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Escenario del festival de Eurovisión

¿Por qué nos vuelve a gustar Eurovisión?

Los especialistas en el festival desgranan, una a una, las claves del resurgir de este certamen

18.05.2019 00:00 h.
11 min

El Festival de la Canción de Eurovisión está marcado en rojo en el calendario. El certamen se ha convertido en uno de los mayores eventos artísticos del año en los hogares de medio mundo. Sin embargo, pasó peores épocas, especialmente en la década de 1980 y principios de 1990, cuando en España, por ejemplo, quedó relegado a la segunda cadena pública. De hecho, la actuación de Serafín Zubiri en Suecia en 1992, en La 2, registró el peor dato de audiencia de todos los que han venido después. Solo obtuvo el 25,4% de share.

Miki Núñez, de OT 2018, representará a España en Eurovisión 2019

Miki Núñez, de OT 2018, representará a España en Eurovisión 2019

En esos años, no se puede decir que España pasase de Eurovisión. De hecho, TVE apostaba fuerte por el festival, como demuestran tres clasificaciones entre los cinco primeros puestos entre 1984 y 1992 (desde entonces, solo Anabel Conde, en 1995, lo ha logrado, con un segundo lugar en Dublín), pero La 1 prefería emitir deporte o cine. La vuelta del certamen a La Primera significó un aumento de interés del público, aunque lo mejor estaba por llegar. Y este efecto fue simultáneo en el resto de Europa… y del mundo.

Rosa y 'Operación Triunfo'

El “punto de inflexión en España”, cuando más interés suscitó el festival, fue en 2002, con la participación de “Rosa de España” y los triunfitos. Así lo cree el CEO de Locamente y promotor de fiestas Ferran Poca. Y así lo corroboran los datos. Más de 12,7 millones de personas (el 80,4% del share) conectaron con Tallin (Estonia) aquella noche. Los concursantes del nuevo formato televisivo Operación Triunfo ilusionaron a la gente, y quedaron en un meritorio séptimo lugar con la canción Europe’s Living a Celebration.

Rosa López con otros miembros de su generación de OT en la actuación de Eurovisión en el año 2002

Rosa López con otros miembros de su generación de OT en la actuación de Eurovisión en el año 2002

Con los datos en la mano, sí que parece que hay un antes y un después de Rosa. Entre 1992 y 2001, la audiencia media en España era de cuatro millones de espectadores y una cuota de pantalla del 33,41%. Después de Rosa (incluida su edición), la audiencia media es de 6,1 millones de personas y el share, del 41,9%. Así, argumenta Poca que en ese aumento del interés por Eurovisión interviene el proceso de selección de los artistas en muchos países, con programas de éxito como Operación Triunfo y certámenes como el Festival de San Remo, de donde procede el representante italiano.

En este punto, Vicente Rico, miembro de la dirección de Eurovision-spain.com (medio de referencia en castellano y el segundo más visitado del mundo en este segmento), también destaca “el despegue de Operación Triunfo”, del que “salió una nueva hornada de eurofanes”, del mismo modo que ha salido en los últimos años con Amaia y Alfred y con Miki. Pero también Pastora Soler y Ruth Lorenzo atrajeron público.

La pareja formada por Amaia y Alfred que representó España en Eurovisión en 2018

La pareja formada por Amaia y Alfred que representó España en Eurovisión en 2018

El poder del movimento LGTBI

Rosa López es, precisamente, una de las simpatizantes más conocidas del movimiento LGTBI. Y ese movimiento es otro de los motores del resurgir de Eurovisión, un festival claramente gay-friendly. “Es como un festival LGTBI”, declara Poca a Crónica Global, después de asistir a alguna de las ediciones de este concurso y ver la cantidad de banderas arcoíris, y compartir algunas situaciones que se han vivido sobre el escenario en los últimos años. Por ejemplo, los abucheos a Rusia en 2014, en respuesta a la ley contra la propaganda homosexual aprobada por el Gobierno de Vladímir Putin unos meses antes.

Abucheos a Rusia en 2014

¿Por qué más Eurovisión es amigable con el colectivo LGTBI? La comunidad gay asumió hace años que este festival es un “espacio de reivindicación de derechos”, que “muchas canciones hablan de represión y diversidad”, y que el certamen “ha representado a minorías”, como a los transexuales (con Dana International) y el colectivo drag (Conchita Wurst y Verka Serduchka), según el promotor de fiestas. Todo ello al margen de “la pompa y la lentejuela”, que atraen la atención, y de que el espectáculo es como “la Champions” de la canción, porque agrupa a todo el mundo. En definitiva, son varios elementos que han ido calando y están “asociados al ADN LGTBI”, colectivo cada vez más visibilizado.

Conchita Wurst cantó en Eurovisión "Rise like a phoenix" en representación de Austria

Conchita Wurst cantó en Eurovisión 'Rise like a phoenix' en representación de Austria

Aquí, sin embargo, Rico apunta que el despertar de Eurovisión empezó con la victoria de Dana International en 1998, un “guiño a la comunidad LGTBI” que provocó un “boom comercial después de años de oscurantismo”. Un boom que coincidió “con el despegue de internet”.

Dana International

La cantante transexual Dana International en Israel 2019 / EP

Ferran Poca agrega que no se imagina ninguno de los festivales que organiza sin la presencia de alguno de los artistas que queden entre los tres primeros de Eurovisión: “Nuestro público lo consume”. Sin ir más lejos, Leni Foureira, representante chipriota en Lisboa 2018, donde quedó segunda por detrás de Netta, actuó en el Pride BCN 2018. Y las Azúcar Moreno, representantes españolas en 1990, “tienen aún tirón”, explica.

Meses antes del quinto puesto logrado por Encarna y Toñi Salazar con Bandido nació la Asociación de Eurovisivos de España (AEV). Corría el 1989 cuando un grupo de fanes, que se había puesto en contacto en los años en los que Eurovisión ocupaba un segundo plano, concretó en esa asociación la “afición” por el certamen. Hoy por hoy es la única entidad de estas características registrada legalmente en el Registro Nacional de Asociaciones. Iván Iñarra aporta otras claves del resurgir del festival.

El formato y la tecnología, claves

Ante todo, matiza que los eurofanes han estado “en las duras y en las maduras”, pero reconoce que Eurovisión vuelve a renacer para la opinión pública “en estos tiempos mediáticos” porque “es un producto único e inimitable”. Dice que, “en estos tiempos en que todo está visto e inventado, al final triunfan contenidos genuinos donde hay competición, espectáculo y emoción”. Un evento “donde puedes formar parte del show empatizando con un artista o apoyando a tu país…”. Lo equipara con los Óscar y los Mundiales de fútbol.

Pero hay mucho más. Iñarra destaca que es un programa “puntero tecnológicamente” que sirve de “test para nuevas herramientas y técnicas audiovisuales”. El formato, de tempo rápido, sin apenas pausas, envuelve a la audiencia. Y las “noticias de Eurovisión generan durante todo el año interés, con lo que el espectador medio que se sienta el sábado por la noche a ver Eurovisión es consciente de que se encuentra ante una experiencia única”.

Rodolfo Chikilicuatre fue un personaje interpretado por el actor español, David Fernández, que participó en Eurovisión en el año 2008

Rodolfo Chikilicuatre fue un personaje interpretado por el actor español David Fernández que participó en Eurovisión en el año 2008

No hay que olvidar la aparición de las apps y las redes sociales, muy utilizadas para “reírse del traje de ese cantante, para alabar la emoción de aquel otro” y para mover memes, según recuerdan Poca e Iñarra: “Sin quererlo, está dentro del evento”. De algún modo, la tecnología ha acercado el festival a las nuevas generaciones, que pueden interactuar y comentar todos los detalles de la fiesta de la canción (en 2018, hubo más de dos millones de tuits eurovisivos en España).

Rico añade que la aparición de internet fue clave para muchos seguidores que no tenían con quien compartir esa afición, y comenzaron a conocer gente a través de la red. Surgieron los primeros chats, foros y Eurovision-spain.com: “Eso ha ido creciendo y en la última década se ha producido el gran boom”.

Las fuentes consultadas rematan que Eurovisión “es un fenómeno mundial”. Hoy, más que nunca. Participa Australia, canta Madonna y cada vez tiene más seguidores en Estados Unidos, sobre todo del colectivo LGTBI.

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