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Los tres artesanos de Cerámica Sot: Manel Diestre, Joaquim Toribio y Jordi Salvador / EB

Los tres guardianes de la cerámica modernista

Desde un taller de Gràcia, Joaquín, Jordi y Manel fabrican ‘souvenirs’ y baldosas para el Parc Güell, la Casa Batlló y el Hospital Sant Pau

5 min

Pasear por los pasillos del taller de Cerámica SOT significa encontrar las piezas más representativas del modernismo catalán. De los dragones del Park Güell a las chimeneas de La Pedrera, pasando por el mítico panot de Barcelona, o reproducciones de la Casa Batlló pintadas a mano. Sus autores, junto a su equipo, son Joaquín Toribio, Jordi Salvador y Manel Diestre.

Detalle de figura hecha a mano en Cerámica Sot / EB
Detalle de figura hecha a mano en Cerámica Sot / EB

En un edificio de la calle Mare de Deu dels Desamparants, del barrio de Gràcia, se esconde este taller en el que los tres artesanos, junto a su equipo, alumbran piezas modernistas. No siempre fue así. El negocio de los tres graduados en Bellas Artes por la Llotja comenzó con tiestos para bonsáis. En aquella época se habían puesto de moda. “Pero necesitaban tantos cuidados, como una mascota, que la gente se cansó pronto”, explica Diestre.

Calidad y no cantidad

El segundo tiro fue el certero: objetos pensados para turistas. Eso sí, no para cualquier visitante que se conforma con piezas amontonadas en tiendas de Las Ramblas que “mezclan sevillanas, camisetas, y todo lo demás”, explica este artesano. Sus delicadas creaciones, que cuentan con el sello de Producto Artesano de Calidad que otorga la Generalitat, pueden adquirirse en las tiendas oficiales de edificios como Casa Batlló, La Pedrera, o El Parc Güell, entre otras. También en alguna zona transitada como La Sagrada Familia, siempre que el comercio busque calidad y no cantidad. “No nos interesa”, subraya. 

Manel Diestre muestra una baldosa cerámica con 18 trepas / EB
Manel Diestre muestra una baldosa cerámica con 18 trepas / EB

El souvenir más vendido es el dragón del Park Güell. Pero la de fabricar objetos pensados para los que buscan llevarse un recuerdo de Barcelona no es la única rama del negocio –aunque sí la que más ingresos aporta, en torno al 70%--. Las otras dos son regalos para empresas y la fabricación de baldosas cerámicas para edificios modernistas. Esta última, dedicación exclusiva de Manel.

Una de las trabajadoras de Cerámicas Sot pinta a mano una figura / EB
Una de las trabajadoras de Cerámicas Sot pinta a mano una figura / EB

El oficio del artesano

Su trabajo es el de un artesano, como los que ya no quedan. Las baldosas pueden necesitar hasta 18 trepas, las diferentes capas que consiguen conformar el dibujo final. Entre ellas, las que se pueden apreciar en el exterior de la Casa Vicens en el carrer de les Carolines.

Sello de la Generalitat de Artesanía Catalana / EB
Sello de la Generalitat de Artesanía Catalana / EB

Puede llegar a producir hasta 40 al día. Pero lo más complejo de su trabajo no es pintarlas a mano, capa a capa, sino llegar a dar con el color adecuado, que no se puede verificar hasta que la pieza sale del horno, que las cuece a más de 1.000 grados. Conseguir una réplica exacta de los colores que luce el exterior de la Casa Vicens --característico verde y naranja-- fue tarea ardua. De hecho, antes de cocer, parecen azul y rosa.  A partir de ahí vienen pruebas y más pruebas, aunque Manel aclara que “los años de experiencia son un grado”. 

Figuras de cerámica en reposo / EB
Figuras de cerámica en reposo / EB

La fama le precede

“Esto lo tiene que hacer Diestre”, cuentan que dijo el jefe de obra al aparejador para la reforma de una conocida casa de Gaudí. El susodicho no se sorprendió porque ya conocía la labor que este artesano había desarrollado en el Hospital de Sant Pau. El boca-oreja es la única publicidad de este taller, que desde hace más de tres décadas se ha convertido en un referente tanto para el sector de la construcción como para otras empresas que encargan diseños especiales para regalar a clientes. Entre ellas Tous, para la que elaboraron un oso de cerámica, que estuvo expuesto “en todos los escaparates del mundo”, apunta Manel con orgullo.

Manel Diestre pinta la trepa de una baldosa / EB
Manel Diestre pinta la trepa de una baldosa / EB

Cada uno de los socios tiene su espacio. “Si no, no hubiésemos aguantado tantos años”, bromea Diestre. En el año Gaudí llegaron a ser veinte personas. Pero eso fue una excepción. Ahora apenas superan la decena. La producción no obedece al mercado, sino que se mantiene estable, y les permite hacer frente a sus entregas evitando picos de trabajo manteniendo el mimo en cada pieza.