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Acelerador lineal donado por Amancio Ortega, muy cuestionado por su filantropía / EP

¿Filantropía?: menos lobos

El Covid-19 resucita la polémica sobre si en las donaciones, flojas en España, prima la marca personal al altruismo

6 min

España es líder mundial indiscutible en trasplantes y donaciones de órganos, pero las de dinero están a la cola de Europa y a años luz de Estados Unidos. No llegan oficialmente a 3.000 millones de euros anuales de los 85.000 de toda de la UE, frente los 400.000 del país norteamericano. Un altruismo remiso, salvo ante cataclismos mundiales (terremotos o tsunamis) o pandemias como el Covid-19, y con bronca cuando algún rico lo publicita.

Según el Ministerio de Hacienda, apenas 3,2 millones de contribuyentes se beneficiaron de casi 480 millones en deducciones fiscales por donaciones en su declaración a Hacienda en 2018. Al mismo tiempo, las empresas que aportaron fondos con fin filantrópico se redujeron 220 millones de impuestos. Con la discreción habitual, la Agencia Tributaria no ofrece datos del importe global de las donaciones ni sobre el sector al que se destinaron.

Fiscalidad y religión

En España, según la legislación desde 2015, los ciudadanos pueden deducirse a título personal el 75% de los primeros 100 euros y el 30% del resto. Las empresas el 35%. En otros países del mundo oscila entre el 50% y casi el 100%.

Este marco menos favorable fiscalmente, según los expertos, es clave para explicar las abismales diferencias en materia de filantropía (“amor al género humano”, según la RAE) con el país americano.

También tiene un gran peso su cultura y religión, como ocurre en Alemania, Inglaterra, Holanda y los países escandinavos. “Según la ética protestante y judía, una persona que se enriquece está obligada moralmente a devolver a la sociedad parte de la riqueza que le ha permitido generar. En la religión católica y el islam simplemente se debe ayudar al necesitado, como caridad”, explica un empresario próximo a la Federación Española de Entidades Evangélicas.

Profesionalización

La edición española de Forbes, famosa por sus rankings sobre los ricos más ricos del mundo, observa que en los países anglosajones, calvinistas o protestantes la riqueza es algo que se exhibe porque se identifica con que la persona es muy inteligente y se ha sabido mover dentro de la sociedad.

Al contrario, en los países mediterráneos y del sur de Europa no está bien visto. Pero los expertos sostienen que, por efecto de la globalización, se están dando pasos y se llegará a que la filantropía sea comunicada con tanta visibilidad que sea uno de los parámetros para medir a un empresario o empresa.

El famoso índice en la materia de PNP Paribas Wealth Management muestra que la filantropía se está profesionalizando en el mundo. Un 65% de las grandes empresas cuenta ya con asesores para llevar a cabo estas “inversiones”, preferentemente en salud y medio ambiente.

En todas las grandes compañías estadounidenses existe la figura laboral de responsable de acciones filantrópicas. Se encargan de la viabilidad y la manera más eficiente y rentable de gestionarlas. 

Polémica intermitente

Con el coronavirus ha resucitado la polémica de las donaciones, espoleada por cada una de Amancio Ortega. Los detractores, fundamentalmente de Podemos y grupos antisistema, las rechazan y lanzan sospechas sobre su enriquecimiento y cumplimiento en materia laboral y fiscal.

De nuevo figura a la cabeza Inditex, seguida de Mango o Banco Santander. Se ha extendido a figuras individuales: la hija de Amancio Ortega, Messi o Guardiola. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha promocionado a Real Madrid y ACS (Florentino Pérez), Marta Álvarez (Corte Inglés), Ana Botín… Y suma y sigue.

La controversia no es exclusiva de España. Alcanza a donaciones como la de 10.000 millones de dólares para lucha medioambiental de Jeff Bezos (Amazon) o las ayudas de China a Italia o España. Acusación: Ninguna es plenamente altruista. La cuestión es, plantean, si su utilidad instrumental compensa su fin interesado.

Publicidad o anonimato

El altruismo es a menudo publicidad en busca de realzar la imagen de empresas y famosos. O para lavarla tras las sospechas del desvío de impuestos. Messi fue condenado por defraudar a Hacienda unos 4 millones de euros. De cualquier manera, las asociaciones humanitarias saben que un rostro influyente puede movilizar a otros para beneficio de la causa. Y no pasan a mayores.

Detractores y católicos puntillosos defienden que si de verdad se quiere solo ayudar al país debería hacerse con transferencias estrictamente anónimas, puramente solidarias. Aunque terminan trascendiendo a los interesados, en Estados Unidos en 2018 se registraron 21 donaciones anónimas de un millón de dólares o más. Algunos proponen a Amancio Ortega y análogos que tomen nota. Su figura se agigantaría ante amigos y beneficiados y se ahorrarían  muchos comentarios miserables.