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Vías de la estación de metro de plaza de España en Barcelona / WIKIPEDIA

"Las estaciones de metro de plaza de España y Sants deben ser accesibles"

Manuel Antonio Martí, presidente de la Asociación Discapacidad Visual Cataluña B1+B2+B3, pide eliminar barreras en el suburbano de Barcelona

29.05.2019 00:00 h.
7 min

"Barcelona es una de las ciudades más accesibles del mundo, pero todavía queda mucho por hacer", explica Manuel Antonio Martí, presidente de la Asociación Discapacidad Visual Cataluña B1+B2+B3, a Crónica Global. Una de las tareas pendientes más relevantes es garantizar que personas con dificultades de movilidad se puedan desplazar por la ciudad a través de sus redes de transporte. "Estaciones de metro como plaza Cataluña y la Sagrera se han adaptado, pero en Urquinaona, plaza de España, Plaza de Sants y Verdaguer no hay forma de que se haga y deben ser accesibles, porque son puntos muy importantes de transbordo a otras líneas ", cuenta. 

Martí denuncia que la distancia entre el andén y el convoy en la estación del suburbano de Sants es “un desastre” para los invidentes. “Te puedes dar un golpe tremendo. Yo el otro día me caí y casi me mato”, explica, y sostiene que una persona en silla de ruedas no acude "ni loca" a esa parada. "La de plaza de España también es una locura, llena de escaleras y sin ningún tipo de información”, lamenta.

Accesibilidad para todos

"¿Quién coge los ascensores en las estaciones? Cuando hay cola, verás pocas sillas de ruedas, hay gente mayor, personas con una rodilla mal, es una medida que beneficiará a todo el mundo", cuenta el presidente de la asociación, quien subraya que la "accesibilidad" no se limita a las personas con algún grado de discapacidad. Aunque constata, después de haber viajado mucho, que Barcelona "es una maravilla" en comparación con otras urbes --“en Caracas y en Buenos Aires no se puede ni ir por la calle por la cantidad de obstáculos que hay”, critica-- hay muchos aspectos que pueden mejorar. 

Una mujer en silla de ruedas visitando la playa en Cataluña / M.PEINADO - WIKIMEDIA COMMONS

Una mujer en silla de ruedas visitando la playa en Cataluña / M.PEINADO - WIKIMEDIA COMMONS

"Antes del 92 en España no había nada de nada, ni en autobuses, ni en el metro, y tampoco en organismos oficiales”, recuerda. "Con los Juegos Olímpicos de ese año, fue la primera vez que la villa --olímpica-- se hizo accesible y que se celebraron a la vez que los paralímpicos. A partir de ahí, nos pusimos las pilas, y poco a poco, hemos ido avanzando”. El Parlamento de Cataluña aprobó en diciembre de 1991 la ley de promoción de la accesibilidad y de supresión de barreras arquitectónicas, aunque no se comenzó a aplicar hasta cuatro años después.

Barreras arquitectónicas

Aunque se ha avanzado mucho, Martí explica que las personas en silla de ruedas todavía no pueden entrar en muchos comercios. "Lo mismo sucede con los lavabos. Cuando preguntas dónde están, te dicen subiendo o bajando las escaleras y no hay ascensor. Estoy harto de encontrarme con esa situación", sostiene. 

"También es una cuestión política. Cada cuatro años cambian a los representantes y hay que comenzar de cero. Todos tienen buena disposición, pero existe una gran falta de conocimiento y formación de la materia”. En la actualidad, la asociación imparte formación a los hoteleros de Les Corts. “Uno va a un bar y no se puede tomar ni un café con leche. No saben explicarte dónde está el azúcar, o la cucharilla”, lamenta Martí, que es invidente. 

¿Sociedad concienciada?

¿Existe mayor conciencia social hacia las personas que tienen alguna discapacidad? "Hay gente que aún se cambia de acerca cuando ven a una persona con autismo, o quien piensa que somos contagiosos. Todavía hay que escuchar pobrecito, qué lástima. ¿Cómo que qué lastima? Soy una persona que no ve, pero trabajo, estudio, y me lo paso bien. No es nada extraordinario ir con un bastón, lo uso para desplazarme", argumenta. 

Imagen de una mujer invidente / CG

Imagen de una mujer invidente / CG

“Es necesario un cambio global a nivel social, algo que reivindicamos desde hace tiempo. Lo más importante es la formación. Por ejemplo, que en la escuela catalana sea obligatorio que todos aprendan braille o lenguaje de signos. Aunque sean 50 ó 60 palabras para que pueden iniciar una conversación", sostiene. Una tarea a la que sugiere "dedicar una hora o tres cuartos, una vez por semana", como forma de trabajar por la integración y eliminar estigmas o desconocimiento hacia este colectivo. 

Incivismo y educación

No solo se trata de acabar con las barreras arquitectónicas, también deben hacer frente a los impedimentos que les ponen el resto de personas. “Motos mal aparcadas en las aceras o pegadas a la pared y maceteros, por ejemplo. Una serie de obstáculos que nos pone la gente, de manera inconsciente, pero que nos dificultan el paso”, cuenta Martí. 

Por eso subraya la importancia de la educación, desde las etapas más tempranas, para que la gente sepa cómo tiene que actuar. “Con la discapacidad falta formación específica para que se entienda cómo es nuestra realidad y cómo se tiene que comportar uno ante una persona con discapacidad intelectual, o que a un ciego hay que ofrecerle el codo y que nunca se le debe agarrar”, explica. “Eso tendría que estudiarse, y para ello estamos luchando, a ver si lo conseguimos”, manifiesta.