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Dos monjas caminan por una calle, en una imagen de archivo / EFE

La 'importación' de religiosas ralentiza el cierre de comunidades

Hispanoamérica, África y Asia son los orígenes más habituales de las monjas que llegan a España

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Datos oficiosos aseguran que una de cada cinco religiosas que viven en España es ya de origen extranjero. Pero los expertos de la propia Iglesia admiten que el hecho de importar monjas de otros continentes, especialmente de Hispanoamérica, África y Asia, “no detiene, a lo sumo ralentiza” el cierre de las comunidades religiosas. 

Muchas provienen de países donde la secularización ha sido mayor que en España. También, como ha señalado Francisco, existe el peligro de aceptar al noviciado a candidatos que no tienen una verdadera vocación a la vida consagrada. “Por ese camino --considera el Papa-- no solo no se arregla el problema, sino que lo empeora”. 

Escaso abandono

El Vaticano muestra un especial celo ante abandonos que a veces saltan a la prensa, como el de dos hermanas italianas, que a continuación se casaron con gran escándalo para el mundo católico más tradicional. “Roma los admite sin problema tras la correspondiente solicitud personal”, explica Javier Alonso, profesor de Derecho Canónico. 

Según la Congregación de Institutos de Vida Consagradas y Sociedades de Vida Apostólica, que controla los trámites, cada año unos 3.000 hombres y mujeres dejan esta forma de vida en todo el mundo. “Una cifra superminúscula (el 0,03%) frente a casi un millón de religiosos que continúan con sus oraciones y dedicación a los demás”, advierte Alonso.