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Estudiantes de intercambio: una segunda familia en el extranjero

Estudiantes de intercambio: mi segunda familia en el extranjero

Cada vez más alumnos se animan a aprender un idioma a través de una inmersión completa en otro país

7 min

Fin de las vacaciones​. Septiembre y el curso escolar están a punto de comenzar y muchos españoles han decidido cursar el año académico lejos de su hogar, pero en un entorno muy familiar: en familias extranjeras que acogen durante un año en sus casas a estudiantes dispuestos a vivir una experiencia integral en un país nuevo. El objetivo es aprender una lengua, pero también una cultura, con sus estilos de vida y todas las pequeñas idiosincrasias que conforman una colectividad.

Una de las organizaciones más veteranas dedicadas a poner en contacto a familias y estudiantes es AFS Intercultura. Este año han enviado a unos 250 estudiantes españoles en familias repartidas de punta a punta del globo.

Voluntariado

A diferencia de otras agencias, AFS se basa en el voluntariado​ y las familias no cobran por alojar a un estudiante en casa. “Nuestra filosofía es construir puentes y lazos de amistad que duren para toda la vida. Es una experiencia tanto para la familia como para el estudiante”, explica Montse Torrecilla, coordinadora de estudiantes de España de AFS Intercultura a instancias de Crónica Global.

Y es que el origen de esta organización sin ánimo de lucro se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando un grupo de jóvenes estadounidenses se desplazaron a Europa con servicios de ambulancias para ayudar a otros jóvenes heridos en la Gran Guerra. El objetivo era hacer que la gente se conociera a través de cursos académicos en otros país y contribuir así a poner fin a los conflictos armados. 

AFS

Estudiantes de AFS en el Parque Güell de Barcelona

Tuvo que pasar una segunda guerra mundial para que la organización llegara a España, en 1953. No se puede decir que los conflictos hayan terminado, pero sí que con su servicio han contribuido al acercamiento entre el continente europeo y americano, y según explica Torrecilla, cada vez hay más estudiantes de Asia o de la Europa del Este que se anima a vivir la experiencia.

Becas

Los estudiantes que quieren realizar esta inmersión en el extranjero tienen que pagar una tarifa que varía en función del país de destino. El montante incluye los billetes de avión y una serie de actividades y servicios que se desarrollan durante toda la estancia; además de la supervisión por parte de la organización de la estancia del estudiante.

Ir a Estados Unidos, por ejemplo, tiene un coste de 10.790 euros; Alemania (6.950 euros); Brasil (6.950 euros) o China (7.450 euros). Algunos países, como Italia, el precio se ajusta a las circunstancias familiares del estudiante, y cuentan con un servicio de becas para que toda clase de alumnos puedan aspirar a esta experiencia sin tener en cuenta la capacidad adquisitiva de sus familiares. “Los institutos pueden presentar a candidatos, pero también se pueden presentar estudiantes por libre: valoramos, más allá de si es un buen estudiante, su motivación”, apostilla la coordinadora de AFS.

Familias

A la hora de elegir una familia se procura que tenga cosas en común con el estudiante. Para ello, se crea un perfil del adolescente donde se describe a sí mismo y explica sus aficiones e intereses. “Si vemos que es muy deportivo no le enviamos con una familia que no se mueva del sofá”, ilustra Torrecilla.

Pese a que se basa en el voluntariado, Torrecilla afirma que nunca se han encontrado con la situación de que no hubieran suficientes familias para el cada vez más numeroso volumen de estudiantes que quieren venir a España. En el hipotético caso --que Torrecilla sitúa en el 10% del total-- que el estudiante no se adapte, se le busca otra familia y durante el periodo de espera se le envía en lo que llaman “una familia de transición”. Es decir, familias que ya han acogido a otros estudiantes y tienen la experiencia para lidiar con la situación.

Estudiantes

Marta y Till son dos de los millares de aventureros que durante su adolescencia decidieron convertirse en estudiantes de intercambio. “Me fui a vivir a Alemania cuando tenía 16 años y esa experiencia me cambió por completo porque me hice mayor”, explica Marta, que vivió durante 11 meses en la localidad de Helmsheim en casa de una familia germana.  

Cada organización tiene sus reglas, pero en AFS se puede ser estudiante de intercambio desde los 14 a los 19 o 20 años. Los estudiantes​ pasan esta experiencia en plena adolescencia, mientras están en el instituto y eso es lo que les hace, quizás, madurar a un ritmo mucho más rápido: “Como todo adolescente me pensaba que era el centro del mundo y allí, por decirlo de alguna forma, me di cuenta de que el mundo es demasiado grande para tener un sólo centro”. “La experiencia me proporcionó mucha amplitud de miras”, concluye la catalana. Y es que Marta se fue a Alemania “sin saber nada” de alemán y ahora este idioma ha pasado a ser como una segunda lengua para ella, ya que, ironías del destino, es la lengua que habla en casa con su prometido, natural de Alemania.

Hay muchos estudiantes extranjeros que hacen el camino inverso al de Marta, y su destino es España. Till es un joven austríaco que hizo el último curso de la ESO en Argentona (Barcelona) hace ahora 10 años. Pese al tiempo transcurrido sigue visitando esta pequeña localidad catalana siempre que puede. "Mis padres de acogida me acaban de visitar en Austria", explica para dar fe de la buena relación que aún alberga con los que fueron sus anfitriones. Till arguye que la "experiencia" le sirvió para "salir" de su "zona de confort”.  Y es que es un reto mucho más amplio que el de la barrera idiomática. 

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