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Un menor con la mano en alto para reflejar el rechazo a los abusos sexuales / EFE

Fundación Vicki Bernadet: "La mayoría de niños que verbalizan un abuso, difícilmente mienten"

La psicóloga Pilar Polo detalla que los que abusan de menores son grandes manipuladores y lamenta la poca fiabilidad del Síndrome de Alienación Parental (SAP)

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Este miércoles, una mujer de Barcelona ha tenido que entregar a sus dos hijos menores en la Ciutat de la Justicia después de que una magistrada otorgase la custodia al progenitor, pese a que la madre lo acusa de haber abusado sexualmente de los pequeños. El motivo es que un informe de la DGAIA determinó que los niños de Silvia sufrían de Síndrome de Alienación Parental (SAP).

Un método que, sin evidencias científicas, concluye que el testimonio del pequeño ha sido inducido por uno de los padres y, por tanto, descarta la existencia de abusos. “Tenemos un problema cuando le damos validez. Nosotros vemos y sabemos que las figuras abusadoras son grandes manipuladoras. Entiendo la dificultad que supone poder probar según que cosas, pero la mayoría de niños que verbalizan un abuso, difícilmente mienten, porque no ganan nada relatándolo”, explica Pilar Polo, psicóloga de la Fundación Vicki Bernadet.

Más caso a los adultos

Desde esta organización especializada en tratamiento y prevención de abusos a la infancia lamentan que, en muchas ocasiones, se hace más caso a los adultos que a los niños. “El día que la sociedad decida proteger de verdad a su infancia, a lo mejor cambiamos los métodos de trabajo, buscamos bases científicas para sostener ciertas afirmaciones y pensamos más en los menores”, subraya Polo.

Esta especialista apunta que  “todo el sistema judicial está pensado por y para los adultos, pero en un caso de abusos, el niño o la niña son el testigo principal, y no se tiene en cuenta que son menores. Y para ellos, que es muy difícil entender lo que está pasando, y en muchas ocasiones tienen que hacer frente a sentimientos contradictorios, no es nada amigable”.

Protocolo legal

Sobre el proceder de los padres o tutores legales cuando sospechan que los menores han sido víctimas de abusos, Polo explica que se puede acudir al pediatra, y éste derivará al pequeño a uno de los hospitales de referencia en Cataluña --Can Ruti (Badalona) o Sant Joan de Déu, en Esplugues--. Unidades con especialistas para realizar la evaluación clínica que determine si se ha producido un abuso.

O bien los padres pueden interponer una denuncia ante la policía, y ésta acabará en los juzgados de instrucción. “Lo que suele pasar es que el menor presta testimonio en dependencias judiciales y se graba su relato. A partir de aquí se evalúa la credibilidad de su testimonio”, detalla Polo.

Evitar revictimizar

El informe Bajo un mismo techo de la entidad Save the Children aboga por el método Barnahus, que busca que los menores solo tengan que prestar testimonio una vez para evitar revictimizarlo cada vez que rememore el suceso traumático.

“El proceso judicial conlleva reunir pruebas y a veces la única que hay es el testimonio de un niño contra el de un adulto, y si el menor es muy pequeño, dificulta mucho poder aportar pruebas”, concluye la psicóloga.

Mejoras a nivel judicial

Por eso desde la fundación reclaman que el menor tenga que declarar una sola vez. También celeridad en los procesos. “Para los niños el tiempo no pasa tan rápido como para los adultos. De la fase de instrucción al juicio oral se tarda una media de tres años, esto para ellos es media vida”, señala Polo.

“Cuando tenemos juicio con infancia y son los testigos tendríamos que intentar que se acelerase. Igual que hemos conseguido juzgados específicos de violencia de género, deberíamos tener juzgados específicos para la infancia cuando éstos son víctimas”.