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Entrada de la tienda de la frutera agredida, Sandra Castro, por vender productos catalanes / GOOGLE MAPS

La frutera agredida: "Me dijo: '¿cómo te atreves a vender productos de estos catalanes?’"

Sandra Castro recibió golpes y puñetazos de un hombre de 70 años por ofrecer en su tienda peras de Lleida

8 min

Sandra Castro (Coruña, 45 años) abrió su negocio el pasado martes, como cada día cuando, sobre las 13:45 horas, se percató de la presencia de un hombre en el almacén. El individuo, de unos 70 años, le recriminó vender peras de Lleida. La frutera, que no se amilanó, le espetó que la dejase tranquila, pero el origen de la mercancía derivó en una agresión. "Me dijo: '¿cómo te atreves a vender productos de estos catalanes?", explica la afectada.

Varios golpes y puñetazos, tras los que necesitó asistencia médica, ante la inacción de los que presenciaron la escena. Todos excepto un transeúnte que salió en defensa de Castro tras el ataque. "Se puso delante de un módulo de fruta, me dijo que era de Cataluña y que la retirase. Le pedí que me dejara tranquila, que bastantes problemas tenemos los del negocio, pero su puso agresivo. Se acercó a mí, me hizo retroceder y me echó un corte de mangas, con la mano casi en la cara", explica a Crónica Global.

Peras de Lleida como las que venda Sandra Castro en su frutería / FRIFRUIT
Peras de Lleida como las que venda Sandra Castro en su frutería / FRIFRUIT

Fotos con el móvil

El agresor no es un cliente habitual de Frutas Sandra. "Fui hacia el mostrador para coger el móvil, y salí a la calle. Le pedí que no me tratase así, porque yo vendo lo que quiero. Pero él insistió en que yo tenía que retirar la fruta catalana. Volvió a acercarse a mí, y me hizo otro corte de mangas", recuerda Castro. Con rabia e impotencia, explica, cogió el teléfono para hacerle fotos, y le avisó de que llamaría a la policía. Tras ello, el hombre la golpeó. "Me dio dos golpes en la cara, otro en la nariz, y uno más en la cabeza. Eso es lo que yo recuerdo".

Aunque en la tienda no había nadie en el momento de la agresión, recuerda que los golpes se los propinó en plena calle. "Tras atacarme, me quitó el móvil, y nos agarramos. Era consciente de que podía volver a golpearme, entonces le dije que borraría las fotos si me lo devolvía, pero no accedió, y ahí fue cuando empecé a gritar", relata la frutera. Fue entonces cuando apareció otro hombre, de unos 40 años, que intercedió para que el agresor devolviese el terminal a la víctima.

Inacción de los compañeros

"Había algún negocio abierto en la zona y puedo decir que no me sentí ayudada por la gente que me conoce. Pero de repente apareció un chico, que no conozco de nada y le dijo que me devolviese el teléfono. Yo estaba muy nerviosa y disgustada", rememora. Tras explicarle lo sucedido, fue cuando él la avisó de que estaba sangrando. "En ese momento me llevé las manos a la cara, las vi llenas de sangre y aún me asusté más".

Finalmente, la intervención del vecino que pasaba por allí acabó con el incidente. Una trabajadora de Correos tuvo que dar a Sandra el teléfono de la policía porque no era capaz de recordarlo. Luego acudió a su doctora, aunque apunta que "más que dolor físico" está tocada "a nivel psicológico: por el miedo, la impotencia y la rabia". Motivo por el que ha estado tomando tranquilizantes. Los agentes aún buscan al agresor que, a pesar de su edad, cuenta la víctima, "era muy corpulento" y consiguió tumbarla.

Sandra Castro, de espaldas, en una entrevista en televisión / ESPEJO PÚBLICO
Sandra Castro, de espaldas, en una entrevista en televisión / ESPEJO PÚBLICO

Mujer y autónoma

Señala que, con el paso de los días, ahora es capaz de recordarlo "más tranquila", pero ha pasado "muchos nervios". "Se me ha juntado todo: la rabia de que entre un señor y, como siempre, agreda a una mujer. Llevo mi negocio sola, soy autónoma, estoy trabajando, no tengo ningún apoyo y, aún encima, tengo que aguantar estar cosas. Es una lucha diaria siempre cuando hay una mujer sola", lamenta.

No es la primera vez que alguien le reprocha el origen de los productos que vende. “Tengo frutos secos de una empresa catalana, y a lo mejor alguien te dice: ‘esto es catalán, pues no lo compro’, pero también te puede pasar con una nuez de Francia. Pero ya está. Dicen que no lo quieren, y se queda ahí, no me exigen retirar nada", apunta.

No hablar de política

Sandra está acostumbrada a adaptar la conversación según el tipo de cliente, --"si ves a alguien que quiere hablar de política, te callas y no entras al trapo", confiesa--. Y es que, después de tantos años tras un mostrador, "uno se hace un poco psicólogo", detalla. Aunque esta vez no se amilanó ante las exigencias de su atacante. "Le dije: '¿para eso me vienes a molestar, para hablarme de Cataluña? Déjame tranquila en mi negocio que estoy vendiendo fruta' ", y eso, según explica, aún lo alteró más.

Aunque una vez se ha conocido su noticia, conocidos y extraños se han volcado con Castro, lamenta que, cuando sucedieron los hechos, no tuvo la ayuda y el apoyo que le hubiese gustado de los negocios de alrededor. Ahora, que aún intenta recuperarse del susto, cuenta que el viernes recibió "una sorpresa". Un paquete de un señor de Lleida como agradecimiento por vender su producto. "Me emocioné", señala. Una botella de cinco litros de aceite y una carta, entre el contenido de la caja. "Como si hubiese sido una tableta de chocolate, no me lo esperaba, y esa es la parte buena de lo que ha pasado", se alegra Sandra.

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