Los hijos de Ruiz-Mateos, condenados a un total de 38 años de cárcel

La sentencia les obliga además a pagar 46,5 millones de euros en multas

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Los seis hermanos Ruiz-Mateos que fueron condenados durante el juicio / CG
04.07.2017 18:42 h.

A seis hijos de los hijos de Ruiz-Mateos no les ha servido de nada escudarse en su padre para desvincularse de las negociaciones previas a la compra fraudulenta de dos hoteles en Mallorca y Gran Canaria. Los seis varones han sido condenados a entre cinco años y once meses y seis años y medio de cárcel (37 años y once meses de prisión en total) por delitos de estafa agravada y alzamiento de bienes por hacerse con la compra de los establecimientos mediante avales inveraces e hipotecarlos de inmediato para engañar a los propietarios de los inmuebles.

“Parecemos tontos diciendo que si papá, que si papaíto”, llegaron a espetar los vástagos del empresario jerezano durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Baleares. Aseguraron que junto a las empresas más viables del grupo --Clesa y Dhul--, avalaron las operaciones. Fue el fundador de Nueva Rumasa --fallecido en septiembre de 2015-- quien personalmente se ocupó de los pormenores de la adquisición, rubricada a finales de 2008.

Indemnización de 46,5 millones

Los argumentos, sin embargo, no han convencido al tribunal. Además les obliga a indemnizar a los perjudicados con el pago de 46,5 millones de euros. Los magistrados consideran probado que los acusados --Zoilo, Javier, José María, Alfonso, Pablo y Álvaro Ruiz-Mateos-- hipotecaron los inmuebles, el mismo día y al siguiente de la compra, para hacer inviable la recuperación de los mismos por parte de los vendedores.

La sentencia subraya que con la adquisición de estos créditos y con los hoteles como garantía, el objetivo de los Ruiz-Mateos pasaba por financiar operaciones previas, “es decir, como se dice coloquialmente, para tapar agujeros’”. “Lo que se buscaba con todos esos créditos era obtener financiación para cualquiera de las empresas del entramado y, en general, para el sostenimiento de Nueva Rumasa”, incide la resolución.

Sistema de financiación instaurado por el padre

La Sala recalca que para ello era imprescindible que los inculpados dispusieran de bienes libres que pudieran ser hipotecados, una forma de financiarse “propia o característica del grupo Nueva Rumasa porque era el sistema instaurado por el padre de los acusados, que lo asumieron también como suyo”.

En este sentido, el tribunal recuerda cómo en este sentido Javier Ruiz-Mateos “fue elocuente e hizo gala de esta forma de financiación cuando manifestó en el juicio: ‘Mi padre siempre hablaba en general de hipotecas, de su estilo de financiar, pero como algo habitual, normal. Si hipoteca y paga, no hay ningún problema; como si hipotecas tres veces’”.

Quiebra del grupo

El problema surge, aseveran los magistrados, cuando el sistema de financiación elegido “quiebra en alguna de las piezas del castillo de naipes de deudas que resulta de ese sistema, cuando la financiación bancaria y, en suma, la liquidez falla porque el banco restrinja el crédito, de forma que no se pueden atender algunos pagos a sus respectivos vencimientos”.

“En esos casos, es lógico que las deudas se incrementen, que haya mayores dificultades de pago y que al final, como así sucedió, las sociedades de grupo entren en concurso, máxime cuando además se vive una situación de fuerte crisis económica en el país”, incide la sentencia.

Plegarias a dios

La resolución hace asimismo referencia a los correos electrónicos que se intercambiaron los hermanos dos meses después de la compra, cuyos términos “evidencian que la situación financiera o de liquidez era preocupante”, a pesar de que habían convencido de lo contrario a los vendedores de los hoteles, y ello hasta el punto de que uno de los remitentes, José María, “llega a plantearse la posibilidad de que el sufrimiento de esa situación sea una prueba a la que le somete Dios para pulsar su fe en él”.

El hijo de Ruiz-Mateos, dirigiéndose a sus hermanos, se pronunciaba en estos términos: “Yo creo que sólo quiere probarnos (Dios) para ver si de verdad confiamos”.

La misiva precede a una reunión que José María iba a mantener ese mismo día con el responsable del departamento de riesgos de Banco Santander y, ante la expectativa de la misma, pide a sus hermanos “una oración". Una actitud que, según el tribunal, “sólo puede enmarcarse en la esperanza de que con ello se supere una mala situación y de que la plegaria pueda ayudar en el éxito de la negociación en un contexto en el que Nueva Rumasa padecía claros apuros económicos”.

Es más, llega a considerar que en el “sostenimiento de esta forma temeraria de financiación colaboró de forma decisiva el Banco Santander” mediante la concesión de numerosos créditos que posteriormente tuvo dificultades para recobrar, incrementándose así la situación de riesgo que suponía para la entidad el grupo Nueva Rumasa.

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