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Sala de despiece en una planta cárnica de España, cuyos trabajadores elevan el tono de sus protestas / CG

La industria cárnica española, una potencia mundial

La Universidad de Oxford analiza la posibilidad de imponer un impuesto al consumo de carne para impulsar las dietas sanas y proteger al planeta

24.03.2018 09:00 h.
5 min

La industria cárnica española, que reacciona con lentitud ante los cambios de hábitos veganos, es una de las más potentes del mundo. Representa un 2% del PIB nacional con una cifra de negocios que ronda los 22.000 millones de euros. El Ministerio de Economía habla de 8.000 empresas, con 7.500 establecimientos, 600 mataderos y más de 80.000 empleados. Los productos cárnicos se llevan el 16% de la cesta de la compra, más de 13.000 millones al año, según el informe Nielsen.

David Ruipérez, periodista y escritor especializado en temas de salud y ciencia, considera que se trata de un gigante con muchas voces, que, sobre todo, debe ofrecer información y transparencia “para que cada uno decida libremente cómo quiere alimentarse”.

Autor del El carnívoro feliz, Ruipérez defiende que los españoles no tenemos por qué renunciar a comer carne y podemos hacerlo “por puro placer”. Constata que los veganos son más activos y militantes, y que sus seguidores escenifican cierto éxito social, al contrario que los carnívoros. “Ya nadie --advierte-- se exhibe comiendo chuletones. Ni fumando”. Tras hacer un balance con más contras que pros, aconseja “comer menos carne, pero mejor carne”.

Ahorro planetario

Eliminar por completo la proteína animal de nuestras dietas supondría, según el movimiento vegano, un ahorro mundial de un billón de euros para 2050, en gastos de salud (obesidad, diabetes, resistencia a los antibióticos, cáncer y enfermedades cardiovasculares).

En esta partida se incluyen los ahorros medioambientales. Considera que la producción mundial de la carne emite más CO2 que todos los coches, aviones, trenes y barcos del planeta. A la ganadería se le atribuyen el 15% del total de gases de efecto invernadero y elevadas emisiones de metano que producen los procesos digestivos de los rumiantes.

Impuesto del pecado

Pero como ni con estas parece que estemos dispuestos a renunciar al chuletón del fin de semana, en universidades como la de Oxford se han puesto a trabajar en medidas disuasorias, como gravar con un impuesto del 40% a la carne de reses, del 20% a los productos lácteos y del 8% a los derivados del pollo. Una extensión de los llamados “impuestos del pecado”, como los que se aplican a las bebidas alcohólicas, al tabaco o al juego.

Sus defensores sostienen que así se compensaría el deterioro del planeta y se salvarían al año medio millón de vidas al empujar a la gente a comer más legumbres, frutas y verduras. Lógicamente, habría que garantizar el acceso a la carne y los lácteos de las familias con menos ingresos.

Vegasexuales caricaturescos

La especie de Mundo Feliz vegano lleva incluso a desterrar de la cama a quienes sigan comiendo carne. Según un estudio de la Universidad de Canterbury (Nueva Zelanda) es una tendencia creciente el rechazo a mantener relaciones sexuales, e incluso a besarse, con los consumidores de carne por miedo a contaminarse con sus fluidos.

Los veganos afirman que en el semen y otros fluidos corporales hay partículas y proteínas que provienen de animales muertos. "Quienes comen carne son una especie de cementerio de animales", denuncian.

Falacias

Los científicos consideran que la posible presencia de partículas animales es una falacia. “Puede haber restos en la saliva --explican-- pero en las secreciones es imposible que se encuentren trazos de origen animal, ya que son desechos del cuerpo después de haber sido procesados y reconvertidos. Son iguales a los fluidos del cuerpo de un vegano”,

 “Los caricaturistas deberían formar un sindicato y protestar contra ese intrusismo: si la gente se empeña en autocaricaturizarse, ¿qué les queda a los profesionales de la caricatura”, ha comentado el escritor Sergio del Molino en las redes sociales.