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Taxistas y agentes de la Guardia Civil en el puerto de Barcelona / TWITTER

Independentistas o taxistas: cuando la desobediencia no tiene consecuencias

Las acciones en la calle de diferentes colectivos chocan con los derechos de todos los ciudadanos y abren el debate sobre la permisividad de las autoridades

22.01.2019 00:00 h.
8 min

La desobediencia tiene premio en Cataluña. Forzar situaciones en contra de las instituciones o de los responsables policiales ha comenzado a ser algo habitual. El conflicto en el sector del taxi frente a las VTC ha demostrado que el campo estaba abonado. Este lunes se produjeron momentos de tensión, en las dependencias del Puerto de Barcelona, de igual forma que ocurrió en la conmemoración del referéndum del 1 de octubre en Girona, cuando miembros de CDR ocuparon las vías del AVE. Y esas actuaciones tienen precedentes: desde el Ayuntamiento de Barcelona y desde los partidos independentistas se lleva defendiendo en los últimos años que las "leyes injustas se deben desobedecer".

Los conductores de taxi cortaron este lunes la Ronda Litoral en ambos sentidos en dirección al área portuaria, lo que provocó momentos de tensión después de que los manifestantes hubieran traspasado el cordón que habían establecido los guardias civiles para impedir que accedieran a las dependencias portuarias. Un agente cayó al suelo durante un "forcejeo" y recibió un golpe en la cabeza. Los conductores decidieron pasar al margen del dispositivo policial.

Taxistas en huelga, enfrentándose a los Mossos d'Esquadra ante el Parlament el lunes / CG

Movilizaciones de taxistas 

Derecho de manifestación

El derecho de manifestación es un derecho fundamental recogido en la Constitución. Pero en los últimos años ese derecho se ha transformado en la posibilidad de provocar acciones callejeras que quedan impunes y que pueden ser calificados como delitos de desórdenes públicos, como recoge el artículo 557 del Código Penal, que se castigan con penas de prisión de entre seis meses a tres años.

Los taxistas amenazaban en la tarde de este lunes con cortar la AP-7 y bloquear la frontera con Francia, las mismas acciones que protagonizaron grupos de CDR --el activismo independentista—el pasado 8 de diciembre. Los llamados Comités de Defensa de la República mantuvieron durante quince horas el bloqueo de la autopista AP-7 a la altura de L’Ampolla (Tarragona). Mientras que el pasado 1 de octubre, con el argumento de que se conmemoraba el referéndum del 1 de octubre de 2017, también uno colectivo de los CDR cortaba las vías de la estación del AVE en Girona, a pesar del intento de evitarlo por parte de media docena de miembros del personal de seguridad y de los Mossos d’Esquadra. Tres horas después, los manifestantes abandonaron la estación entre gritos contra el consejero de Interior, Miquel Buch. En ese intervalo se impidió que se detuviera uno de los trenes del AVE para desalojar a pasajeros y que pudieran acceder los que estaban esperando en la estación.

Torra sigue azuzando a los radicales de Arran

Torra, con activistas independentistas

Colau, Mas y la desobediencia

Con esos precedentes, los taxistas han incrementado sus acciones con el ánimo de bloquear vías y accesos. ¿Pueden ahora parar esas movilizaciones las autoridades policiales cuando no lo hicieron con las agitaciones independentistas? En junio de 2015, antes de que llegara a ser alcaldesa, Ada Colau señalaba --en referencia al referéndum de autodeterminación-- que se podía "desobedecer" la ley. Colau consideraba que "si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen. Si queremos relegitimar nuestras instituciones, y yo lo quiero firmemente, y la mayoría de la gente lo que quiere tener es más y mejor democracia es inapelable que la gente pueda tener la última palabra en grandes cuestiones". Con ello, Colau pasaba por encima de la democracia liberal, basada en el respeto a la ley.

En la misma línea se ha pronunciado de forma reiterada la CUP, que, como Colau, llama a desobedecer "las leyes injustas" del Estado. Lo hizo en la campaña por el Sí de cara al referéndum del 1 de octubre de 2017. El lema era Autodeterminación, desobediencia, Países Catalanes: barrámoslos. En el cartel se señalaba las caricaturas del Rey Felipe; la infanta Cristina; el presidente del Gobierno en aquel momento, Mariano Rajoy; el exjefe del Ejecutivo, José María Aznar y los expresidentes de la Generalitat, Jordi Pujol y Artur Mas.

"Referéndum o referéndum"

Pero es que el propio Mas encabezó la vía de la desobediencia, cuando convocó y celebró la consulta del 9N en 2014, pese a las advertencias del Tribunal Constitucional. "Nos han juzgado por tener unas determinadas ideas, y si no, analicen cuántas resoluciones del Tribunal Constitucional ha incumplido el Gobierno y cuántas veces se les ha llevado a los tribunales. No se juzgó por desobedecer al Constitucional, sino por nuestras ideas. Están mintiendo, ellos no las cumplen y no pasa nada, por tanto, no es verdad que la ley sea igual para todos. Se nos quiere hacer pagar por un delito por el que los otros no pagan nunca".

Imagen del corte de tráfico de los CDR en la autovía A2 en Alcarràs (Lleida) el pasado 21 de diciembre / CG

Colectivos de CDR cortando autopistas

Más tarde, el entonces presidente, Carles Puigdemont, reiteraba en el Parlament su proyecto político, basado en "referéndum o referéndum", es decir: referéndum, si se llegaba a pactar con el Estado, o referéndum, por encima del Estado.En los últimos meses ese testigo lo ha recogido el presidente Quim Torra, que invitó a los CDR a "apretar" y reclamar la república catalana, lo que choca de frente con la legalidad del Estado. Ese terreno es el que se ha estado abonando desde el independentismo en los últimos años, con el proceso soberanista. Torra, este mismo fin de semana, apoyaba a unos activistas

¿Cómo actuar?

El analista Antoni Puigverd lo señalaba en un artículo en La Vanguardia, al considerar que el independentismo ha abierto un camino, dando carta de naturaleza a la desobediencia. "Incluso el bárbaro comportamiento de los taxistas (ajenos a la causa independentista) demuestra que en la sociedad catalana empieza a imperar la ley de la selva". Puigverd señala a Mas, con el gran inspirador: "Años atrás, cuando los líderes del procés (el burgués Artur Mas entre ellos) abanderaron la desobediencia, alertamos del mal que se estaba sembrando: si la desobediencia se instala en una sociedad por una causa, todas las demás causas se consideran legitimadas para practicarla".

Los taxistas toman nota, ante la impotencia de las administraciones, que no saben cómo solucionar un problema complejo. Sin embargo, sí se sabe que no se puede descontrolar el orden en las calles, respetando el derecho de manifestación. ¿Pero cuándo actuar? ¿Y contra quién?

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