Vida

El otro feminismo: ciencia frente a prejuicios

Un nuevo movimiento opuesto al hegemónico busca soluciones para la igualdad basado en evidencias científicas, sin etiquetas como "heteropatriarcado"

El feminismo científico tiene defensoras como Susan Pinker, Camille Paglia o Claire Lehmann

El feminismo ha sido uno de los campos de batalla más importantes para que en nuestras sociedades las mujeres conquistaran los mismos derechos que los hombres. Esta lucha sigue viva y sigue siendo necesaria.

Mientras que en Occidente se busca que la igualdad formal sea también efectiva, en otras zonas del mundo queda emprender un largo recorrido para que conducir un vehículo o elegir la propia vestimenta no estén prohibidas por razones de sexo.

Soluciones

Para encontrar soluciones a los nuevos desafíos que entraña la discriminación de las mujeres, no obstante, hay un sufragismo hegemónico que puede haber quedado obsoleto y no resistir al escrutinio de los datos ni de la genética. Esto es lo que piensa un grupo de científicas y pensadoras como Susan Pinker, Camille Paglia, Christina Hoff Sommers y Claire Lehmann.

Se trata de una corriente de pensamiento proveniente principalmente de Estados Unidos y Canadá que aboga por un feminismo factual o científico basado en la biología y psicología evolucionista que acabe con el mito de que las únicas diferencias entre sexos son “culturales” y fruto de lo que comúnmente se llama “heteropatriarcado”.

Para difundir al mundo hispanohablante estos nuevos conocimientos científicos que se alejan del constructivismo imperante ha nacido la plataforma Feminismo Científico, que traduce al castellano las principales investigaciones en este campo.

Más desarrollo, menos feminicidio

Vídeo de Roxana Kreimer, profesora de la Universidad de Buenos Aires

Este nuevo movimiento de liberación --explica a Crónica Global la profesora de la Universidad de Buenos Aires y promotora de esta iniciativa, Roxana Kreimer-- tiene en cuenta que hombres y mujeres “se enfrentaron a estrategias adaptativas distintas en los seis millones de años de evolución humana”.

El objetivo de su plataforma es aportar soluciones para avanzar en la igualdad que no se basen en prejuicios o reduccionismos sociológicos, sino en el conocimiento científico y en la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, que no es determinista y admite la interacción con la cultura.

Su principal mensaje es destacar que a las mujeres no les va peor en todo: “Hay evidencia de que tanto los asesinatos por parte de varones como la violencia sexual disminuyen en países con menos desigualdad y mayor índice de desarrollo humano”.

Discriminación contra la mujer

Les falta que en muchos países se despenalice el aborto, además de obtener licencias por maternidad y alguna forma de compensación económica directa o indirecta por el trabajo reproductivo.

Asimismo, en algunos países, la agresión y violación sexual no está ni siquiera penalizada, por no hablar de cuestiones como la trata de blancas cuando la prostitución no está regularizada. Una problemática que afecta a muchas más mujeres que hombres.

Discriminación contra el hombre

Más allá de culpabilizar al hombre o victimizarlas a ellas, este movimiento pretende explicar, con datos en la mano, en qué ámbitos es más vulnerable cada sexo. Los hombres, por ejemplo --añade Kreimer--, “mueren en promedio ocho años antes en los países desarrollados, abandonan más las instituciones educativas, desarrollan más conductas de riesgo que ponen en juego su vida, tienen penas de cárcel seis años superiores de promedio por los mismos delitos y se suicidan mucho más que ellas”.

Este último aspecto sobre los suicidios encaja con los datos en el ámbito nacional del Instituto Nacional de Estadística (INE), que muestra como de forma sostenible en el tiempo el 75% de suicidios los cometen hombres. En 2014, por ejemplo, se suicidaron en España 3.910 personas (2.938 hombres y 972 mujeres). En este caso no se emplea la etiqueta “heteropatriarcado” ni ningún símil parecido para intentar explicar esta notable desigualdad con razones estrictamente culturales.

“Los hombres y las mujeres debemos ayudar a las mujeres que viven en países patriarcales no occidentales. Lugares en donde se lapida a una adúltera y donde están ausentes principios básicos de ciudadanía”, sostiene Kreimer cuando se le pregunta por los retos pendientes.

James Damore y Google

El de James Demore es ilustrativo de uno de los casos más flagrantes de discriminación contra un hombre de la actualidad. Este ingeniero fue despedido en 2017 de Google y acusado de “machista” por elaborar un informe científico sobre por qué hay menos mujeres en carreras técnicas. Su informe, titulado La caja de resonancia ideológica de Google, cuestionaba las políticas educacionales del gigante de Silicon Valley para que más mujeres tuvieran mayor interés por las ramas técnicas y científicas.

El ingeniero despedido de Google James Damore

Su razonamiento no distaba del que defiende la psicóloga evolucionista Susan Pinker en su libro La paradoja sexual: de mujeres, hombres y la verdadera frontera del género (Paidós, 2009) en el que considera que la brecha salarial entre hombres y mujeres en ámbitos como la tecnología, los negocios o la política no se debe tanto a una discriminación real contra la mujer sino a la diferencia de intereses y prioridades entre ambos sexos.

Ninguna de estas científicas niega el componente machista que origina muchas desigualdades, pero advierten de que los datos que a menudo se utilizan para denunciarlas no responden a las motivaciones particulares de cada mujer ni tienen en cuenta otros factores. Entender, en consecuencia, las otras motivaciones así como la influencia de las hormonas y la biología en las preferencias personales es condición sine qua non para enfocar correctamente las políticas de igualdad

Movimiento ‘Me too’

La filósofa estadounidense Christina Hoff Sommers y autora del libro ¿Quién robó el feminismo? (Simon & Schuster, 1994) también ha criticado al movimiento #Metoo --relativo a la violencia sexual que sufren las mujeres-- al considerar que está derivando en una condena contra “todos los hombres”.

Vídeo de la filósofa estadounidense Christina Hoff Sommers

Sommers, que se autodenomina “feminista factual”, considera que las soluciones que pretenden replantear todo el modelo educativo de los niños, además de impracticable, es una “sobrerreacción” que culpabiliza a todos los hombres por el delito de algunos. “En la Universidad he visto un sufragismo que busca sacrificar a hombres inocentes con falsas acusaciones y sin que prevalga la presunción de inocencia. Esto daña a una buena causa”, decía en una reciente intervención en la Cadena Fox.

Reivindicaciones que son un retroceso

La pensadora Camille Paglia es una de las líderes feministas más reconocidas del mundo desde la eclosión del movimiento en los años 60. Ha sido también reconocida como una de las 100 intelectuales más importantes de 2005 por la revista Prospect del Reino Unido.

Paglia ha tildado de "retroceso" muchas de las reivindicaciones del activismo del siglo XXI. Una de sus opiniones más polémicas es su posición de que “la libertad” consiste en “arriesgarse a ser violada”.

La también profesora estadounidense argumentaba en La Contra TV que las mujeres tienen que aprender a protegerse como hacen los hombres, puesto que ellos también sufren abusos y son víctimas. Y que de nada vale pedir libertad y sobreprotección a la vez.

“En los 60 reclamábamos la libertad que tenían los hombres porque estábamos sobreprotegidas por los padres, la universidad, etc.”, insiste contra el feminismo contemporáneo que buscaría, ahora, una sobreprotección por parte del Estado.