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Antoni Monguilod, vecino de Malgrat de Mar (Barcelona) que luchaba por una muerte digna / EFE

Fallece el enfermo de párkinson catalán que pidió una muerte digna

Antoni Monguilod, vecino de Malgrat de Mar, comenzó una campaña para la despenalización de la eutanasia

10.10.2019 08:39 h. Actualizado: 10.10.2019 17:06 h.
4 min

Antoni Monguilod, vecino de Malgrat de Mar (Barcelona) que luchaba por una muerte digna, ha fallecido tras sufrir párkinson durante 12 años. Este hombre de 74 años había sufrido un empeoramiento de su estado de salud durante los últimos meses de vida, razón por la cual había comenzado una campaña dirigida a la clase política para que la eutanasia fuera despenalizada en el país. 

La vida de Antoni --sobre todo en los últimos momentos-- dependía casi totalmente de su familia. Su mujer, Magdalena, le atendía las 24 horas del día con ayuda de dos personas más y había declarado repetidas veces que "entendía" su posición con respecto a la muerte: Monguilod solo quería "dejar de sufrir" y poder "morir dignamente". 

Libertad para elegir cuándo morir 

El vecino de Malgrat de Mar había sido una persona independiente y activa. Trabajó toda su vida de electricista, editó la revista local Som-hi, y también estuvo implicado en el ayuntamiento de la localidad y en las juntas de los colegios de sus hijos. Sin embargo, el párkinson fue haciendo mella en su salud hasta hacerle completamente dependiente. La degeneración alcanzó tal nivel que necesitaba ayuda hasta para comer y comunicarse.

Por ello, Antoni Monguilod decidió escribir una misiva y explicar la decisión que había tomado. "He llegado al punto de no poder valerme por mí mismo y tengo que depender de otras personas, sobre todo de mi esposa. Y como sé que esto no tiene solución y la quiero mucho y no quiero que pierda la salud cuidándome, he decidido poner fin a esta situación", detallaba. 

Comprensión de la familia

Tanto Magdalena como sus hijos comprendían la elección de Antoni y le apoyaban "Él dice que no puede más y que se quiere ir, y yo le entiendo porque ha sido siempre una persona muy independiente y muy libre, que se movía mucho, y ahora ves que depende totalmente de otras personas", lamentaba su mujer en una entrevista realizada hace unos meses. Sin embargo, Monguilod nunca se planteó pedirle que le ayudara a abandonar este mundo, como ocurrió en el caso de María José Carrasco y Ángel Hernández. "No les quiero comprometer ni que tengan problemas", aseguraba. 

La posibilidad de viajar a otro país, como Suiza, donde el suicidio asistido está regulado, estaba fuera de la mesa: no contaban con los recursos suficientes para llegar hasta allí. Monguilod redactó un testamento vital para dejar su cuerpo a la ciencia, aunque siempre lamentó que no le permitieran dejar escrito su deseo de morir cuando él lo deseaba.