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Iglesias: "El patriarcado no es capaz de explicar todas las desigualdades"

La neurocientífica Marta Iglesias es una de las jóvenes promesas españolas en esta disciplina y explica, con datos, algunas de las diferencias conductuales más acentuadas entre sexos

Marta Iglesias habla del patriarcado y la desigualdad entre sexos
28.12.2018 00:00 h.
16 min

Marta Iglesias es investigadora predoctoral en el programa de Neurociencias de la Fundación Champalimaud, Lisboa. Completó sus estudios en biología en la Universidad Autónoma de Madrid, donde colaboró en el laboratorio de Etología Humana del Departamento de Biología. Comenzó su carrera investigadora en el Instituto Cajal, en el laboratorio de Neuroetología. Ha participado en proyectos de investigación en el Departamento de Neurobiología celular de la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania y en el Dto. de Biología Molecular, Weizmann Institute of Science, Israel.

A inicios de diciembre participó en un debate en Bruselas sobre la violencia de género contra el hombre, organizado por Euromind en el Parlamento Europeo. Iglesias es especialista en la influencia de las hormonas en la agresividad tanto de hombres como de mujeres, así como de otras conductas humanas, como es la elección de pareja.

Suicidios, lesiones u homosexualidad

En algunos artículos más divulgativos, esta joven nacida en Las Palmas de Gran Canaria, ha explicado con porcentajes fruto de las investigaciones llevadas a cabo cómo algunas diferencias entre hombres y mujeres son muy acentuadas y no pueden responder solamente a elementos culturales. Por ejemplo, el 92% los perpetradores de un delito de lesiones o contra la seguridad vial son hombres. En la misma línea, si se escoge un hombre y una mujer al azar, en el 75% de las ocasiones la mujer presentará una tendencia más fuerte a tratar de agradar a otras personas con su comportamiento.

Estas diferencias tan marcadas también se observan en los suicidios (los hombres se suicidan en mucha mayor proporción que las mujeres) o en enfermedades como la depresión o el alzhéimer temprano (mucho más frecuente en mujeres). O incluso en la homosexualidad masculina. Las probabilidades de que un hombre de adulto se considere homosexual aumentan en función del número de hermanos varones que le preceden. Por ejemplo, la probabilidad de que un cuarto hermano varón se considere homosexual es el triple de que lo haga un hijo único (un 2% de los hijos únicos son homosexuales, mientras que un 6% de los cuartos hijos lo son).

--Pregunta. ¿Cuál es el papel de las hormonas en la agresividad?

--Respuesta. Todas las hormonas regulan procesos fisiológicos importantes para la supervivencia y/o para la capacidad reproductiva de los animales. Las hormonas sexuales, en concreto, ejercen diferentes funciones tanto en mujeres como en hombres que van desde la activación de la producción de gametos a la aparición de diferentes caracteres sexuales secundarios, y también tienen efectos sobre el comportamiento. Los estudios que más frecuentemente se han llevado a cabo sobre el comportamiento son con testosterona, porque la ciclicidad de los niveles de hormonas sexuales femeninas en todos los mamíferos introduce dificultades experimentales que desincentivan trabajar sobre sus efectos sobre el comportamiento.

--¿Y qué influencia tiene la testosterona en el comportamiento humano?

La testosterona a nivel de comportamiento tiene que ver con fomentar que el individuo lleve a cabo las estrategias necesarias para adquirir más estatus que el resto de machos.  En roedores este estatus se consigue solamente mediante la agresión. En seres humanos no es así, pues la manera de organizarse en sociedad hace que aparezcan diferentes modos para mejorar el estatus. Sin embargo, como los primeros experimentos se llevaron a cabo en contextos en que la agresión favorecía adquirir estatus (internados masculinos, cárceles), la testosterona adquirió esa mala fama. Pero, en realidad, lo que hace es incentivar a los hombres a llevar a cabo aquel comportamiento que en un contexto determinado les permita sobresalir. Los estudios con hormonas sexuales femeninas sobre el comportamiento son menos abundantes, pero parece que el pico de estrógenos antes de la ovulación se relaciona también con estrategias competitivas entre mujeres.

--¿Por qué es tan difícil asumir los postulados neurocientíficos desde un punto de vista moral? ¿Es por el miedo a que estos hallazgos puedan legitimar que alguien defienda las desigualdades de sexos en lugar de la igualdad de derechos?

Yo creo que por varias razones. Una es, desde luego, la que mencionas. El problema de asociar valor moral a lo “natural”, quiera esto lo que sea que quiera decir, es que a veces la naturaleza es terriblemente cruel.  Natural no significa correcto, ni tampoco inmutable. En cualquier caso siempre va a haber gente que emplee estos argumentos naturalistas, o cualquier otro que le convenga, para tratar de justificar sus normativas, el modo en que piensa que se debe organizar la sociedad. Por eso negarse a saber para no generar datos que puedan ser esgrimidos en contra de nuestros derechos no es útil porque no impide las críticas y, además, no es prudente porque nos deja en el desconocimiento, en el que cualquier argumento es válido porque en realidad “no se sabe”. Hay un segundo factor que me parece importante resaltar, y es la propia naturaleza no definitiva de la ciencia. Como la ciencia no puede ofrecer una solución completamente concluyente, porque siempre ha de estar abierta a la posibilidad de que aparezcan datos que desafíen lo establecido. Esa posibilidad de que lo que crees se pueda ver contravenido en un momento dado da una apariencia de fragilidad sobre la que no es fácil construir principios morales, que suelen tener que ser sólidos y prácticamente impenetrables. Sin embargo, esa aparente fragilidad es la fortaleza de la ciencia, el que siempre está abierta a ser redefinida por la realidad.

--¿El heteropatriarcado existe?

El heteropatriarcado, una vez que nos ponemos a analizarlo en profundidad, es algo bastante indefinido, ya que parece que está conformado por causas muy variadas, que son diferentes en distintas situaciones. A veces al intentar explicar un comportamiento concreto en base únicamente al patriarcado llegamos a conclusiones contradictorias, obligándonos a cambiar la definición de patriarcado para que pueda afectar de formas dispares en situaciones dispares. Como no soy experta en la materia, siempre me gusta hacer referencia al trabajo de Helen Pluckrose. Para ella, aunque todavía existen comportamientos heredados de sociedades patriarcales, es la primera vez que hombres y mujeres tenemos la oportunidad de tener los mismos derechos y oportunidades en la mayoría de aspectos en la sociedad. Según su punto de vista, que comparto, hoy día esta herencia patriarcal no es capaz de explicar todas las diferencias y desigualdades que observamos en la sociedad.

--Se usa la etiqueta patriarcado para explicar algo más complejo.

Hay que intentar entender la causa de cada desigualdad más profundamente, dejar de limitarnos a achacar toda desigualdad al patriarcado. En algún momento fenómenos complejos como el hambre, la guerra y la peste tenían su origen en el demonio, pero una vez estudiadas con profundidad hoy sabemos que tienen causas muy variadas y ni siquiera compartidas. Históricamente se repite lo de achacar a un fenómeno complejo una causa única, este mecanismo parece tener sus ventajas. Por ejemplo, al ser un único componente, parece más sencillo enfrentarse a él y conseguir apoyo colectivo. Y posiblemente este tipo de enfoque es muy útil en primera instancia para dar a conocer un problema a la sociedad. Aunque los motivos reales del problema pueden finalmente tener poco que ver con el “motivo único”. El inconveniente de ese enfoque es que, una vez que creemos correctamente diagnosticada la causa, dejamos de investigar qué está detrás del fenómeno en profundidad. De modo que el patriarcado como causa única, además de no estar pudiendo explicar por sí solo muchas de las desigualdades existentes, parece estar poniendo impedimentos a la búsqueda de medidas alternativas que con este enfoque no se han podido solucionar.

--¿Cree que las políticas contra la violencia doméstica en España están bien encaminadas o deberían tener en cuenta la neurociencia y los hallazgos de la psicología evolutiva para poder ser efectivas?

No creo que tenga los conocimientos necesarios para evaluar las políticas implementadas. Aunque pueda tener mi opinión. Las políticas contra la violencia son muy útiles afrontando serios problemas que sufrimos las mujeres, pero parece que hay algunas cuestiones que no están siendo capaces de resolver, o no a la velocidad deseable. Por ejemplo, el número de mujeres asesinadas sigue siendo intolerablemente estable, y el descenso en los asesinatos que se cataloga como causados por la violencia sobre las mujeres no es mucho mejor que el descenso de asesinatos en general. O la tendencia en la población adolescente a recuperar patrones de comportamientos machistas que anteceden a la violencia que parecían superados. En ese sentido creo que sería enriquecedor incorporar otros puntos de vista en el debate sobre cómo actuar. Entender que no todas las agresiones contra la mujer tienen únicamente un componente sexista es importante, porque conociendo los factores de riesgo podemos buscar mejores medidas de prevención y actuación. Pero, desde luego, en ningún sentido habría que abolir las políticas, sino modificarlas según los conocimientos que vamos adquiriendo y siempre actuar con prudencia al incorporar posibles modificaciones, pues no hay que olvidar que las consecuencias de una equivocación a la hora de implementar medidas pueden ser muy graves.

--¿En qué forma se suele expresar la agresividad femenina?

Las mujeres también emplean la agresión física directa, aunque menos frecuentemente que los hombres. Las formas indirectas de agredirse son las que emplean más frecuentemente, y suelen consistir en intentos de aislar socialmente a la persona agredida, de cambiar la opinión que el grupo tienen de esa persona a través de estrategias de derogación ante terceros, de la difusión de rumores malintencionados, etc. Este comportamiento muy frecuentemente es inconsciente entre las personas que lo llevan a cabo, al menos sus causas. Es decir, los motivos por los que se produce esta agresión no tienen por qué estar presentes para la persona que agrede.

--¿Y cuáles son los motivos de esta agresividad?

Experimentalmente lo que se observa es que con cierta frecuencia estas agresiones indirectas tienen que ver con el acceso a parejas sexuales, pero a veces es por una cuestión de estatus dentro de un grupo. Cuando se relaciona con competencia por acceso a parejas la agresión toma formas aparentemente inocuas, salvo en situaciones extremas, como tratar de sobresalir en características que resultan atractivas a las potenciales parejas o el intentar que la persona que nos atrae no resulte atractiva a otros. Pero a veces toma formas un poco más perjudiciales para el entorno social, como degradar socialmente el atractivo, físico y moral, de otras mujeres. Al ser la agresión indirecta más sutil y menos dañina de manera inmediata que las agresiones físicas leves, no se le presta tanta atención, no hay presión social para eliminar estos comportamientos. De modo que no parece disminuir en la edad adulta, de la misma forma que la presión social hace que los niveles de agresión física disminuyan con la edad. Lo cierto es que, aunque este tipo de agresión es menos dañina que la agresión directa moderada y fuerte, es un tipo de agresión que puede estar detrás de algunos problemas en la sociedad actuales y creo que sería muy interesante que nos enfrentásemos a ella. Sin restar importancia a ningún otro tipo de agresión por ello.

--En algunos de sus artículos ofrece porcentajes de comportamientos más atribuibles a un sexo que a otro.

La bibliografía recoge multitud de características comportamentales que en promedio difieren entre hombres y mujeres. Creo que sólo merece la pena considerarlas cuando hay muchos estudios que respalden que esa diferencia existe, a ser posible metaanálisis multiculturales. En este sentido una de las diferencias mejor contrastadas entre hombres y mujeres tiene que ver con la capacidad de rotar mentalmente objetos, que afecta a capacidades como la orientación en el territorio y el interés por la mecánica. Y es un ejemplo maravilloso porque refleja un aspecto muy interesante de nuestras capacidades: cuando experimentalmente a un grupo de mujeres se les entrena específicamente para mejorar esta habilidad, ellas adquieren niveles de capacidad de rotación mental similares a los de los hombres. De modo que si se incide sobre un aspecto particular del comportamiento, el aprendizaje puede reducir las diferencias que aparecerían si no existiese la acción específica. Un efecto sobre el comportamiento, también metaanalizado y que me parece de especial interés estudiar, es la mayor facilidad que tienen los hombres para cooperar con otros hombres dentro de un grupo. Sobre todo si a dicho grupo se le pone a competir con otros grupos. En estas circunstancias la tendencia a cooperar de los hombres aumenta, aunque no la de las mujeres. Creo que es un aspecto que puede tener interesantes derivadas sociales y sobre el que merece la pena investigar en mayor profundidad.

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