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Una madre y sus hijos hacen homeschooling / FREEPIK

'Homeschooling': cómo enseñar a alzar el vuelo esquivando al sistema

Dos testimonios de la enseñanza en casa, al margen de la escuela, sostienen que "el colegio cambió a mi hijo para mal" y que "la falta de socialización es un mito"

15 min

Cuando Esther Quiles empezó a estudiar Filología Inglesa y le tocó trabajar un texto sobre el homeschooling (escuela en casa), una llama prendió en su interior. Sin embargo, esta práctica educativa le parecía, sobre todo, una utopía. Unos años más tarde, con un hijo de 10 años que llevaba seis de ellos escolarizado, tomó una de las decisiones más trascendentales de su vida (y de la vida de sus hijos): apostar por una práctica educativa minoritaria y alegal que en España actualmente practican más de 4.000 familias.

“Nos decantamos por el homeschooling por varios motivos, pero tuvo mucho que ver cómo el colegio cambió a mi hijo para mal: pasó de ser un niño muy curioso, activo y con muchísimas ganas de aprender a estar desmotivado, con muchos deberes que no le dejaban tiempo ni siquiera para leer, estaba apagado y profundamente desmotivado. En cuarto de primaria empecé a indagar y vi que esta práctica educativa era posible. En quinto nos la jugamos. Si no funcionaba volveríamos a la escuela. Jamás volvió al colegio. Ahora, 12 años después de su desescolarización, estudia Diseño Gráfico en la Universidad de Alicante. Mi hijo pequeño, que ahora tiene 14 años, nunca ha ido al colegio”, explica esta madre catalana.

Madre e hijo haciendo ejercicios en casa / PEXELS
Madre e hijo haciendo ejercicios en casa / PEXELS

Decepción con el sistema tradicional educativo español

Laura Mascaró, abogada y escritora, llevó por primera vez a su hijo a la guardería cuando el pequeño tenía 11 meses. Cuando llegó la hora de dar el salto al colegio, decidió recular y educar desde casa. “Tuve problemas con el centro y decidí retrasar su escolarización. No sabía si era un paso temporal o definitivo, pero con 3 años no me preocupaba mucho el tema. Ahora tiene 15 años, nunca ha vuelto a la escuela ni lo ha pedido. Volveríamos a hacerlo”.

Para Mascaró, que ha escrito varios libros relacionados con la libertad educativa, no hay una única forma de educar a los niños sin llevarlos al colegio, tal y como ella define el homeschooling. “Algunos se inscriben en escuelas a distancia. Algunos contratan profesores. Otros compran un currículum o lo diseñan a su medida y lo trabajan en casa con los padres. Otros hacen unschooling, sin currículum, ni clases, ni tareas”.

¿Quién decide qué hay que aprender?

El hecho de que algunos no sigan un currículum oficial no es, para ella, un problema. “Del currículum oficial podríamos preguntarnos cómo se configuró. Por qué del vasto conocimiento humano --que crece cada año-- alguien decidió que algunas cosas debían aprenderlas todos los niños a cierta edad mientras otras muchas cosas quedaron fuera. ¿Quién lo decidió? ¿Cuándo? ¿Con qué propósito? ¿Por qué lo aceptamos como válido? Yo investigué profundamente toda esta cuestión. Ahí dejo las preguntas por si alguien tiene interés en indagar”.

De la misma creencia es Quiles. Por eso sigue un CV libre: “Tenemos como guía lo que ofrece el Ministerio de Educación. Pero nos gusta trabajar según los intereses del niño por medio de proyectos transversales. A través de un tema tratas muchísimas materias. Más que ofrecer contenidos, se trata de darles las herramientas para que ellos se interesen y busquen la información. Aunque a veces ya partes de un interés que surge, por ejemplo, en una visita a un museo o en un libro que ha leído”. “El sistema español el perfecto ejemplo de memorizar, engullir y escupir lo aprendido en el examen para luego olvidar, no creo que sea un buen sistema que incentive a sus alumnos a aprender y disfrutar de lo aprendido. Luego los niños están cansados y desmotivados y acuden a todo aquello que les ayude a desconectar: videojuegos, tele, internet”, lamenta.

Padres educadores a tiempo completo: incompatible con el trabajo

Este minoritario sistema educativo, sin embargo, requiere tiempo e implica, para muchos de los progenitores que apuestan por el homeschooling, realizar verdaderos malabarismos.

“Nosotros somos autónomos, trabajamos desde casa compaginando los horarios de todos. Llevamos muchos años creando un sistema que nos permita tener libertad financiera, teniendo varias vías de ingresos de modo que, si falla uno, no se hunde nuestra economía familiar. La mayoría de estos ingresos son pasivos o semipasivos. Es decir, a hoy por hoy nuestros ingresos no dependen de las horas que trabajemos. Pero sí, cuando empecé fue más difícil porque no tenía este sistema montado. Quité horas de sueño, madrugué para trabajar antes de que el niño se levantara, trabajé mucho desde el móvil sentada en el banco del parque, en ocasiones contraté canguros o pedí favores para que familiares o amigos se ocuparan del niño mientras yo trabajaba. Llevo 12 años educando en casa y no ha habido dos años iguales”, admite la escritora Laura Mascaró.

Señalados por vivir al margen del sistema

Pese a que al principio se resistió a dejar su trabajo, pronto Esther Quiles cambió de parecer. “Me agobié mucho al principio compaginando trabajo y educación de mis hijos, por lo que acabé dejando el trabajo. Ahora que ya son mayores y dispongo de más tiempo, dedico mi tiempo a proyectos personales”, zanja.

Quiles, como profesora de inglés, no se ha visto acusada de no estar preparada para educar en casa a sus hijos. Sin embargo, muchos de los progenitores que apuestan por la escuela en casa son señalados por ello. “En la era de la información e internet, es absurdo pensar que necesitas ser docente para practicar el homeschooling. La información está ahí fuera. Sólo tienes que interesarte. ¿No se preparan la clase los profesores del sistema educativo tradicional? Pues tú, como educador en casa, lo mismo”, sostiene. 

Una madre enseñando a su hija / PEXELS
Una madre enseñando a su hija / PEXELS

La abogada Mascaró se muestra firme. “No tendré un título que lo acredite, pero sí tengo la capacidad para hacerlo. Tampoco tengo un título de nutricionista ni de chef y, sin embargo, nadie pone en duda mi capacidad para alimentar a mis hijos. Insisto en que nuestro rol no es el mismo que el de un maestro de escuela. Nosotros ponemos temas, recursos y personas a su alcance para que vean todas las opciones que hay. Es como presentarles un bufet libre, en vez del plato único que ofrece la escuela. Van probando y, cuando encuentran temas que les interesan, vemos cuál es la mejor forma de estudiarlos. Somos buscadores de recursos”.

Penalización de dos años para la obtención del graduado

Con estudios de magisterio o sin ellos, lo cierto es que la mayoría de los niños del homeschooling no tienen problemas de base para acceder a estudios superiores. “Una característica habitual en los niños educados sin escuela es que suelen tener muy claro qué quieren hacer con su tiempo y con su vida así que, si deciden ir a la universidad, se preparan para ello porque es su decisión. Cuando la motivación viene de dentro, ¡casi cualquier cosa es posible! No obstante, es importante recalcar que muchos de estos chicos no tienen ningún interés en los estudios reglados. Muchos son creativos, emprendedores o simplemente aprenden un oficio. No les interesan los títulos”, aclara Laura Mascaró.

Sin embargo, tal y como matiza Madalen Goiria, una de las portavoces de la Asociación por la Libre Educación, “hay una penalización de dos años a la hora de acceder a pruebas libres para la obtención del título de graduado escolar. No se puede hacer la prueba hasta los 18. A partir de ese momento, pueden acceder a bachiller. Para estudios superiores, hay que esperar a los 25 años para poder hacer la prueba para acceder a estudios superiores”. Para entrar en, por ejemplo, universidades americanas, esta penalización no existe.

Mascaró: “La falta de socialización es un mito”

Sobre la falta de socialización que, dicen miradas ajenas, sufren estos niños, Laura Mascaró lo deja claro. “Es un mito que ha sido rebatido ya en diversos estudios. Sólo hace falta conocer a unas cuantas de estas familias para darse cuenta de que no es cierto. Socializar es aprender a estar en sociedad. Aprender que hay gente diversa, que no te relacionas igual con tu familia que con el empleado de la gasolinera, que no es lo mismo estar en una boda que visitando un museo o que reunido con amigos en tu casa”.

Dos niñas hacen ejercicios en su casa / PEXELS
Dos niñas hacen ejercicios en su casa / PEXELS

“Al contrario, hacer homeschooling no es tener a los hijos en tu casa sin que salgan. Mi hijo va a piano, juega al fútbol, va a campamentos, ha participado en un musical, está en un coro, tiene familia, amigos, hay gente fuera con la que se relaciona sin problemas. Mi hijo habla con todo el mundo, de todas las edades. No tiene ningún problema de socialización. Conozco, de hecho, a pocas personas más sociables que él”, se suma Esther Quiles.

No hay persecución a estas familias por parte de la Administración

Pese a que, salvo excepciones, los partidarios del homeschooling no se sienten perseguidos por la Administración, no tienen muchas esperanzas de que esta práctica sea legal. “Es cierto que, con esto del confinamiento, muchas familias han pensado en el homeschooling como opción plausible. Pero mientras seamos minoría, el Gobierno no se va a preocupar ni va a prestar atención a este tema. Tener gente que estudia por su cuenta es tener a gente fuera de control. Al Gobierno, sea de la ideología que sea, le gusta tener a sus ciudadanos controlados”, apunta Esther Quiles.

De similar opinión es Laura Mascaró. “A los políticos no les interesamos porque somos pocos. Si somos pocos, no representamos votos que pudieran decantar la balanza en unas elecciones. Tampoco es una cuestión popular. La mayoría de la gente, por desconocimiento, tiene una visión negativa de la educación sin escuela. ¿A qué político podría interesarle abanderar una causa como esta? Por otra parte, la mayoría de las familias que educan en casa no están por la labor de hacer activismo. Si no hay activismo, no hay reconocimiento social. Si no hay reconocimiento social, difícilmente habrá reconocimiento legal”.

Una vida más amable

A los libros de Laura Mascaró se suma ahora el libro escrito (y publicado) recientemente por Esther Quiles y Rebeca Gavín, Alzar el vuelo, una guía práctica de homeschooling para familias cristianas que transmite las bondades que ofrece un sistema educativo que, de momento, pervive al margen de la ley: “El homeschooling permite disfrutar de una vida más amable, sin estrés, donde puedes tener más contacto con la familia, en el que los hermanos crecen juntos, donde tienes la posibilidad de hacer que las cosas sean prácticas, como por ejemplo convertir la cocina en un laboratorio y aprender matemáticas haciendo un pastel, en el que hay libertad para ir al campo a reconocer plantas. En definitiva, se trabaja en función a sus intereses, por lo que retienen más e incluso llegan a desarrollar vocaciones que pueden llegar a ser sus profesiones en un futuro. Crecen sin esa presión constante de los padres, son mucho más independientes de pensamiento, están mucho más preparados para lidiar con la sociedad porque son más capaces de pensar por sí mismos y eso es, precisamente, lo que les permite alzar el vuelo”.