pere i Sant Pau, situado en el norte de la ciudad. El ayuntamiento tarraconense tampoco se planteó tomar medidas con el argumento de que no había quejas vecinales ni peligro para los peatones.

Es más, agradecían el arduo trabajo que los roedores llevaban a cabo con el césped de la rotonda en la que se encontraban, pese a que todas aquellas personas que iban a visitarlos les llevaban frutas, verduras y hasta bebederos. Una actitud que contrasta con la de aquellos que previamente habían abandonado a todos estos conejos en aquella rotonda.