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Científicos en un laboratorio durante la pandemia / EFE

"En la gestión de la pandemia pesa más la ideología que la ciencia"

David Rabadà, autor de 'Covid, crisi i oportunitats', apela a potenciar el pensamiento crítico y aprovechar el encierro para ello

7 min
Portada del libro ‘Covid, crisi i oportunitats’ de David Rabadà / EDITORIAL FLEMING
  “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”. Esta frase de Churchill, que recoge David Rabadà (Barcelona, 1967) en su obra Covid, crisi i oportunitats (Editorial Fleming) define su planteamiento ante la emergencia sanitaria por el coronavirus. A través de apuntes breves, incisivos y, en ocasiones, cargados de ironía, este doctor en Ciencias Geológicas y también docente aborda la necesidad de potenciar el pensamiento crítico y alerta de que la falta de conocimientos e información contrastada se traduce en la toma de decisiones equivocadas. Así constata que “durante la gestión de la pandemia ha pesado más la ideología que la ciencia”.

--PREGUNTA. Ha escrito un libro en solo tres días con sus reflexiones sobre la crisis sanitaria.

RESPUESTA. Lo hago al ver que tener conocimientos y una actitud crítica ante los hechos se está perdiendo. Este es el eje transversal de la obra y a partir de ahí abordo las decisiones políticas, económicas y sociales durante la pandemia.

--P. Postula que se ha aprovechado el coronavirus para hacer propaganda de instituciones como el Ejército o la monarquía.

R. La UME --que ha desinfectado espacios públicos y residencias-- supone un 5% de todo el Ejército, pero los conocimientos para tener actitud crítica son muy bajos. Algunas entidades, sean las que sean, aprovechan este entorno para hacerse lavados de imagen. Tanto el Ejército, como la monarquía y algunos partidos políticos. Aunque las decisiones que se han tomado durante la crisis han pasado por técnicos, en el fondo ha pesado más la ideología política, militar, monárquica o nacionalista que no el factor técnico y científico. Este es el eje vertebral del libro.

--¿Cómo?

Las ideologías pesan más que las razones. Los humanos somos más emocionales que racionales. Cuando alguien ve un partido de fútbol, por ejemplo, no actúa de forma racional cuando insulta al árbitro o defiende que su equipo es el mejor. Son reacciones emocionales que tenemos los humanos y, los entornos de poder, que controlan la gestión del sistema, las utilizan. Eso no lo digo yo, lo desarrollan, entre otros, Desmond Morris o Marvin Harris --antropólogo estadounidense creador del materialismo cultural--.

--¿El miedo es el ingrediente perfecto para hacerlo?

Cuando tienes miedo es evidente que la razón desaparece. Los humanos, aunque digan que somos animales racionales, no lo somos. Nos enamoramos sin saber por qué; hacemos compras compulsivas; defendemos a nuestro equipo de fútbol por encima de los otros; votamos a los partidos sin mirar que propone su proyecto político. Y ser emocionales nos hace ser muy volubles ante intenciones e intereses.

David Rabadà, autor de 'Covid, crisi i oportunitats' / CG
David Rabadà, autor de 'Covid, crisi i oportunitats' / CG

--Pone el acento en la educación.

Desde hace ya muchos años se está disminuyendo el número de conocimientos a impartir en las aulas. Se reduce el currículum y la exigencia educativa, sobre todo en secundaria. Eso hace que los cuadros científico-técnicos que puedan surgir en un futuro sean más bajos y cada vez hay menos gente que escoge carreras universitarias de esta vía. Eso es una ideología, no existe un contraste científico que lleve a pensar cómo mejorar la educación.  La mayoría de sistemas europeos optan por lo que ellos llaman educación competencial. Rebajan contenidos y exigen poco a los alumnos y eso impide que los menores puedan optar a grandes conocimientos y ser críticos en un futuro.

--¿Las clases a distancia por la pandemia empeorarán esta situación?

El problema es que cuando los alumnos pasan de primaria a secundaria no saben leer ni escribir. No tienen comprensión lectora y cuando tú explicas un concepto en el aula, a cerca del 50% de los alumnos les cuesta mucho entenderlo. Con ese bajo dominio es muy complicado fomentar una actitud crítica.

--¿Cómo remediarlo?

Durante el confinamiento se puede potenciar en casa la compresión lectora. Y no hacen falta libros extraños, se puede hacer como antes, cantando, viendo películas subtituladas o leyendo cuentos a los más pequeños. Lo que siempre se hacía y que ahora se puede aprovechar, porque este es el eje fundamental de la progresión del sistema educativo.

--¿Sobrecarga de los profesores con las clases a distancia?

Sí. El sistema telemático implica mucho más trabajo que impartir una clase presencial a 30 alumnos; ahora se multiplica por diez. Pero muchos ‘expertos’ opinan sobre educación cuando nunca han pisado un aula, y eso es fundamental.

Lingokids
Un menor se entretiende con una tablet durante el confinamiento / LINGOKIDS

--También sucede en en el ámbito sanitario.

Imagínese que nosotros queremos opinar sobre la enfermedad de alguien; sería impensable, pero en educación parece que sea diferente y todo el mundo se atreve a sentar cátedra, cuando, en cambio, pocos se atreven a corregir a un médico.

--De cara al futuro, ¿qué podemos aprender de la pandemia?

El libro intenta ser optimista. El Covid-19 plantea muchos problemas sociales y yo insisto en la cuestión del conocimiento. Espero que la sociedad despierte y pueda ser más culta en base a fomentar sus conocimientos. La crisis es una oportunidad para que la gente despierte y vea que existen prioridades sociales.

--El conocimiento nos hará libres.

Yo intento ajustarme al método científico, cojo los datos, los organizo en forma de causa y efecto y busco la mejor interpretación posible que es lo que hacen los médicos.

--¿Qué remedio recetaría para paliar esta falta de pensamiento crítico?

La tertulia mediterránea es una buena solución. No en el sentido de opinar sobre opiniones, sino basarse en conocimientos reales y contrastados para tener una actitud crítica y progresista.