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Vecinos asomados a sus balcones durante el confinamiento / EFE

La 'gestapo de los balcones' increpa a niños con autismo

Pilar Pérez, presidenta de la Associació Asperger de Catalunya, denuncia la intolerancia de los vecinos durante el confinamiento por el Covid-19

5 min

Las personas con trastorno del espectro autista (TEA) están exentas del confinamiento que decreta el estado de alarma. Lo mismo sucede con aquellos que padecen alguna enfermedad mental, ya que el encierro puede provocar conductas disruptivas --como autolesiones-- y gran ansiedad. Pero esta excepción, que recoge el decreto del Gobierno, no ha evitado que algunos vecinos, cual “gestapo de los balcones”, hayan increpado a padres que han salido a la calle con sus hijos.

Así lo denuncia Pilar Pérez, presidenta de la Associació Asperger de Catalunya, quien subraya que esta necesidad no es común en todas las personas con TEA. “Mis dos hijos no quieren ni salir al balcón, están encantados en su casa, pero otros pueden tener problemas de ansiedad muy acusados durante un confinamiento continúo e incluso pueden llegar a hacerse daño”, alerta.

Niños increpados desde los balcones

Salir durante unos instantes a la calle es necesario para su salud, pero los “chivatos de los balcones”, señala Pérez, han increpado a adultos que rompen la cuarentena con sus pequeños. Se trata de casos aislados, pero no por ello “horribles. Sacas a un niño que puede tener conductas disruptivas porque está muy ansioso, y empiezas a oír gritos. Por mucho que los padres intenten ignorarlos, ellos pueden darse cuenta y les puede provocar un taque de ansiedad. Es contraproducente”, señala.

Un niño con autismo mira por la ventana
Un niño con TEA mira por la ventana / PIXABAY

Desde la asociación rechazan la doble moral cuando llegan fechas como el 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. “Los edificios se iluminan de azul pero en la sociedad existe un desconocimiento absoluto, porque cuando ven a una madre salir con su hijo no se les ocurre pensar que, si se trata de una familia monoparental, tiene que llevarlo a la compra, porque no lo puede dejar solo. Piensan que se está saltando el confinamiento, y entonces increpan, insultan e incluso llaman a la policía para que los sancione”, lamenta. Una situación que encuentra “fuera de todo lo previsible”.

Símbolos para evitar denuncias

Durante estos días, algunos padres de pequeños con TEA han fomentado el uso de determinados símbolos --como un brazalete azul-- para evitar ser increpados. Aunque desde la Federació Catalana d'Autisme respetan esta decisión, necesaria frente a la ignorancia, creen que el “autoseñalamiento recuerda a principios del siglo pasado”. “Tenemos derecho a exigir respeto y creemos que la razón está de nuestra parte”, subraya Pérez.

“Es muy triste tener que pedir disculpas por existir. Esta situación muestra lo lejos que estamos de conseguir una sociedad inclusiva. El confinamiento está sacando lo peor y lo mejor de las personas y, dentro de lo peor, a nosotros nos ha tocado sufrir una parte: la de las personas que están en los balcones espiando qué hacen los demás”, señala, y recuerda que nadie saldría a la calle con un niño a riesgo de ponerlo en peligro frente al coronavirus.

Sin atención psicológica

Y es que, como relatan desde la asociación, algunos progenitores se han encontrado incluso con policías que desconocen la exención de las personas con TEA para salir de sus casas durante el estado de alarma. “Los mandan a casa bajo advertencia de sanción”, cuenta Pérez, quien explica que resulta crucial que los pequeños con este trastorno puedan tomar el aire cuando muchas viviendas no cuentan con terrazas ni balcones. “Todos somos responsables y no hace falta que nos traten de esta manera, no nos saltamos el confinamiento para hacer deporte en la calle, simplemente salimos para que al niño le de el aire, es así de simple”, subraya.

Y es que, durante la pandemia del Covid-19, muchos afectados no consiguen contactar con psiquiatras y psicólogos del servicio público de salud. Por este motivo, desde la asociación mantienen el 30% de su plantilla en activo para atender los casos más graves. El problema, teme Pérez, será la viabilidad de esta entidad sin ánimo de lucro cuando se levanten las restricciones. “No sabemos cómo podremos mantenernos al pie del cañón y cómo atendemos a nuestras familias cuando no lo hace la sanidad pública", concluye.